Las pruebas de los "durísimos" ataques y "acusaciones" del ministro Randazzo a Clarín y La Nación
Orquesta Popular de Cámara Chango Farías Gómez
Al fin y al cabo, el Chango no hizo más que explorar los parentescos entre las diversas músicas populares de América Latina poniendo fuerte acento en Africa y España, verdaderas cimientes de nuestros sonidos, y lo hizo desde un abordaje jazzístico, entendiendo al jazz como un lenguaje y una postura de libertad e improvisación ante la música. Todo esto es lo que depara el ir a ver la última criatura de este verdadero tótem de nuestra música popular. 12 músicos en llamas, con un nivel de coordinación que asombra, pero con espacio para la improvisación, en un clima donde en un momento hasta un acople da la nota justa y suena tan afinado que la platea lo toma como un sonido generado por ellos, hasta que el Mono Izarrualde se tapa los oídos con gestos de dolor y ahí caemos en la cuenta de que estamos ante la presencia de un ruido.
Se destacan todos, pero si hay que nombrar algunos, llaman definitivamente la atención Néstor Gómez en guitarra (siempre estaba al lado del Chango) y Omar Gómez en el bajo, un tipo que tiene todo lo que hay que tener para ese instrumento, cara de malo, barba, cuerpo grandote, gorra y fundamentalmente tocarse la vida. Este tipo de agrupaciones requiere inexorablemente de bajistas curtidos, de espaldas anchas, capaces de ir a cabecear al área rival y de salir con la pelota dominada pero al mismo tiempo aguantar los trapos cuando te ataca La Vieja en ritmo de chacarera desenfrenada pero se te cuela el carnavalito por la izquierda y hasta el mambo te hace jueguito por la derecha. Lo mismo que cuando Garúa pasa del bolero a una suerte de descarga cubana: hay que saber soportar todas esas complicaciones y Omar Gómez se la banca como si nada.
Gerónimo Izarrualde, sólido en la batería, lleva ahora la pesadísima carga de reemplazar en la voz al Chango y lo hace con soltura. Anoche les costó, se notaba en el Mono, que no podía disimular el dolor que le salía desde las entrañas. No obstante el Chango estuvo y estará presente toda vez que suene esta orquesta porque cada arreglo, cada detalle por nimio que sea lleva su marca. Fundamentalmente en “Tacita palito bombón Helado” tema con el que cierran y nos retrotrae en ritmo de murga a esas tardes calurosas donde se escuchaba a los heladeros en esa pesadas bicicletas recorriendo las barriadas porteñas. La murga fue su objeto de estudio durante los últimos años y este tema es una demostración de cómo sobre la base de un ritmo sencillo se puede elaborar una música tan delicada.
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Se acabó la energía barata
Por Jorge Lapeña | Para LA NACION
La Argentina ha perdido recientemente la condición de país autoabastecido de energía. Esto significa que la canasta de productos energéticos que producimos localmente -petróleo, gas natural, energía nuclear, biomasa, energía hidráulica, carbón- es de menor valor que la energía que consumimos, y por eso debemos erogar dólares para importar una cantidad de energía para satisfacer nuestro consumo interno.
El Gobierno, que ha sido negador sistemático de la existencia de problemas en este sector, ha tomado recientemente medidas desordenadas que indican una seria preocupación sobre este tema: 1) la intención de firmar a las apuradas un contrato con Qatar para importar 5 millones de toneladas por año de gas natural licuado (GNL) por 20 años; 2) el anuncio del gasoducto GNEA para importar de Bolivia una cantidad de 27 millones de metros cúbicos por día de gas natural; 3) en junio, YPF, con la estatal Enarsa, puso en funcionamiento un puerto en Escobar con capacidad para importar 18 millones de metros cúbicos por día de gas regasificado; 4) YPF acaba de anunciar que planea construir un nuevo puerto de GNL en Cuatreros, sobre la ría de Bahía Blanca; 5) hace dos años, entró en operación la planta flotante de Bahía Blanca con capacidad de inyectar a la red unos 10 millones de metros cúbicos diarios.
El listado anterior merece unos rápidos comentarios. La obra y los montos contractuales son voluminosos. Sólo el contrato con Qatar compromete en los 20 años de contrato un monto que superará los 50.000 millones de dólares; las cantidades de gas natural por importar -sumadas las de todos los orígenes- superan los 70 millones de metros cúbicos por día; una cifra enorme, si se tiene en cuenta que representa algo así como el 60% de la capacidad de producción actual de gas del país. De esto se desprenden dos conclusiones: o el Gobierno no ha hecho los cálculos o, por el contrario, el horizonte de dependencia previsto es mucho mayor que el jamás imaginado.
Si este volumen de obra y de contratos no formara parte de una planificación cuidadosa, con proyectos bien evaluados y bien financiados, habrá, con certeza, fuertes sobrecostos (mayores costos logísticos; superposición entre proyectos, y costos encubiertos, producto de gestiones no transparentes entre el Estado y los particulares).
La dependencia energética tendrá alto impacto económico y será de larga duración; además, encierra riesgos estratégicos para el país. Su manejo requiere idoneidad por parte de los funcionarios estatales, comprensión por parte de los partidos políticos con representación parlamentaria y una ciudadanía informada y solidaria. Requiere también -muy importante- un gobierno transparente que entienda el fenómeno y que evite la tentación demagógica del disimulo.
Nuestro país alcanzó la condición de autosuficiencia luego de un largo camino en el que desempeñaron papeles centrales el Estado argentino, las empresas estatales, las empresas privadas, los trabajadores, los partidos políticos y los consumidores. Ese esfuerzo empieza en la Argentina de principios del siglo XX, en la administración del presidente Figueroa Alcorta, cuando empleados del Ministerio de Agricultura descubren, en 1907, petróleo en Comodoro Rivadavia, y se continúa luego en todos los gobiernos nacionales.
Es una gesta que se inicia con el descubrimiento del petróleo y su explotación por parte del Estado, la creación de YPF y sus antecesoras, pero se continúa con la construcción de las centrales hidroeléctricas, con las centrales nucleares y, fundamentalmente, con el descubrimiento de los grandes yacimientos gasíferos en la década del 70 y del 80. También, con la construcción de la red de gasoductos nacionales. Hubo -digámoslo claro- una política de Estado, no escrita, pero irrenunciable, de búsqueda del autoabastecimiento. El autoabastecimiento -tiempo y esfuerzo de todos mediante- llegaría en 1989. Esa situación se mantendría durante 20 años, hasta perderla en 2010; y allí comienza el nuevo ciclo.
Este nuevo ciclo de la economía energética argentina debe ser adecuadamente comprendido. Nadie debería verse sorprendido por sus efectos, si estos son adecuadamente planteados y debatidos por los interesados directos. El Estado debe desempeñar un papel clave en esta etapa.
En primer lugar, se trata de un fenómeno estructural con el que vamos a convivir muchos años; arriesgo un número: diez años. Puede ser más; en este caso, la dependencia podría llegar a ser crónica. Pero esta condición podría abandonarse antes, si somos capaces de plantear una estrategia exitosa para revertir la caída productiva. Personalmente, me inclino por esto. Pero los consumidores (empresas y público en general) y quienes formulan políticas públicas deben tener en claro que el fenómeno de la dependencia no es coyuntural; y en estos años todos deberíamos trabajar duro.
Luego, es importante que se entienda de qué modo se ha perdido el autoabastecimiento. No es lo mismo ser un país importador marginal, que importa en forma estable un 5% de su canasta energética, que un país -como la Argentina de hoy- que entra desordenadamente y en forma no planificada en la importación, a raíz de un derrumbe sin precedente de la producción local de sus hidrocarburos, combinado con una demanda creciente y una matriz excesivamente dependiente del petróleo, y que tiene que salir a importar faltantes que crecen a tasas exorbitantes y por montos que se harán insostenibles.
La Argentina, en 2006, tenía un saldo de balanza comercial energética positiva de 5600 millones de dólares; las exportaciones caen, pero las importaciones se incrementan a tasas mucho mayores. En 2010, el saldo fue neutro; pero en 2011, según un reciente informe del Indec, de mantenerse las tendencias del primer semestre se prevé un saldo negativo de la balanza comercial energética de entre 2500 y 4000 millones (depende de si consideramos las exportaciones de biodiésel del polo aceitero pertenecientes a sector energético o manufacturas de origen agropecuario). Una mirada a mediano plazo nos dice que este valor se multiplicará rápidamente. No es aventurado pensar que el próximo gobierno convivirá con saldos negativos muchísimo mayores.
En tercer lugar, es necesario entender que un país dependiente es un país vulnerable, que puede sufrir interrupciones accidentales o provocadas por un tercer país: es importante el desarrollo de un pensamiento estratégico, la estimación de los riesgos y su diversificación. En este aspecto, la Argentina atrasa por lo menos 25 años en la forma de capacitar y organizar sus recursos humanos.
Por otro lado, nos enfrentaremos a dos problemas concurrentes. El primero es la generación de divisas para adquirir la energía faltante. Si el problema se lo proyecta en el mediano plazo, me animo a decir que nuestro país deberá preguntarse de dónde obtener los dólares de exportación para pagar las importaciones. Queda el tema planteado, pero me parece que necesitaremos exportar más commodities alimentarias para importar las commodities energéticas. Acaso pensar en pedirle al campo 20 millones de toneladas adicionales de soja para este fin no sería descabellado.
Por último, debe entrar en consideración el tema de los precios internos de los productos energéticos. Los dos gobiernos de los Kirchner han tenido una pésima política de precios internos; han conservado el orden legal de los años 90, pero no han cumplido sus disposiciones, lo que ha causado un gran desorden administrativo y un volumen injustificado de subsidios insostenibles que han creado una gran confusión ciudadana. Habrá que poner orden en esa confusión. También se ha paralizado la inversión -particularmente, la de riesgo- para ampliar la oferta.
Vamos con un ejemplo: el gas importado como GNL vale en Escobar 13 dólares/MBTU; el gas de Bolivia puesto en Buenos Aires costará no menos de 11 dólares/MBTU; debemos preguntarnos por qué vender ese gas a precios ridículamente bajos para andar en taxi por Buenos Aires o para alimentar el consumo residencial, la industria o la generación de energía, en vez de cobrar lo razonable.
Entre todos, tenemos que asumir que, mal que nos pese, se acabó la energía barata en la Argentina.
La deslegitimación como instrumento político
Este ataque guarda estrecha relación con el linchamiento mediático de que fue objeto hasta el sábado 13 de agosto el juez Raúl Eugenio Zaffaroni: En un caso se trata de corroer las bases de sustentación de la Corte Suprema de Justicia, en tanto uno de sus miembros estaría sospechado de actos reñidos con “la moral y las buenas costumbres” y en el otro, de que la legitimidad electoral -verdadera kriptonita de todo gobernante- pueda ser cuestionada. Este es el sentido estratégico del accionar de los dos principales medios gráficos del país y sus satélites audiovisuales.
Desde todos los ámbitos del oficialismo se ha dado la discusión con sobrados argumentos pero a esta altura es evidente que ya es ocioso. Luis Juez disputó voto a voto la gobernación de Córdoba en 2007 y ahora con la tan mentada Boleta Única y con un fiscal en cada mesa perdió por 20 puntos (hecho que demuestra que el resultado no depende del tipo de boleta ni de la carencia de fiscales sino de cuestiones políticas) pero este argumento no sirve porque Clarín y La Nación no quieren discutir eso sino deslegitimar el sistema electoral y, en lo posible, transformar el 23 de octubre en un campo de denuncias de irregularidades que lo ensucien . La denuncia penal contra algunos presidentes de mesa presentada por Eduardo Amadeo, candidato a gobernador de Unión Popular, es funcional a ese plan: se persigue el objetivo de que muchas autoridades de mesa se excusen de cumplir con su nominación por temor a tener problemas legales y de esa forma se complique la apertura d mesas con todo lo que esto trae aparejado.
Un aspecto fundamental es apelar a la inteligencia de la sociedad, para ello sólo se necesita capacidad de difusión de datos duros porque al fin y al cabo es esto lo que explica la baja influencia de los medios en la manifestación electoral del pueblo. Cuando las personas acceden a una información distinta de la que le suministran los grandes medios reacciona con autonomía, para tal efecto, la irrupción de internet y la proliferación de redes sociales han contribuido notoriamente a que la gente elabore conclusiones a partir de un consumo más amplio de información: a medida que la dieta informativa se diversifica, mejora la calidad de las conclusiones. En este sentido es importante romper el sofisma según el cuál el aparato de gobiernno garantiza de una u otra manera el triunfo de los oficialismos. Catamarca y Chubut pueden tranquilamente demostrar que no es así, lo mismo que la derrota nada menos que de Néstor Kirchner en la PBA en 2009. Pero el problema acá es otro y consiste en que si le damos crédito a ese razonamiento estamos directamente asumiendo que es imposible que en Argentina alguna fuerza opositora pueda destronar al oficialismo, sea éste provincial o nacional. Este análisis conduce casi a un callejón sin salida que únicamente encuentra válvula de escape en el repetido pedido de Boleta única tras el que se ha encolumnado la oposición siguiendo los ejes que le suministra la prensa dominante. De entrada hay que decir que el problema de los fiscales sigue siendo el mismo ya que con ese sistema igual se necesitan veedores de las fuerzas políticas para chequear que, por ejemplo, representantes de otros partidos puedan realizar marcas en la boleta para distorsionarla (por ejemplo, basta con que el fiscal del partido A tilde el casillero para presiente de su partido en una boleta donde el votante ha tildado el partido B para que ese voto en el rubro candidatos a presidente quede anulado) Independientemente de los graves errores que se generaron en las elecciones de Santa Fe y Córdoba, el planteo es que mientras las fuerzas opositoras no encuentren la forma de garantizar representación en las mesas, se deslegitiman a sí mismas ante porque cada vez serán menos creíbles sus denuncias, entre otras cosas porque es la propia sociedad la que entra a los cuartos oscuros y comprueba que justo en esa mesa donde se denunció robo de boletas, no faltaban.
La Boleta Única es la nueva quimera opositora que se transforma en una excusa para intentar justificar su divorcio con la sociedad y, lo que es más grave, que ésta no la vez con aptitud para solucionarle los problemas. Los medios concentrados, en tanto, operan para que si Cristina saca el 51 % sea “hegemónica” y si obtiene el 49 % sea una presidenta “en minoría” ante el 51 restante que no la votó y encima instalando dudas sobre la transparencia del acto electoral.
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