Tuberculosis: la bacteria galopa en las villas.
No es la primera vez que, desde estas columnas, nos referimos a las enfermedades llamadas “reemergentes”. Por su reaparición reciente, han vuelto a ocupar los primeros planos en los medios la fiebre amarilla, la malaria, el dengue o la tos convulsa, y también las maneras actuales de combatirlas o prevenirlas.
El crecimiento de la tuberculosis, una de las enfermedades más temidas en el pasado y que mereció una denodada lucha para hacerla desaparecer, ha pasado más inadvertido, quizá por la condición misma de la enfermedad de afectar de manera silenciosa, pero persistente, a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y, por ello, con menos posibilidad de hacerse oír.
La aparición del sida, en 1981, y su posterior expansión hasta alcanzar la categoría de pandemia resultaron un terreno fértil para el rebrote de enfermedades que se creían en retroceso, entre ellas la tuberculosis. También los fenómenos de las migraciones masivas Sur-Norte y el agravamiento de la pobreza en muchos países subdesarrollados, principalmente en Asia y Africa, abonaron el terreno para que, en 1993, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la tuberculosis una urgencia mundial.
Justamente, la OMS, en ocasión del día dedicado a recordarla mundialmente, el 24 de marzo último, anunció que en algunas zonas del mundo el 25 por ciento de las personas padece una forma de esta enfermedad que no se presta a tratamiento con los regímenes terapéuticos convencionales, denominada multirresistente.
En la Argentina, el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires informó recientemente que en su territorio “se notifican alrededor de 5500 casos anuales”. Para algunos especialistas, el panorama puede ser aún más grave de lo que se piensa. “En la Argentina, hay un subregistro muy importante de la enfermedad”, alertó el doctor Alberto Echazarreta, de la Sociedad de Tisioneumonología de la provincia.
El tratamiento actual para la tuberculosis consiste en una combinación de varios antibióticos específicos durante un período que no suele ser inferior a seis meses. Esto ha determinado (por motivos culturales, sociales y económicos) que el cumplimiento del tratamiento haya sido incompleto o parcial en muchos casos, lo cual propicia la aparición de numerosas cepas resistentes a los antibióticos. Una vez ocurrido esto, para curarla se necesitan drogas más fuertes, y hay que comenzar otra vez el círculo de curaciones.
La enfermedad ha vuelto a expandirse debido a la pobreza, la falta de acceso a servicios de salud y los consecuentes bajos índices de vacunación, la falta de políticas públicas de prevención y la irrupción del sida. Curiosamente, volvió a ser noticia en la ciudad de Buenos Aires, en febrero último, por el abrazo simbólico que trabajadores y vecinos de Palermo hicieron como rechazo al cierre de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, la institución que presta ese servicio desde hace 109 años en forma gratuita a todos los enfermos.
Fue entonces cuando los medios recordaron que unos 2000 pacientes mueren en el país a causa de la tuberculosis y que, como lo señalaron también los voluntarios de la Red Solidaria, una persona se enferma en la Argentina cada 45 minutos. Dos meses más tarde, la mencionada entidad continúa con sus dificultades económicas, pero el tema ya abandonó la atención de la opinión pública.
Editorial IITuberculosis, un mal reemergente
El aumento de la pobreza y el menor acceso a los servicios de salud alimentan la reaparición de esta silenciosa enfermedad
> Ir a la notalanacion.com | Opinión | S?do 24 de abril de 2010

