El mal de la Argentina son los argentinos.
Como la economía Argentina, estos tres equipos del fútbol argentino son los que más han declinado en los últimos tiempos. Sin embargo, contando la época amateur y la época profesional, son los que han obtenido más primeros puestos en casi todos los torneos, especialmente en el siglo XX. Además, aún hoy, en entradas vendidas, ocupan los tres primeros lugares. Tienen muchos seguidores, tantos que en 2001 Racing llenó dos estadios al mismo tiempo, el de Vélez y el Cilindro de Avellaneda, donde se puso una pantalla gigante.
Aun cuando no les faltó apoyo de las “hinchadas”, estos equipos, y otros también considerados grandes, en los últimos años se ubican entre los últimos en cuanto a resultados, en cuanto a puntos obtenidos.
¿A qué se debe esta decadencia? A la falta de institucionalidad y a los malos dirigentes de estas organizaciones. No es producto de la casualidad o de la mala suerte que estos equipos pierdan partidos contra rivales que, unos años atrás, solo aspiraban a que Boca, River, o Racing no les hicieran una goleada. Quiebra económica de los clubes, o convocatoria informal de acreedores, es lo que predomina en estas entidades. Pero muchos de los jugadores, de los dirigentes y de los intermediarios son personas ricas, con campos, estancias, las mejores casas en los más exclusivos lugares de veraneo, y alguno, hasta con pozos de petróleo. ¿Hay auditorias preventivas de alguna entidad, privada u oficial, que puedan evitar estos exagerados errores económicos de los dirigentes? No, este es un negocio difícil de controlar. También hay “barrabravas” que suelen proteger a algunos dirigentes para que no puedan ser investigados.
Hay un gran paralelismo entre estos grandes clubes y su decadencia y la decadencia de la Argentina. En 1910 nuestro país era el 6to del mundo por calidad de vida, medida por el ingreso per cápita en dólares corrientes. Hoy, en esa moneda ocupa el puesto 65. En otros cálculos, más teóricos, ocupa el puesto número 30, igual mucho más abajo que lo que estaba 100 años atrás. Los problemas son los mismos: falta de institucionalidad, las personas que mandan se ponen por encima de las normas, y además, los dirigentes que acceden al mando dejan mucho que desear en cuanto a defender realmente el interés general. Viven de la política y no para la política. Igual que los dirigentes del fútbol, viven del club y no para el club. El gobierno cambia cada tanto al ministro de economía y los dirigentes de club de fútbol cambian al director técnico, como si ellos fueran los responsables exclusivos de la mala gestión.
OpiniónBoca, River, Racing y la Argentina
Por Orlando Ferreres
> Ir a la notalanacion.com | Política | Martes 13 de abril de 2010

