Los inversores volvieron a refugiarse en activos seguros como el oro, el dólar y bonos del Tesoro americano y a vender acciones y bonos de alto riesgo
Esta vez la crisis empezó en Grecia. Como en las mejores tragedias, la trama es compleja, pero el final está cantado: no termina bien.
La economía griega enfrenta una crisis económico-financiera con una deuda pública del orden del 130% del PBI, un déficit fiscal de 13% del PBI, un fuerte déficit en la cuenta corriente del balance de pagos, una moneda sobrevaluada. No falta ningún ingrediente en esta mezcla explosiva, y como si esto fuera poco, la economía está en recesión.
La experiencia indica que en situaciones de este tipo la solución se logra de una de tres maneras.
La primera opción es un ajuste fiscal de unos ocho puntos del PBI que restablezca la solvencia fiscal. La experiencia muestra que este tipo de ajustes se logran creciendo a tasas altas (como Irlanda en los años 90) o con una mezcla de devaluación e inflación (como México en 1983 y en el “tequila” o Brasil en 1999). La verdad es que ninguna de estas opciones parece posible hoy, en la medida en que Grecia siga en el área del euro (que es lo más probable) y la economía siga en recesión.
La devaluación tendría costos adicionales, ya que la relación deuda sobre PBI llegaría a niveles estratosféricos, y entonces aparecería la tentación de “dragmatizar” la deuda (la versión helénica de la pesificación).
La segunda alternativa es una reestructuración de la deuda pública con una quita que restablezca la solvencia fiscal. Para ello, la quita debería estar en el orden del 50%, lo que por ahora no parece estar entre las opciones potables por miedo al efecto contagio. La tercera opción, que es la que se está intentando, es simplemente tirar el problema para adelante.
Los gobiernos europeos y el FMI dan financiamiento con la esperanza de que algún dios mitológico genere crecimiento, reduzca el déficit y ayude a restablecer la solvencia fiscal. Pero esta opción no da soluciones de largo plazo, sino que sólo aplaza el momento de enfrentar la realidad.
Con otro régimen cambiario, Grecia seguramente ya habría devaluado y comenzado un proceso de reestructuración de su deuda. Pero al estar en la zona del euro tiene las manos atadas.
A pesar de la fragilidad de la situación griega, los países europeos tienen interés en evitar un default, ya que temen que contagie a países como Portugal, España e Italia y genere un efecto dominó que sea difícil de contener. Es un castillo de naipes que todos tratan de defender con uñas y dientes y mientras tanto sube el riesgo país en los países del Mediterráneo.
Las víctimas
Una de las víctimas de Grecia es el euro, que viene en caída libre y que seguramente va a seguir débil por bastante tiempo. El segundo riesgo es que Europa sufra la tan temida W, que enfrente una segunda recesión.
¿Cómo puede impactar esta crisis en la Argentina? El principal efecto hasta ahora ha sido una caída en los precios de los activos financieros y una fuerte suba en el riesgo país. El canje de la deuda seguramente se va a poder completar con éxito, pero en estas condiciones no va a haber dinero fresco.
Además, el fortalecimiento del dólar en el mundo, que ya llevó a una depreciación del real, seguramente pondrá presión aquí sobre el tipo de cambio, que se podría depreciar algunos centavos.
Por último, también puede observarse alguna baja en el precio de la soja, clave para el sector fiscal y externo. O sea problemas, pero sin llegar a niveles de crisis.
No hay duda de que Europa enfrenta el mayor desafío desde la creación del euro y parece difícil que lo pueda superar en forma indolora.
OpiniónUn mundo con menos viento de cola
Miguel Kiguel
> Ir a la notalanacion.com | Exterior | Viernes 7 de mayo de 2010

