Archivos de octubre, 2011

Incertidumbre

Por Dante Caputobr /La incertidumbre no es un estado excepcional en la vida política de las sociedades y de las naciones. Sin embargo, solemos pensar que lo incierto es un momento transitorio y que las cosas volverán a ordenarse. Aunque vivimos en la incertidumbre, no creemos que su compañía sea permanente.br /br /La toma de decisiones políticas, en especial la internacional, debería evitar el supuesto de que el futuro es único y cierto, que se parecerá a lo que ya pasó. Es difícil imaginar lo nuevo en la historia.br /br /Hay naciones que pueden modificar las grandes tendencias mundiales, otras poco y muchas nada. Cuanto más periférica sea una posición con respecto de los centros mundiales de decisión, tanto más hay que indagar, imaginar y construir los futuros posibles que otros decidirán.br /br /Entre 1947 y 1990 tuvimos un período de baja incertidumbre político-militar. Era el mundo bipolar. Se podía, por lo general, proyectar linealmente en el futuro el comportamiento de las grandes potencias mundiales. Aunque existía también una incertidumbre incómoda: la humanidad podía desaparecer en cualquier momento.br /br /Entre 1944 y 1971, esta baja incertidumbre político-militar coincidió en lo económico con el sistema de Bretton Woods, articulado en la paridad fija del dólar con el oro. Fue un período de estabilidad en las relaciones comerciales y financieras entre países. Tras los gastos incurridos por la Guerra de Vietnam, en 1971 Estados Unidos terminó la convertibilidad del dólar con el oro y devaluó.br /br /La promesa de un nuevo orden mundial después de los noventa se diluyó rápidamente. La volatilidad del sistema económico internacional ha aumentado. Poco a poco ingresamos a este tiempo en el que vivimos la probabilidad de un lento traslado del centro hegemónico mundial. Esto representa un cambio fundamental en la ordenación del sistema mundial y abre una multiplicidad de escenarios futuros.br /br /Las crisis convergentes de Estados Unidos y la Unión Europea junto a la expansión china son episodios mayores en nuestro mundo incierto. Veamos un editorial publicado en el Washington Post, hace pocos días: “Si ‘patear la pelota afuera’ fuera una disciplina olímpica, los políticos estadounidenses ganarían una medalla. Han pospuesto la solución del problema de este país que interconecta impuestos, déficit fiscal y deuda por quien sabe cuántos años. Pero la medalla de oro la ganaría Europa por sus reacciones inconclusas a su crisis económica y financiera que en rigor plantean peligros más graves e inmediatos que los que provoca Estados Unidos”.br /br /El editorialista del Washington Post concluye: “Los líderes tienen que encontrar un terreno común, la señora Merkel, el señor Sarkozy y sus colegas, a menos que quieran pasar a la historia como los que llevaron a Europa y al mundo al borde del precipicio del desastre económico”.br /br /La crisis europea, iniciada en Grecia, puede continuar con España e Italia y puede llevar a la desaparición del euro. El sistema de decisiones europeo, basado en la unanimidad, es tan frágil que un pequeño estado como Eslovaquia detuvo el acuerdo entre Francia y Alemania. Cierto, luego se ejercieron las presiones del caso para cambiar la posición de ese país. Pero quedó clara la baja eficacia de este sistema con 27 miembros, todos con derecho a veto.br /br /Esta semana, los líderes europeos acordaron tres decisiones sobre el caso griego: la quita de 50% de las acreencias de los inversores privados, la recapitalización de la banca y la creación de un fondo de estabilización para los países en problemas de un billón de euros.br /br /Los problemas están lejos de resolverse. Según reconoció el propio primer ministro griego, George Papandreou, una década puede transcurrir hasta que su país vuelva a los mercados financieros. Durante este tiempo, una delegación de representantes del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea se instalará permanentemente en Atenas para supervisar las reformas. Esto significa que durante la próxima década, en la que se distribuirán los costos de esta crisis, el presupuesto griego será decidido por funcionarios que los griegos no votaron.br /br /Por otro lado, parte del financiamiento del fondo de estabilización provendrá de China. El candidato presidencial socialista, François Hollande, criticó la creciente dependencia que esto implica. Al ser ya uno de los principales inversores en los bonos de la deuda externa de Estados Unidos, los chinos pasarán a tener un rol clave en la estabilidad económica de los dos centros de poder occidentales. Creer que este rol económico no tendrá consecuencias políticas sería un grave error. Cierto, puede suceder que todo tienda al orden y estos inmensos desajustes se acomoden. Pero esa es sólo una probabilidad.br /br /A la vez que se desenvuelven estas situaciones en los países centrales, los sudamericanos vivimos un período de bonanza económica, en gran parte debido al aumento de los precios internacionales de nuestros productos de exportación, como petróleo, cobre o soja. La gran cantidad de dinero ingresado en las arcas públicas permitió a los gobiernos mayor margen de autonomía con respecto a los organismos multilaterales de crédito y las potencias centrales. El alza de los precios de exportación se debe a la demanda de India y China. Los expertos sostienen que esa demanda continuará por un tiempo.br /br /En definitiva, lector, la combinación de una demanda sostenida de nuestros productos y mayor autonomía política puede hacernos creer que gozamos de mayor certidumbre. Pero si ignorásemos los cambios mayores que podría originar el traslado del centro hegemónico, cometeríamos un error peligroso.br /br /Usted acordará que es sensato usar la bonanza para introducir cambios que no la hagan depender indefinidamente de lo que hacen otras naciones. Creo que la historia muestra que ningún pueblo se ocupa de la felicidad de otro pueblo. Es un desafío para Sudamérica usar la prosperidad actual para bajar la incertidumbre del futuro. Podemos incidir muy poco en el mundo pero bastante más en evitar que los desajustes mundiales cambien nuestras vidas.div class=”blogger-post-footer”img width=’1′ height=’1′ src=’https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6002019690123712196-6181159576173241354?l=chasquido.blogspot.com’ alt=” //div

Logros y autoengaños

Por Alfredo Leucobr /La gente votó a Cristina para que siga la fiesta, pero compra dólares para cuando se termine esa fiesta”, dijo, filoso, Alfonso Prat-Gay. Es un economista con valores éticos y de prestigio académico que fue presidente del Banco Central con Néstor Kirchner, pero que ahora se quedó huérfano de partido, producto de la demolición electoral a la que fue sometida Elisa Carrió. Su diagnóstico es certero, pero incompleto. Falta el análisis político que sostiene que el 54% de los argentinos no encontró mejor liderazgo que el de Cristina para afrontar esas posibles tormentas. Millones de argentinos se aterrorizaron de solo pensar que le podría tocar a Hermes Binner o a Ricardo Alfonsín arreglar los platos que se pudieran llegar a romper. Esa película ya la vimos cuando Fernando de la Rúa se tuvo que hacer cargo de las facturas que dejó el jubileo menemista y semejante desafío, sumado a su incapacidad monumental, se lo llevó puesto.br /Hubo un voto pragmático que dice: si hay cosas que reparar, mejor que lo haga alguien con experiencia en el gobierno y con mucho poder, como Cristina.br /br /Ahora, más que nunca, el ministro Amado Boudou debe demostrar que tiene uñas de guitarrero. Prepara su desembarco en el Senado y opera para designar a su sucesor, pero sigue siendo el titular de la cartera económica hasta el 10 de diciembre. La oposición está cerrada por refacciones y cambio de firma. El kirchnerismo prolongó la autocelebración del triunfo reeleccionista con los múltiples homenajes a Néstor Kirchner. Y como ocurre siempre en su gobierno, Cristina, casi en soledad, es la que tiene que tomar las decisiones estratégicas que tapen los agujeros que han aparecido en el victorioso barco que la llevará al puerto de 2015. La Presidenta siempre destaca el valor de la voluntad en política. Dice que no debe confundirse con el voluntarismo, pero la frontera es muy finita. El hasta ahora indomable enemigo verde, la escalofriante fuga de dólares, sigue creciendo. El oficialismo, confundido, tira al bulto con todo lo que tiene a mano menos con lo único que lo va a derrotar: un riguroso plan económico antiinflacionario. Un pacto social estratégico por cuatro años que establezca índices decrecientes de inflación y que haga previsibles el tipo de cambio, los salarios y los precios, sin perjudicar en nada a los que más necesitan. Hay que blindar los logros y atacar de una buena vez los autoengaños.br /br /Se terminó la picardía criolla de un Guillermo Moreno que se creyó el más vivo de todos. La malversación de las estadísticas públicas hizo un daño tremendo, estructural. En algún momento, esas fisuras iban a aparecer en el casco de la nave por más maquillaje que se le pusiera. Y ese momento es ahora. Tanto ocultaron el termómetro que ahora no saben elegir los mejores remedios porque les cuesta identificar el origen de la enfermedad. Esto no tienen nada que ver con la crisis de la Eurozona y tampoco con la incerteza política porque el domingo pasado se despejaron todas las incógnitas.br /br /Moreno, que se ve a sí mismo como un nacionalista revolucionario, en ese sentido, hizo una tarea muy similar a la de Domingo Cavallo. Son los padres de la burbuja. Ambos inventaron atajos y creyeron que nadie se iba a dar cuenta porque el resto del mundo está lleno de tontos. Moreno fue el gran héroe que engañó a todos los bonistas y con sus legendarios dibujos le hizo ahorrar a la Argentina millones de dólares. Eso repitieron los ex periodistas convertidos en militantes mediáticos a sueldo del Estado. Pero las mentiras se pagan más temprano que tarde. Por eso tienen patas cortas. Los dólares que presuntamente ahorramos se escaparon por otro lado y ahora hay que desmontar semejante ficción. No será fácil. Algunos creen, igual que en la época de la convertibilidad, que sólo el autor de la “genialidad” que nos encerró es el que puede diseñar la llave para salir. Ojalá así sea. Otros son más pesimistas y piensan que la realidad va a imponer soluciones mas drásticas. Por eso compran dólares. ¿Somos tan frívolos para pensar otra vez que tirar manteca al techo es gratis? ¿O que Roger Waters llene nueve estadios de River como en ningún lugar en el mundo y que eso sea producto del crecimiento inédito y del rock para todos y para todas? ¿No lastima al país que casi 5.500.000 argentinos hayan viajado al exterior, la mitad en avión, con un récord que ya superó “la plata dulce” de la dictadura y el “uno a uno” de Cavallo? ¿Nada se resiente? ¿El modelo productivo aguanta todo? ¿Sigue la joda?br /br /Los grandes operadores hacen la de siempre: especular con las bicicletas y la mayor codicia posible. No les hablen con el corazón porque les responden con el bolsillo. Pero los miles de ciudadanos comunes que agradecieron con su votos el crecimiento económico y el modelo productivo ahora consumen el objeto mas barato y seductor: el dólar.br /br /Sin embargo, Miguel Pesce, vicepresidente del Banco Central, otro que se cree tan astuto como Moreno, le da consejos al ahorrista y le dice que si compra dólares estará haciendo un mal negocio. Desde que el ministro de la dictadura Lorenzo Sigaut dijo que “el que apuesta al dólar pierde”, nadie se había acercado tanto al ridículo. Es tarea de los funcionarios modificar las condiciones para que los ciudadanos dejen de correr hacia la moneda norteamericana y no hacer de comentaristas de la realidad, y mucho menos, de gurúes financieros. Pregunta para Pesce: ¿El matrimonio Kirchner también hizo mal negocio al refugiarse tantas veces a lo largo de su vida, y desde el Estado, en la estampita de Washington también llamada divisa extranjera? Pregunta para Boudou y Mercedes Marcó del Pont: ¿O creen que la Gendarmería, la AFIP, la obligación para que las mineras y las petroleras liquiden todo en el país y para que las aseguradoras vendan sus activos externos son todas señales en el buen sentido pero que, finalmente, demuestran que no se ataca el verdadero problema y pueden generar el efecto contrario? Armaron una especie de carrera de obstáculos para llegar a la meta del dólar, pero no lograron establecer una meta distinta.br /br /En este rubro del modelo económico es donde más se nota la ausencia de Néstor Kirchner. En su pragmatismo feroz, en su heterodoxia resultadista. En eso, Néstor era más post-maoísta que Carlos Zannini: “No importa el color del gato, sino que cace ratones”, decía Deng Xiaoping.div class=”blogger-post-footer”img width=’1′ height=’1′ src=’https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6002019690123712196-899697767437438559?l=chasquido.blogspot.com’ alt=” //div

Una política cambiaria transitoria

Por Enrique Szewachbr /Hace apenas unos meses, la principal preocupación cambiaria de la Argentina era cómo hacer para que el tipo de cambio real (la relación entre el precio del dólar en la Argentina, neto de inflación local, y el precio del dólar en el mundo con el que comerciamos y competimos, neto de sus respectivas inflaciones) no cayera más, dada la sobreoferta de dólares. El Banco Central, en ese contexto, compraba dólares y le ponía un “piso” a la cotización nominal, mientras el aumento de los costos internos deterioraba la competitividad.br /br /Hoy, subrayo, apenas unos meses después, la principal preocupación cambiaria sigue siendo la misma. Pero ahora, el Banco Central vende dólares y le pone un “techo” a la cotización nominal.br /br /En otras palabras, la pérdida de competitividad cambiaria de la Argentina (la inflación en dólares, para ponerlo en castellano básico y antiguo) se dio mientras había sobreoferta de dólares y el Central compraba, y se da ahora, cuando hay sobredemanda de dólares y el Central vende.br /br /Primera reflexión: el problema de la caída del tipo de cambio real es independiente de la oferta neta de dólares y tiene que ver con la política de expansión artificial de la demanda interna. Segunda reflexión: el Banco Central no quiere actuar modificando el tipo de cambio nominal, ni cuando sobran dólares, revaluando la moneda, como hicieron nuestros vecinos en esa situación, ni devaluando el peso, cuando hay exceso de demanda de dólares, como hacen nuestros vecinos en la misma situación. Es decir, la política cambiaria actual consiste en actuar “sobre las cantidades” sin usar el precio.br /br /Actuar sobre las cantidades implica vender reservas, restringir la demanda de dólares con regulaciones y prohibiciones varias y aumentar la oferta, obligando a pasar por el mercado oficial de cambios a aquellos que, hasta ahora, por diversas razones –cuestión institucional, y tema para otra nota– estaban exentos de hacerlo.br /br /Pero ir por el lado de las cantidades sólo tiene sentido si estamos ante un fenómeno meramente transitorio. Porque si la demanda excedente de dólares es estructural, tarde o temprano las cantidades se acaban e igual hay que ir por el lado del precio. Lo que hay que evaluar, entonces, es si estamos ante una situación transitoria o no. Para ello, obviamente, hay que preguntarse: ¿por qué se están dolarizando los ahorros de los argentinos?br /br /La respuesta a este interrogante podría ser que, como estamos ante un proceso de inflación en dólares de magnitud, hace ya varios años, la gente tiene la “intuición” de que el Gobierno se verá obligado a devaluar para restaurar el nivel de precios en dólares compatible con la productividad de la economía argentina.br /br /Téngase en cuenta, sin embargo, que esta pérdida de competitividad se ha visto atenuada, porque el fenómeno de la inflación en dólares no es patrimonio exclusivo del peso argentino. Lo mismo ha sucedido, hasta hace poco, con el real brasileño o el peso chileno o el uruguayo. Es decir, se estuvo devaluando el dólar en el mundo, en el marco de la “solución” norteamericana, a sus propios problemas de nivel de actividad. Y porque, además, el gobierno argentino protege con prohibiciones de importar, cuotas, restricciones, a los sectores supuestamente más vulnerables a la competencia externa (aunque esto está limitado por la integración global de la producción, y las represalias de los socios comerciales).br /br /Pero aún atenuada, la pérdida de competitividad parece evidente y, a menos que el dólar se siga devaluando fuerte en el mundo que nos importa, es un problema.br /br /Por lo tanto, este fenómeno de compra de dólares sólo podría calificarse de “transitorio” si el problema de competitividad de la economía argentina se pudiera solucionar de otra manera. Sin embargo, lo único que ha trascendido como política futura es un eventual acuerdo de precios y salarios que, en el mejor de los casos, congela la situación actual, pero no la mejora.br /br /De manera que si la compra de dólares responde a la idea de que la Argentina está cara en dólares, y no hay a la vista un programa fiscal y financiero que nos “abarate”, la solución “cantidades” sólo es perder el tiempo y las reservas.br /br /Pero, sin cambios en la política fiscal, salvo que cambie el mundo, tampoco será exitoso actuar sobre el precio del dólar, aunque se intente.div class=”blogger-post-footer”img width=’1′ height=’1′ src=’https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6002019690123712196-5449388495069584460?l=chasquido.blogspot.com’ alt=” //div

Contigo… toda la vida

Por Eduardo Chaktoura br /Sigmund Freud creía que el amor era la mitad de la vida de una persona. Suponía que alguien gozaba de buena salud psíquica si estaba en condiciones de amar y de trabajar. Más allá del psicoanálisis, no existe modelo o línea de pensamiento que hoy pueda oponerse a la idea de que, en definitiva, el amor es el motor de la vida.br /br /De padres e hijos, entre los amigos, entre miembros de una comunidad. Existen distintos tipos de amor; pero el amor de pareja es el que, además de proyectarnos compartiendo la vida junto a otra persona, facilita o enmarca otro de los objetivos esenciales: los hijos (la perpetuación de la especie).br /br /Dejando de lado toda literatura romántica, la ciencia encuentra que el amor es una emoción compleja, una construcción hipotética determinada por cientos de conexiones, posibilidades e interpretaciones. Un sentimiento que, muy a pesar del marketing, tiene sus bases orgánicas en el cerebro y no precisamente en el corazón. Estamos genéticamente programados para amar y los genes se activan gracias a la química cerebral: la oxitocina despierta las primeras instancias de la seducción, el encuentro y la permanencia.br /br /Se cree que de la química dependen los primeros años; entre cuatro y siete, según las historias de amor investigadas. Después de la popularmente llamada comezón del séptimo año, el amor quedaría, fundamentalmente, a expensas del intelecto y la voluntad. Es decir que, más allá de los flechazos de Cupido, directo al cerebro que también late de amor, es saludable entender que este sentimiento es una construcción en el tiempo constituido por etapas, instancias o momentos.br /br /En este sentido, el doctor Miguel Spivacow, autor del libro de La pareja en conflicto (Paidós) y de Clínica psicoanalítica con parejas (Lugar), cree que, ante todo, “es conveniente distinguir entre lo que es amar y lo que implica enamorarse.br /br /”El enamoramiento – define el psiquiatra- es una atracción inicialmente irresistible, cuya intensidad declina con tiempo. El amor, por el contrario, puede ir creciendo con el paso de los años e implica un tipo diferente de vínculo que incluye crisis, alejamientos y acercamientos, a pesar de los cuales los protagonistas vuelven a elegirse.”br /br /Para la psicoterapeuta Clara Coria, “es un sentimiento que se vive a través del vínculo que cada pareja es capaz de construir”. Esto da cuenta de que existen tantas definiciones de amor como cantidad de uniones o deseos en común puedan registrarse. Cada quien, claro está, con su cerebro, con sus conexiones químicas, con sus aprendizajes, deseos, pulsaciones, mariposas en la panza, tiempos y posibilidades de amar. Autora de El amor no es como nos contaron, Las negociaciones nuestras de cada día y El sexo oculto del dinero (Paidós), Coria es de las que creen que “el amor debería ser un acto de libertad, cuya duración esté en manos del mutuo apoyo y respeto por lo que cada uno es. En la vida humana no existen las garantías, pero sí los deseos de que aquello que nos hace feliz sea duradero”.br /br /”El amor, desde siempre, cargó con al menos tres duras tareas: organizar, proteger y dar sentido a la existencia; sostener proyectos de largo alcance y dar curso a las pasiones. El amor de las parejas es la única relación en la que estos tres aspectos deben conjugarse al mismo tiempo”, explica Hugo Dovskin, psicoanalista, quien acaba de publicar El amor en tiempos de cine.br /br /Según pasan los añosbr /br /Hay que contemplar los tiempos históricos, sociales y culturales. Recién avanzado el siglo XX fue posible pensar en vínculos de más de 20 años. “El avance de la medicina y la prolongación de la vida suponen relaciones de una extensión inimaginable, en tiempos en que la inexistencia de antibióticos, las enfermedades en general, los partos o las guerras hacían virtualmente imposible pensarse en relaciones de treinta, cuarenta o cincuenta años”, rescata Dvoskin, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. “Al extenderse -agrega el psicoanalista-, la vida en pareja nunca será la misma, pues, tal como supone Borges, no son sólo las aguas las que cambian, sino que nosotros nunca somos los mismos al bañarnos en el mismo río.”br /br /Estas apreciaciones ayudan a estimar que el amor de una pareja estará siempre en manos del compromiso y el desafío valiente que puedan asumir juntos, y en relación con las necesidades y los deseos que cada uno vaya adquiriendo a lo largo del camino. “Nos han jorobado con viejos mandatos y creencias -puntualiza la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff-. Crecimos pensando en el amor según los cuentos de la infancia. Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente, todas, esperaban un príncipe azul joven, bello, rico y poderoso. Con el tiempo, como diría la humorista Gabriela Atcher, hemos comprobado, entre otras cosas, que el príncipe azul se destiñe en el primer lavado. No es tarea sencilla para muchos recuperarse también de otras realidades, como que nadie llegó a ser feliz comiendo perdices.”br /br /”Hoy, en el amor se reemplazó el te amo por el te estoy amando”, dice Walter Riso, autor del Manual para no morir de amor (Planeta). Esta interesante observación del terapeuta da cuenta de que se puede amar para toda la vida, pero que el foco no está o debería estar puesto en el futuro, sino en el día a día, en cómo se vive y convive con la relación. El gerundio (te estoy amando) muestra que el amor nunca se acaba de construir y de reinventarse. “Es un proceso vivo y activo -define Riso-; es pragmático, directo y sin anestesia. Hoy el amor dura mientras estar con vos no implique negociar con mis principios. Así te ame, el amor se acaba porque no le venís bien a mi vida.”br /br /Si bien, por priorizar el progreso académico o económico, se ha postergado o retrasado la edad para casarse o formalizar el vínculo, el matrimonio sigue siendo una elección universal. Incluso cuando aumentaron considerablemente los divorcios, son muchos, sobre todo los hombres, quienes reinciden en esta aventura de institucionalizar el amor.br /br /Sigue Riso, conferencista y docente, nacido en Italia, formado en nuestro país y radicado en Colombia: “Nadie entra en una relación para que se acabe. Lo que sí parece ocurrir en esta posmodernidad que vivimos es que se tira la toalla demasiado rápido. Cada día son menos los que están dispuestos a aguantar a alguien que nos hace daño o que afecte nuestra autoestima”.br /br /”Que no se trata de aguantar -redobla Clara Coria-. No se puede perdurar amando por decreto para toda la vida. Sólo es posible sostener el amor cuando son dos quienes lo alimentan.”br /br /Está claro que no nacimos para estar solos, así como que cada quien sabe hasta dónde y cómo configura o puede habilitar una relación de amor en pareja. Se puede decir que el amor es una elección con las mejores intenciones. “La libertad de elección que existe hoy es un gran estímulo para la construcción de parejas más afines”, celebra Spivacow, para quien “hay que destacar que en el mundo actual las parejas están cambiando vertiginosamente. La pareja institucionalizada por la sociedad, por citar algunos ejemplos destacables, ya no es patrimonio exclusivo de los heterosexuales, así como, en virtud de la ciencia, el amor de pareja no constituye la única posibilidad de reproducirse (…). No sabemos qué pasará en el futuro -continúa el psiquiatra-, pero es evidente que, aceptando la diversidad de formatos, la pareja seguirá vigente, ya que da respuesta a la soledad de hombres y mujeres”.br /br /El amor hace bien a la salud. Reiteradas investigaciones destacan, entre otras cosas, que las personas en pareja tienden a estar más saludables física y psicológicamente que aquellas que están separadas (el efecto es más fuerte en los hombres que en las mujeres). Por ejemplo, según un artículo publicado este año en el British Medical Journal (citado por la BBC), la gente casada vive más. A partir de un estudio realizado en 7 países europeos, se reveló que las parejas casadas tienen una tasa de mortalidad entre 10 y 15 por ciento menor que el resto de la población. Pero tampoco se trata de estar juntos para acumular años como puntos en la tarjeta de crédito.br /br /En tiempos de descartebr /br /Conseguir el amor perfecto o ideal (¿existe?), en lugar de experimentar el placer del encuentro -donde, además de compartir, siempre, inevitablemente, y en forma alternada, alguien tiene que ceder-, ésa es una tendencia de hoy. La cultura ansiosa e intolerante del amor se da porque se vive pendiente de las exigencias, del alto rendimiento y tantas insatisfacciones más. Esto es lo efímero y descartable que destaca el sociólogo Zigmunt Bauman cuando habla de los amores líquidos que caracterizan esta época. Cuántos amores o contactos no pasan de ser virtuales por el temor a que no cumplan con las expectativas, cada día más exacerbadas y alejadas del mundo real de los abrazos o el contacto auténtico del cuerpo a cuerpo.br /br /”Estamos viviendo tiempos donde todo se ha sobreerotizado y desafectivizado, dice la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff, para quien “el narcisismo, el individualismo, la competencia, las exigencias, el consumo, parecen haber devaluado la importancia y los beneficios del vínculo. Como ya hemos dicho, los tiempos cambiaron y cada tiempo define un estilo. Hoy compramos y descartamos todo el tiempo y, en este hábito de consumo exacerbado, creemos que podemos hacer lo mismo con el otro. Lo compro, lo convierto en objeto, lo manipulo como quiero. No nos enseñaron, y debemos aprender -sugiere Kurganoff- que el amor es respeto, confianza, distancia; que hay que trabajar para mantener la pasión, que hay que soportar e integrar, incluso, las cosas que no nos gustan del otro. No debemos perder de vista que el otro es otro, que no debo pegotearme o entenderlo como una posesión o una parte mía”.br /br /El psicólogo Walter Riso está convencido de que “hoy fluctuamos entre la dependencia afectiva y la autonomía, que tiende a ser un valor cada vez más arraigado. Vivimos entre la idea de un compromiso inteligente y la cultura del desechable. El amor se debate entre esos extremos contradictorios y va escribiendo su propia historia; una historia sin fin, sin tiempos. En realidad, no importa cuánto y cuándo te amen, sino cómo lo hagan”.br /br /Auténtico (y duradero)br /br /El amor es valentía, coraje, paciencia, voluntad, ilusión, respeto, confianza. (agregue todos las palabras que considere oportunas) y tantas otras fortalezas necesarias para sortear los obstáculos propios del acto de amar, compartir y acompañarse.br /br /”Podría decirse – explica el psicoanalista Hugo Dovskin- que perduran en el tiempo quienes logran superar las dificultades. Es imposible pensar en el amor sin obstáculos ni conflictos, así como es un error pensar que los conflictos se superan gracias al amor. El amor es el resultado de esas pruebas superadas. De no haber diferencias o crisis, seguramente, la relación se está amalgamando con sumisión -al menos con resignación- y sin defender los propios valores de cada una de las partes.br /br /”En primer lugar -puntualiza Dovskin- la pareja debe confrontar con el conflicto que surge de un encuentro cultural entre dos historias que son las de las dos familias de origen. Por otro lado, el amor de pareja debe tener la carga pasional que demanda, al menos en Occidente, alguna forma de fidelidad, más allá de lo abierta que una relación se suponga.”br /br /El amor de pareja debe generar un ámbito de protección y de cuidado donde los sujetos, ambos, depositan lo que en la vida cotidiana queda detenido por efecto de lo políticamente correcto y las buenas formas. “Ayuda saber que hay conflictos y crisis -retoma Spivacow-, que el amor implica placer y disfrute, pero también trabajo psíquico sobre las desavenencias y los desacuerdos. También ayuda saber que en los diferentes momentos de la vida la pareja busca diferentes cosas, y que realizar los ajustes necesarios puede ser la base para la continuidad. La autenticidad del amor no depende de los años que dure, sino de cómo lo sienten sus protagonistas.”br /br /Son muchas las relaciones de pareja que han atravesado la prueba del tiempo. Así como hay quienes creen que el amor es la combinación de la intimidad, la pasión y el compromiso, Riso propone pensar el amor en torno de la suma de tres aspectos: Eros (deseo) + Philia (amistad) + Agape (respeto), en proporciones por determinar, así haya tropiezos y resquemores. “Eros es las ganas de ver al otro como un postre. Philia es la compinchería, los proyectos de vida compartidos. Agape significa cuidar al otro con ternura y respeto, que su dolor te duela y su alegría te alegre”, completa el autor, convencido de que “el amor es para valientes”.br /br /Parece ser que el amor dura en tanto y en cuanto elijamos y sepamos transitar el camino hacia el bienestar (físico y emocional) de uno, del otro, de los dos. De todos los que caminan con nosotros por la vereda del sol (más allá de las tormentas).br /br /LOS VERTICES DEL TRIANGULObr /br /Según la teoría triangular del psicólogo estadounidense Robert Sternberg, el amor es una relación interpersonal que crece en torno de tres componentes esenciales: intimidad, pasión y compromiso.br /br /La intimidad. Es el elemento emocional, comprende la autorrevelación que conduce al vínculo, al afecto y la confianza. Es el cariño, el deseo de acercamiento, la comunicación e interés por estar con el otro. Se diferencia de la amistad porque en aquella hay reciprocidad; en el amor uno puede tener el deseo de intimar y no ser correspondido.br /br /La pasión. Es el elemento de motivación, se basa en los impulsos interiores que transforman el deseo inicial en deseo sexual.br /br /El compromiso. Es la decisión de amar y permanecer con el ser amado. El matrimonio o la convivencia son la formalización; aunque el verdadero compromiso lo garantiza la lealtad y el proyecto conjunto.br /br /Según esta teoría, la clase de amor que una persona puede experimentar depende del tipo de combinación de estos tres elementos. Hay ocho tipos posibles:br /br /Cariño: cuando sólo hay intimidadbr /br /Encaprichamiento: cuando sólo hay pasiónbr /br /Amor vacio: cuando sólo hay compromisobr /br /Amor romantico: cuando hay pasión e intimidadbr /br /Amor fatuo: cuando hay pasión y compromisobr /br /Amor sociable: cuando hay intimidad y compromisobr /br /Amor consumado: cuando se combinan los 3 elementosbr /br /Falta de amor: cuando no hay ni intimidad ni pasión ni compromisodiv class=”blogger-post-footer”img width=’1′ height=’1′ src=’https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6002019690123712196-1177362316268937592?l=chasquido.blogspot.com’ alt=” //div

A la cama

Por Hugo Caligaris | LA NACIONbr /”A las doce y media ya me había ido a la cama; a las siete estaba corriendo en la cinta, como todos los días.” br /(Del gobernador Daniel Scioli, el día después de su victoria electoral.)br /br /El gobernador Scioli es un hombre que alcanza la excepcionalidad por la vía de una estricta rutina. Hace lo que debe hacer, dice lo que tiene que decir y se va a la cama a medianoche, pase lo que pase, y por eso nadie sabe muy bien qué hacer con él ni qué decir de él, y muchos temen que los acueste a todos.br /br /Más que una estrategia, lo suyo es un modo de ser. Recién apagadas las luces del último domingo, después de una cena frugal, con el mismo pijama de siempre y recitando tal vez alguna frase de Lao Tsé, el gobernador se metió en la cama, como al final de un día cualquiera. Lleno de paz, a los pocos minutos ya se había dormido. Su corazón latía suavemente y los sueños se sucedían sin sobresaltos, con la calma que el Cielo reserva a los benditos.br /br /Cualquier político común y corriente hubiera reaccionado de otra forma. Difícilmente la Presidenta y su compañero de fórmula hayan podido pegar un ojo antes de la alta madrugada del 24. Es razonable: habían ganado las elecciones con el 53,96 por ciento de los votos, sacándole más de 37 puntos de ventajas al segundo, el socialista Binner. Pero Scioli había superado esos increíbles números. Con el 55,06 por ciento de los votos de su provincia, 40 puntos lo separaban de su inmediato seguidor, el empresario Francisco de Narváez. Y Scioli ni bailó ni tocó la guitarra ni hizo nada de ruido: se fue a la cama, apagó la luz y se quedó dormido.br /br /Nunca faltará quien tome a broma ni quien se burle de unas características que el humor popular adjudica a los de pecho demasiado frío. Pero no hay que reírse. A las siete de la mañana del día siguiente, mientras todos los presidenciables de 2015 y algunos de los retirados por lo menos hasta 2050 caían rendidos por los excesos de la noche en vela, el gobernador corría en su cinta. Se lo veía fresco, con la mirada inescrutable perdida en un rincón del infinito. En qué pensaba es algo que jamás sabremos. Somos simples mortales: que no nos pidan lo imposible.div class=”blogger-post-footer”img width=’1′ height=’1′ src=’https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6002019690123712196-5108394569623272918?l=chasquido.blogspot.com’ alt=” //div