Una alianza sectorial que se resquebrajó
Cristian Mira
Sorpresa y perplejidad eran ayer las palabras más escuchadas en los ámbitos agropecuarios que Intentaban interpretar la elevada adhesión que obtuvo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las localidades que viven del campo.
Después del conflicto por las retenciones móviles, en 2008, de las elecciones legislativas de 2009 y de los resultados que mostraban los comicios de Santa Fe y Córdoba se creía que en esos lugares el “voto del campo” se iba a expresar en forma rotunda por la oposición.
La explicación más simple dice que los productores votaron con el bolsillo porque los precios de la soja y de la hacienda son tan altos que se olvidaron de su enfrentamiento con el Gobierno. Sin embargo, hay una interpretación un poco más profunda.
Lo que últimamente se entendió como el “voto del campo” incluía, además de los productores, a otros dos sectores, uno que está directamente vinculado con la actividad (vendedores de insumos, transportistas o trabajadores de la industria de la maquinaria agrícola) y otro que, en forma indirecta, vive del circuito económico del agro (comerciantes o prestadores de servicios). Tanto en 2008 como en 2009 los productores y los otros dos sectores se expresaron de la misma forma. Esta vez, esa alianza se resquebrajó.
Aunque su situación económica sea positiva por los efectos de la suba de los precios internacionales, el productor rural promedio sigue siendo opositor al Gobierno. Se queja porque tiene problemas para vender el trigo o el maíz y sabe que el Estado se lleva en impuestos regresivos -como las retenciones- una parte importante de sus ingresos. Filosóficamente rechaza las regulaciones y prefiere la libertad de comercio, dos ideas con las que el kirchnerismo no comulga. Escuchó promesas que nunca se cumplieron y cree que cuando el Gobierno habla de las bondades del modelo, él no está incluido.
Pero quienes están directa e indirectamente vinculados con la actividad agropecuaria no siguen en detalle los problemas cotidianos de los productores. Saben que en esos pueblos la economía gira alrededor del campo y, hoy esa economía está muy bien. “En ciudades como Venado Tuerto o Pergamino mejoró el consumo de la gente”, señala Juan Carlos Tejada, director de la consultora Sondeo/Jefferson Davis, que realiza estudios de opinión sobre el campo.
“El productor rural, aunque cree que el conflicto por la 125 es cosa del pasado, tiene una opinión contraria a la política agropecuaria del Gobierno -explica-. Sin embargo, sabe que económicamente está mejor que otros sectores de la sociedad.”
Otro segmento del sector agropecuario que posiblemente haya votado en las primarias por la Presidenta es el de los propietarios de campos que alquilan a contratistas o a productores. Más del 50% de la agricultura argentina se realiza sobre campos alquilados y la renta de este segmento que menos riego empresario asume no ha dejado de crecer desde la continua expansión de la soja.

