-¿Le parece que los procesos de democratización son definitivos en América latina?
-Es poco probable que vuelvan gobiernos abiertamente autoritarios, pero hay un tema muy importante, que es la calidad de la democracia, o lo que algunos llaman tendencias de regresión hacia formas autoritarias. Está el caso de Venezuela. La forma es democrática: hay elecciones, e incluso existe la revocatoria de mandato. Pero no hay una rendición de cuentas adecuada ni una división de poderes equilibrada, y tampoco una protección de los derechos individuales. Lo que vemos en la región no es una dicotomía autoritarismo-democracia, sino una gama de posibilidades parcialmente democráticas, pero de calidad desigual.
-Por debajo de estas variaciones, la desigualdad sigue atravesando toda la región.
-Sí. Hay sociedades con coeficientes de desigualdad muy grandes. De todos modos, algunos países tienen más éxito que otros. En los últimos veinte años, Brasil ha tenido avances más o menos sostenidos.
-¿Por qué cree que Brasil está un paso adelante?
-Algunas dictaduras fueron más destructivas. En Brasil, la dictadura no destruyó los partidos políticos ni los mecanismos de representación y conciliación de intereses internos. Logró un cierto éxito en términos de modernización. Desde entonces, a través de los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y de Lula, se ha logrado un proceso de fortalecimiento de las instituciones, de maduración de la clase política y de consolidación del apoyo popular.
-¿Qué ventajas institucionales ha logrado Brasil respecto de la Argentina?
-No quisiera entrometerme en los problemas argentinos. Pero es difícil no ver que ha habido un gran esfuerzo de Raúl Alfonsín, y después una crisis; un gran esfuerzo durante el menemismo, y otra crisis. Ahora, hay otro gran esfuerzo, que tiene su mérito, con logros sorprendentes. El problema es lograr un state-crafting , una modernización del Estado o una adaptación para tener una red de instituciones más densa y más confiable. Es una tarea de la que todavía no hay indicios. Hay polarización, hay desconfianza y permanecen las posibilidades de otra crisis. El gran éxito de Brasil fue solucionar el problema de la inflación de una vez, sin controles distorsivos. Después de la estabilización, la gente comenzó a sentir que podía pensar más a largo plazo, que podía haber políticas de salud y educación con posibilidad de crecimiento. Y eso no se puede decretar. No puede ser un regalo de ningún dirigente. Me parece que el Estado argentino -no tanto por la corrupción; no sé, puede ser peor aquí o en otros países, pero ésa no es la variable decisiva- corre el riesgo de crear subsidios que a la larga no son sostenibles y que tienen un alto costo para la sociedad.
-¿Por qué la corrupción no le parece una variable decisiva?
-Puedes ir a cualquier país de América latina y te van a decir que la corrupción ahí es peor que en cualquier otro país. La corrupción está presente, es perjudicial, pero es difícil de medir. No me parece correcto decir: Brasil tiene éxito porque ha controlado la corrupción y la Argentina, no, porque no la ha controlado.
-El gobierno argentino perdió el control del Congreso. ¿Qué ventajas y qué riesgos puede traer esta situación?
-Es evidente que, en principio, puede haber grandes ventajas: un gobierno dividido, donde varios partidos tienen que conciliar y negociar, puede limitar los abusos de un lado y del otro y generar consensos que son beneficiosos para todos. Pero la lucha política para la hegemonía puede producir resultados no deseables.
-¿Es una falla de la ingeniería institucional o de la cultura política?
-En algunos países puede tener que ver con una ingeniería deficiente. No sé si podemos hablar de cultura política, pero sí de memoria, de hiperinflación, de grandes avances populares bajo un liderazgo fuerte como el de Perón, y después grandes contraataques contra eso. En ese entonces, la polarización produjo situaciones políticas muy destructivas para el país. Ahora, probablemente todos sean conscientes de que no hay que repetir lo de 2001/2002.
-Usted señala que en América latina prevalecen las relaciones no de cooperación, sino de see-saw , de tira y afloja, entre los poderes del Estado. ¿Qué ventajas y qué riesgos tiene eso?
-Hay see-saws rítmicos y equilibrados, sin resultados destructivos, y hay choques que pueden hacer inviable una existencia normal. El see-saw de la primera forma no es malo, pero este tira y afloja tiene que contenerse dentro de un marco más amplio, que no es la imposición unilateral de un poder sobre otro.
Los intelectuales / Laurence Whitehead“La Argentina está ante la posibilidad de una nueva crisis”
Para el politólogo inglés, la inflación puede convertirse en un obstáculo para la democracia
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