Archivos de abril, 2010

Para un gobierno autoritario, no hay libertad de prensa: hay medios opositores, que lideran una embestida de la oposición contra el Gobierno.

En esa visión, el gobernante tiene derecho de defenderse contra los ataques agresores y considera a los periodistas como sus enemigos. Por eso, cuando la Comisión Interamericana intentó visitar Venezuela, el presidente Hugo Chávez no le permitió ingresar. Ahora, la diputada Silvana Giúdici, presidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, pidió a la titular de la Relatoría de Libertad de Expresión de la OEA, Catalina Botero, que frente al “clima persecutorio” y de creciente hostigamiento en contra de la prensa, visite el país para constatar la situación. ¿Verá el Gobierno con buenos ojos ese examen?

Para el gobernante autócrata, no hay mayorías y minorías que deban ser igualmente respetadas: sólo hay un gobierno, frente a disidentes que deben ser acallados, un eufemismo de su supresión.

Enseñaba el politólogo Norberto Bobbio que la verdadera prueba de fuego de una democracia es qué hace con el disidente, si lo tolera o lo reprime. Probablemente, en el oficialismo no hayan leído demasiado a Bobbio, porque han demostrado poco interés por la lectura: tal vez por eso, la Feria del Libro se convirtió en la arena de un coliseo donde el debate intelectual es reemplazado por un griterío para censurar a quien piensa distinto.

Para el gobierno de una persona tampoco no hay contradicciones posibles. Por eso, el titular del ex Comfer Gustavo Mariotto puede defender afiches anónimos y su jefe, Néstor Kirchner, puede sostener que no se escuda en el anonimato, poniendo nombre y apellido a sus supuestos enemigos. El Gobierno es todo; la contradicción, inexistente.

Para el gobierno unipersonal, no puede haber justicia independiente. Por eso, prefiere juzgar a sus ciudadanos, especialmente a los periodistas, en tribunales populares en la plaza pública, en una parodia de juicio por jurados donde no hay jueces independientes y donde no está garantizado que el supuesto reproche ético contenga dosis de justicia.

Sólo semejante cariz autocrático del poder puede explicar los ataques que está sufriendo la libertad de expresión en estos días.

Temas de JusticiaAutoritarismo y libertad de expresión

Por Adrián Ventura

> Ir a la notalanacion.com | Política | Jueves 29 de abril de 2010

Una rara especie de Inquisición


Arrecian titulares y notas sobre los blogs K y todo lo que rodea comunicacionalmente al kirchnerismo. Hoy por ejemplo se pueden leer notas en La Nación donde desde Rosendo Fraga hasta Beatriz Sarlo la emprenden contra nosotros. Es una rara especie de Inquisición la que estamos viviendo. Todo aquél que saque los pies del plato de los intereses que defienden Clarín y La Nación más el Grupo A será inexorablemente ajusticiado por hereje.
Si bien el kirchnerismo no es un proyecto que se plantee eliminar el capitalismo ni mucho menos; si bien puede ser caracterizado como un reformismo populista, pareciera que ello ya de por sí es un pecado fabuloso, merecedor por lo tanto de una condena ejemplificadora.
No es raro que desde Beatriz Sarlo a Rosendo Fraga se encolumnen para atacarnos, como tampoco que coincidan personalidades políticas que en apariencia tienen distintos proyectos, como pueden ser los casos de Silvana Giudici y Fernando Solanas. Hay algo que los une y es la necesidad imperiosa de borrar del mapa y como sea a un espacio político, cultural y comunicacional que está demostrando una creciente efectividad.
Hay una serie de valores, un fomato de país, un formato de debate político, un código que el kirchnerismo vino a patear y romper en mil pedazos. Esto es lo que enerva a unos y otros.Jode a la derecha porque les quita negocios y jode a ciertos progresismos entre otras cosas porque los desnuda y los amontona con la peor escoria reaccionaria.
Sarlo y Solanas añoran los tiempos en que tenían un espacio confortable a la izquierda de las dos grandes corrientes del pensamiento político. Les molesta este kirchnerismo que les disputa cada espacio, les molesta que haya militancia y producción intelectual. Les incomoda sobremanera tener que esforzarse y mucho para seguir pontificando desde supuestos atriles progres, pero lo que más los malquista con nosotros es que no lo consiguen. No consigue Sarlo pararse desde un lugar interesante y pese a sus jinetas y a su pasado maoísta lo único que le queda a mano es el diario La Nación… Es feo, definitivamente, acabar despotricando contra una movida indudablemente creativa desde el mainstream del conservadorismo oligárquico.
No lo logra Solanas, que termina anudando acuerdos insostenibles con la peor derecha política en un minué de tacticismos que sólo terminan favoreciendo los intereses más reaccionarios y retrógrados de espectro político.
Sarlo en La Nación y Solanas acordando con Pinedo son la demostración de una Argentina vieja y deshilachada que se resiste a morir. Son la expresión del miedo de ciertas pequeñas burguesías que prefieren lo conocido al riesgo de internarse en los oscuros senderos de la búsqueda y la invención.
Nadie dice que esto sea un lecho de rosas, nadie dice que todo lo que hace el kirchnerismo nos guste (lo de ayer en diputados no me gustó, por caso, aunque lo comprenda) Pero de la misma manera, nadie puede seriamente negar que al kirchnerismo se lo va a recordar por medidas de gobierno de un claro contenido transformador. Se lo va a recordar por la ley de medios, por la Asignación Universal, por la Corte Suprema, etc. No por Ricardo Jaime.
Por eso hacen fila para denigrar a 678, a Carta Abierta y a los blogs, porque sienten que somos una manga de leprosos, de infectados que sólo existimos para joderles la vida. Entonces termina siendo lo de siempre, terminan algunos progres siendo instrumentos de las corrientes restauradoras, termina Eduardo Buzzi siendo el jetón que acaba fungiendo como uno de los principales generales que termina recuperando el botín para los Biolcatti y los garcas de siempre que, entre otras cosas, edificaron su poder sobre la base de la explotación de los ancestros de la Federación Agraria Argentina. Termina Beatríz Sarlo tergiversando la mirada sobre los blogs, mintiendo descaradamente con que nos valemos del anonimato para desprestigiar a los opositores lo mismo que Solanas, quien mientras acuerda con lo peor en el parlamento nos coloca en un lugar casi delincuencial a nosotros, a nosotros con quienes dos años atrás debatía (Fíjense <a href="
2008/07/solanas-cul-es.html”>acá y <a href="
2008/07/solanas-y-argumedo-me-respondieron.html”>acá cómo en el invierno del 2008 Solanas y Argumedo me respondieron un post. Y fijense cómo nos tratan ahora…)
Por eso la idea de la Inquisición, por eso este odio que viene por derecha y por izquierda. Por eso esas ansias de borrarnos del mapa.
Para que todo vuelva a la normalidad…

——————————————————-

El tipo de cambio real quedó retrasado.

Si el mundo no vuelve a complicar el canje y todo marcha como espera el Gobierno, la próxima semana se reabriría el canje de la deuda en default.

Si bien es lógico pagar la deuda, el cambio de opinión del Gobierno respecto a este tema -recordemos que fue este mismo Gobierno el que impulsó la ley cerrojo para que el que no entraba en el canje en 2005 nunca más lo pudiera hacer- parte del supuesto que arreglando con los tenedores de bonos en default y luego con el Club de París, el riesgo país bajará, la tasa de interés disminuirá y las empresas podrán acceder a créditos más abundantes y a tasa muy reducidas. Bajo esta óptica, se supone que la inversión tomaría un renovado impulso, aumentaría la oferta de bienes y servicios gracias a la mayor inversión, la “tensión” de precios desaparecería, los salarios reales se recuperarían y entraríamos en una senda de crecimiento sostenido. Hasta aquí el razonamiento del Gobierno.

Sin embargo, la duda que queda es si alguien estará dispuesto a hundir inversiones en la Argentina con reglas de juego totalmente inciertas y con un proceso inflacionario que el Gobierno desconoce y se limita a denominarlo tensión de precios.

A esta altura del partido todos saben que, ante la ausencia de reformas estructurales que le den competitividad a la economía, el tipo de cambio real quedó retrasado. El aumento de precios internos frente a un dólar anclado se comió casi toda la devaluación del 2002, por lo tanto, quien tiene que tomar una decisión de inversión sabe que si toma prestados dólares, solo puede invertirlos en sectores que tengan ingresos dolarizados, básicamente ligados a la exportación. Y luego, tiene que tener la certeza que los bienes y servicios que produce no sean sometidos a la famosa separación de precios internos versus precios internacionales. Puesto en otros términos, que el Gobierno no le diga que por razones de consumo interno no puede exportar los bienes que produjo con la nueva inversión. Como el Gobierno tiene una clara tendencia a cambiar todos los días las reglas de juego, al punto que lo único previsible es la imprevisibilidad de lo que harán, aquí tenemos un punto de gran incertidumbre al momento de decidir una inversión.

Queda también para los supuestos futuros inversores que espera convocar el Gobierno para luego del canje, saber qué ocurrirá dentro de un tiempo con la maraña de subsidios que hoy distorsiona los precios relativos y acumula presión sobre el gasto público. ¿Podrán los rojos números fiscales sostener subsidios a la energía, el transporte, entre otros, indefinidamente?

Si alguien decidiera tomar un crédito en pesos en vez de en dólares, ¿cuál sería la tasa de interés nominal que habría que pagar con una inflación que hoy apunta hacia el 30% anual y más?

El debate de fondo es definir la tasa de interés. Si uno se limita a considerar que el riesgo institucional no forma parte de la tasa de interés, el razonamiento lineal del Gobierno podría entenderse mejor. El problema es que hace rato que economistas como Ludwig von Mises, Hayek y muchos otros explicaron que la tasa de interés no es el precio del dinero como comúnmente se cree, sino que tiene varios componentes, entre ellos, la seguridad jurídica que impera en un país. La estabilidad en las reglas de juego que permiten previsibilidad y planeamiento de largo plazo y el respeto por los derechos de propiedad y el cumplimiento de los contratos son un componente básico de la tasa de interés.

Ya se ha demostrado que los países crecen cuando tienen inversiones y que las inversiones fluyen hacia aquellos países que cumplen tres requisitos básicos. En primer lugar el imperio de la calidad institucional o, como dicen los ingleses, “the rule of law”. En segundo lugar debe haber disciplina fiscal y en tercer lugar hace falta disciplina monetaria.

En materia de calidad institucional el matrimonio ha hecho cuanto ha podido por pulverizarla.

Por el lado de la disciplina fiscal, basta con ver los números fiscales (no los que son un secreto) para darse cuenta que el gasto sigue creciendo casi 10 puntos porcentuales más que los ingresos y el que el déficit tiende a desmadrarse. Y en materia de disciplina monetaria sólo hay que ver la tasa de emisión del Banco Central y la nueva filosofía que impera sobre el rol que debe cumplir dicha institución, para advertir que no es otra cosa que una vuelta al viejo BCRA que tuvo la capacidad de destruir cuatro signos monetarios y brindarnos inflaciones de dos dígitos anuales altísimos, para luego ir a los tres dígitos y terminar en la hiperinflación.

Si el Gobierno logra hacer un canje relativamente exitoso, habrá que ver si el país consigue tener una avalancha de inversiones en el medio de ausencia de respeto a los derechos de propiedad, creciente desborde fiscal, desorden monetario y, encima, una distorsión de precios relativos que, más tarde o más temprano, se acomodará por las buenas o por las malas.
OpiniónCanje de deuda: llegó la hora de la verdad

Por Roberto Cachanosky

> Ir a la notalanacion.com | Economía | Mi?oles 28 de abril de 2010

En los últimos veinte años, Brasil ha tenido avances más o menos sostenidos.

-¿Le parece que los procesos de democratización son definitivos en América latina?

-Es poco probable que vuelvan gobiernos abiertamente autoritarios, pero hay un tema muy importante, que es la calidad de la democracia, o lo que algunos llaman tendencias de regresión hacia formas autoritarias. Está el caso de Venezuela. La forma es democrática: hay elecciones, e incluso existe la revocatoria de mandato. Pero no hay una rendición de cuentas adecuada ni una división de poderes equilibrada, y tampoco una protección de los derechos individuales. Lo que vemos en la región no es una dicotomía autoritarismo-democracia, sino una gama de posibilidades parcialmente democráticas, pero de calidad desigual.

-Por debajo de estas variaciones, la desigualdad sigue atravesando toda la región.

-Sí. Hay sociedades con coeficientes de desigualdad muy grandes. De todos modos, algunos países tienen más éxito que otros. En los últimos veinte años, Brasil ha tenido avances más o menos sostenidos.

-¿Por qué cree que Brasil está un paso adelante?

-Algunas dictaduras fueron más destructivas. En Brasil, la dictadura no destruyó los partidos políticos ni los mecanismos de representación y conciliación de intereses internos. Logró un cierto éxito en términos de modernización. Desde entonces, a través de los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y de Lula, se ha logrado un proceso de fortalecimiento de las instituciones, de maduración de la clase política y de consolidación del apoyo popular.

-¿Qué ventajas institucionales ha logrado Brasil respecto de la Argentina?

-No quisiera entrometerme en los problemas argentinos. Pero es difícil no ver que ha habido un gran esfuerzo de Raúl Alfonsín, y después una crisis; un gran esfuerzo durante el menemismo, y otra crisis. Ahora, hay otro gran esfuerzo, que tiene su mérito, con logros sorprendentes. El problema es lograr un state-crafting , una modernización del Estado o una adaptación para tener una red de instituciones más densa y más confiable. Es una tarea de la que todavía no hay indicios. Hay polarización, hay desconfianza y permanecen las posibilidades de otra crisis. El gran éxito de Brasil fue solucionar el problema de la inflación de una vez, sin controles distorsivos. Después de la estabilización, la gente comenzó a sentir que podía pensar más a largo plazo, que podía haber políticas de salud y educación con posibilidad de crecimiento. Y eso no se puede decretar. No puede ser un regalo de ningún dirigente. Me parece que el Estado argentino -no tanto por la corrupción; no sé, puede ser peor aquí o en otros países, pero ésa no es la variable decisiva- corre el riesgo de crear subsidios que a la larga no son sostenibles y que tienen un alto costo para la sociedad.

-¿Por qué la corrupción no le parece una variable decisiva?

-Puedes ir a cualquier país de América latina y te van a decir que la corrupción ahí es peor que en cualquier otro país. La corrupción está presente, es perjudicial, pero es difícil de medir. No me parece correcto decir: Brasil tiene éxito porque ha controlado la corrupción y la Argentina, no, porque no la ha controlado.

-El gobierno argentino perdió el control del Congreso. ¿Qué ventajas y qué riesgos puede traer esta situación?

-Es evidente que, en principio, puede haber grandes ventajas: un gobierno dividido, donde varios partidos tienen que conciliar y negociar, puede limitar los abusos de un lado y del otro y generar consensos que son beneficiosos para todos. Pero la lucha política para la hegemonía puede producir resultados no deseables.

-¿Es una falla de la ingeniería institucional o de la cultura política?

-En algunos países puede tener que ver con una ingeniería deficiente. No sé si podemos hablar de cultura política, pero sí de memoria, de hiperinflación, de grandes avances populares bajo un liderazgo fuerte como el de Perón, y después grandes contraataques contra eso. En ese entonces, la polarización produjo situaciones políticas muy destructivas para el país. Ahora, probablemente todos sean conscientes de que no hay que repetir lo de 2001/2002.

-Usted señala que en América latina prevalecen las relaciones no de cooperación, sino de see-saw , de tira y afloja, entre los poderes del Estado. ¿Qué ventajas y qué riesgos tiene eso?

-Hay see-saws rítmicos y equilibrados, sin resultados destructivos, y hay choques que pueden hacer inviable una existencia normal. El see-saw de la primera forma no es malo, pero este tira y afloja tiene que contenerse dentro de un marco más amplio, que no es la imposición unilateral de un poder sobre otro.
Los intelectuales / Laurence Whitehead“La Argentina está ante la posibilidad de una nueva crisis”

Para el politólogo inglés, la inflación puede convertirse en un obstáculo para la democracia

> Ir a la notalanacion.com | Cultura | Mi?oles 28 de abril de 2010

La sistemática manipulación de estadísticas e indicadores tarde o temprano termina mal.

Grecia de 2010 y la Argentina de 2001 se parecen por las características de sus problemas y se diferencian por la magnitud de sus desajustes. Desde hace algo más de dos meses, el paralelo fue inevitable en decenas de artículos y papers internacionales.

En 2001, la Argentina terminó en default, después de agotar sus reservas y sin nadie que se atreviera a financiarla en medio de una caótica crisis político-económica. En 2010, Grecia tuvo acceso a financiamiento, pero a tasas cada semana más prohibitivas, por lo cual no ha logrado despejar los temores sobre una reestructuración de su abultada deuda o incluso un eventual default, que arrastre a otros países comprometidos de la zona euro.

Otro elemento diferencial es que aunque la Unión Europea y el FMI anunciaron a regañadientes un paquete de rescate por 45.000 millones de euros para 2010, todavía mantienen discrepancias sobre cómo y cuándo instrumentarlo. El nuevo cimbronazo que ocurrió ayer corroboró que, en situaciones de crisis, los tiempos no corren igual para los gobiernos que para los mercados financieros.

En la Argentina de 2001, la crisis tenía un final anunciado debido al previsible colapso de la convertibilidad, precipitado por el salvavidas de plomo que significó el “corralito”.

En los meses previos, una fuerte fuga de capitales dejó sin reservas al país, que atravesaba su cuarto año de recesión y deflación. Los intentos de buscar un “déficit cero”, mediante la impopular rebaja de jubilaciones y sueldos estatales, debilitaron políticamente al gobierno de De la Rúa y complicaron aún más las cosas. El déficit fiscal, equivalente a 3% del PBI, sólo podía cubrirse con crédito externo que estaba cerrado para el país, al igual que las necesidades financieras, que más que duplicaban ese porcentaje tras el fracaso del “megacanje”. Por entonces, la deuda pública equivalía al 53% del PBI. La megadevaluación de comienzos de 2002 se veía como una opción inevitable para la desordenada salida del 1 a 1, que se había sostenido con un creciente endeudamiento hasta que la canilla se cerró abruptamente un año antes.

En Grecia de 2010, el nuevo gobierno heredó un cuadro que, en otro contexto, tornaría envidiables los números de la Argentina de 2001. El déficit fiscal equivale a casi 13% del PBI (12,7%), con necesidades financieras aún más altas que la deuda a corto y mediano plazo. La gigantesca deuda pública (de 273.000 millones de euros) representa nada menos que 113% de su PBI, que el año pasado retrocedió (-1.2%) por la recesión global.

Hay otras diferencias que juegan en contra de Grecia. Una de ellas fue que los mercados -y también la UE- fueron tomados por sorpresa. Al estallar la crisis descubrieron que, insólitamente, las autoridades griegas habían falseado en años previos sus indicadores para mostrar niveles de déficit y de deuda más bajos.

Paralelamente, el gobierno de Atenas recurrió a una salida ortodoxa al anunciar un plan de ajuste que en 4 años debería reducir su déficit fiscal en ¡10 puntos del PBI! Nadie cree ya en el éxito de estos programas en un contexto recesivo. Pero tampoco está la salida de una devaluación: Grecia está atada al euro, cuya paridad frente al dólar tambalea desde hace semanas. Para salir del pozo necesita un prestamista de última instancia, europeo o multilateral.
El escenarioParecida a la Argentina… y diferente

Néstor O. Scibona

> Ir a la notalanacion.com | Exterior | Mi?oles 28 de abril de 2010