Helados de yogur
Es una moda que hace tiempo ganó el paladar de los norteamericanos, en una primera versión como yogur congelado. Esta experiencia, que llegó de Corea del Sur, tomó forma de helados cremosos para consumir al paso, tan ricos como los tradicionales, pero a partir de una bebida que tiene su leyenda. Recordando sus orígenes, el yogur era una bebida de los pueblos nómades de Medio Oriente y Asia, que dejaban la leche recién ordeñada a unos 43ºC de temperatura. Al cabo de un día, las bacterias la invadían, fermentaban y coagulaban. En la moderna producción de yogur, las bacterias vivas esenciales -cultivos activos- se añaden deliberadamente durante su proceso de elaboración. A partir de allí, la industria alimenticia enriqueció las ofertas sobre la base de leche entera, descremada, bebible, firme, con y sin sabores, con frutas, con cereales. Faltaba el helado… ¡y llegó! Los locales tienen encanto propio y lo último que incorporó Pinkfrost es el sabor chocotorta. En Top It, el valor agregado es a elección: frutas, cereales, frutos secos y lo que la vista descubra para coronar yogures untuosos y firmes.
Ambas empresas señalan que parten de un alimento 100% natural, con materias primas cuidadosamente seleccionadas que, por su naturaleza, se transforman en un alimento fácil de digerir y con altos valores nutricionales.
La fórmula del yogur casero de las abuelas continúa siendo una receta que atrae:
1) hervir un litro de leche entera, colocar en un recipiente de vidrio, controlar que su temperatura sea entre 38/39 grados y agregar un pocillo de yogur natural; 2) tapar y dejar fermentar en un lugar tibio; 3) conservar en la heladera.

