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Docentes inquietos por padres sin autoridad

Por Silvina Premat | LA NACION La falta de autoridad de los padres sobre los hijos y el papel que deben ocupar los docentes frente a ese vacío inquietan a los especialistas en educación. Consideran que dar a elegir todo a los niños es una manera de abandonarlos frente a decisiones que los exceden, algo que perjudica mucho su aprendizaje y formación. Cómo recuperar los papeles que debe tener cada actor en esta sociedad -el padre, como adulto guía; el hijo, como aprendiz, y el docente, como acompañante en la socialización- ha sido tema central de los especialistas y educadores que, liderados por la pedagoga española Mari Carmen Diez Navarro, participaron del 5° Encuentro Internacional de Educación Inicial, que se desarrolló en Buenos Aires durante el fin de semana. Unos 1300 educadores asistieron al encuentro realizado por la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). “Debe entenderse que la tecnología no reemplaza a los padres”, afirmó Diez Navarro durante una entrevista con LA NACION en la que advirtió los efectos nocivos que trae aparejada la fragilidad del papel del padre actual. Esta autora de una quincena de libros dirigidos a docentes de educación inicial y directora de una escuela privada no confesional de Alcalá, afirma que “dar a elegir todo a los niños es igual a abandonarlos”. -¿El manejo de la tecnología por parte de los niños inhibe a los padres en su función? -Sí, porque es magnífico y fascinante ver a un chico de dos años y medio que sabe buscar fotos y manejar el iPad, como pasa con mi nieto, que lo hace más velozmente que yo. El pequeño copia comportamientos. El mayor queda tan admirado que se bloquea y dice: “Este niño es muy listo, sabe todo, es un dios”. Y si luego tiene que frenarlo en algo, no puede hacerlo porque lo ha colocado en un sitio que no es el que le corresponde. -¿Cómo influye esta actitud del adulto en la formación del niño? -Es una pérdida. Lo que está pasando es peligroso. Vemos que los niños siguen teniendo los mismos impulsos, la misma curiosidad, pero ahora están como más “malvados” por decir así, por haberlos puesto en un sitio que no es el suyo y porque el adulto se ha retirado. -¿Cómo es eso? -Buscando el bien del chico el adulto dice “que elija él” o, como está de moda ahora, “que se autorregule”. Se le dice: “Si quieres comer, come” o “Si quieres acostarte, hazlo, y si no, quédate levantado”. Así, están saliendo niños que tienen problemas para alimentarse y para dormir, y para aceptar la frustración. Es como si hubiésemos puesto una bandera que indica que la frustración es lo peor de esta vida. Pero la frustración es parte de la vida. -Es puro sentido común… -Sí, pero lo hemos perdido completamente. Conozco muchos casos como el de una madre que no cambió el pañal de su hija de un año y medio porque la niña se negaba a que lo hiciera. Los otros niños pedían que la cambiaran por el olor que desprendía el pañal sucio de la niña. La madre dijo: “Cuando ella lo quiera”. La niña lo quiso dos horas después. -¿Es falta de autoridad? -Sí. Y no es un favor para los chicos. Tú le dices a un niño: yo te quiero, soy mayor y te digo “esto no”. Enseñarle a tener límites es un favor que les hacemos porque cuando crezcan y salgan a la calle nadie les dejará que hagan lo que quieran. Este es de los problemas más serios que hay ahora porque el niño está confundido. Si porque quieres mucho a tu hijo de dos años lo dejas decidir cuándo y qué comer, lo estás abandonando y lo estás dejando solo con decisiones muy grandes para él. -¿Esta actitud tiene efectos en el aprendizaje? -Claro. Si el niño tiene límites definidos se dedica a aprender, a jugar, a estar con amigos. Si tiene algo poco claro, repite el comportamiento mil veces. Son estos niños que se suben arriba de la mesa, por ejemplo, cuando están con la maestra y entran los padres. Lo hacen como para ver quién manda más. -Por miedo a acusaciones de abuso sexual o responsabilidad civil muchos maestros se retraen en el contacto con los chicos. ¿Pasa esto en España? -Sí, pero no en una dimensión importante. Hay que confiar en que el maestro es una buena persona. Lo otro es muy poco común frente a los miles de buenos maestros. El cuerpo es muy importante porque es vehículo de todo. En España ahora está creciendo una corriente por la que las maestras no quieren cambiar a los niños argumentando que estudiaron para otra cosa y que para eso hay que designar auxiliares. Sin embargo, el docente debe acompañar a crecer al niño en lo intelectual, en lo afectivo, en lo relacional. Y así como responde sus preguntas y le enseña a escribir, también le cambia los pañales o lo ayuda si le sangra la nariz. -¿Sugiere incorporar los nuevos medios en la educación? -Hay que sumarlos en la medida de lo necesario. En nuestra escuela damos un tallercito de informática de una hora a la semana a los niños de 4 y 5 años; allí se les enseña a manejar el lápiz óptico, los colores, hacer fondos, etcétera. Pero no quitamos los pizarrones de tiza porque son tan placenteros como la tierra: escribes y borras, y da igual. Los niños pequeños deben llegar a la tecnología poco a poco. -¿La prioridad sigue siendo la relación docente-alumno cuerpo a cuerpo? -Sí, porque cuando se prioriza tanto la tecnología como los rendimientos, y se dejan de lado las relaciones humanas, la educación pierde su significado, que es enseñar a socializarse, a manejarse con la gente. Lo otro puede hacer expertos en algo pero luego se llevan de bofetadas con sus compañeros. Estoy pensando en un alumno mío que con la máquina le gana hasta a su padre y de lo único que habla es de eso, no juega con otros juguetes y se aburre si no está con la maquinita. Tiene cinco años y para él ése ya es un problema. El papá del niño es un adicto a la informática.

El perfume en una tarjeta bancaria

Por Alberto Borrini | LA NACION La campaña se llama “Olorcito a ahorro” y no es una figura simbólica. El olor es uno de los elementos diferenciales de la novedad publicitaria de la tarjeta Santander Río, que alguna vez acuñó el eslogan “¡Qué grande esta tarjeta!” y que ahora puede alardear de ser la más perfumada, porque viene con una fragancia exclusiva que estará al alcance de las narices de todos los clientes. “Queremos que el «Olorcito a ahorro» esté directamente asociado al uso de la tarjeta y a todos sus beneficios. Fue pensado para aromatizar el momento de la compra, para disfrute de nuestros clientes y para que puedan identificar aquellos lugares donde les conviene usar la tarjeta”, argumenta Alberto Aveleyra, gerente de Marketing del Santander Río. Todo partió de una idea. “La gente va a ver el comercial y los anuncios en gráfica, pero lo realmente innovador es que va a disfrutar del olorcito a ahorro. Pudimos generar una campaña tan grande que cruza desde un comercial televisivo hasta la elaboración del perfume”, expresan Maximiliano Maddalena y Javier Mentasti, directores generales creativos de Ogilvy & Mather Argentina, la agencia del banco. No sólo se hicieron kits compuestos por distintos formatos de fragancias para poder aromatizar las sucursales del Santander Río a nivel nacional, sino que usarán el recurso las diferentes marcas con las que el banco tiene alianzas. Habrá además promotoras en shoppings haciendo entrega de muestras aromatizadas los días en que haya descuentos y se entregarán miles de ambientadores para vehículos. “Si bien algunas marcas generan fragancias para ambientar sus puntos de venta, nosotros buscamos hacer algo más: que la gente disfrute cada vez que use la tarjeta, y una vez instalado el «Olorcito a ahorro» advierta dónde hay descuentos con el Santander”, continúa Aveleyra. La fragancia es obra de un equipo formado por anunciante y agencia. “Trabajamos codo a codo para generar un concepto que vincula el ahorro con lo sensorial, algo absolutamente nuevo para la categoría”, comentó Germán Yunes, CEO de Ogilvy & Mather Latina South. Paula Bernasconi, gerente general de la agencia local, añadió: “Santander Río fue el creador de los ahorros hace diez años. Hoy vuelve a provocar una ruptura para estar un paso más adelante”. El director perfumista del proyecto durante todo el proceso fue el maestro francés Michel R.P. Garnero, radicado en nuestro país y creador de reconocidas fragancias. Ernest Dichter, famoso gurú de la investigación motivacional, escribió, décadas atrás, que el olor es un aspecto importante en la orientación del hombre en el mundo que lo rodea. Opinó además que el perfume identifica más a la mujer que al hombre. ¿Acaso “Olorcito a ahorro” puede tener un efecto mayor en el público femenino que en el masculino? Aveleyra responde: “Es cierto que las mujeres están más pendientes y valoran este tipo de acciones, pero nuestra campaña va a impactar tanto a hombres como a mujeres porque a todos nos gusta ahorrar”. Agrega que “el aroma siempre completa una experiencia y además nos la recuerda. Se habla incluso de que la memoria olfativa es todavía más fuerte que la visual. Por eso los ahorros tenían que tener su propio olor”. La unión de mundos tan dispares como las finanzas y las fragancias logró algo más: que el perfume se erigiera como una brújula, o mejor, como un nuevo medio publicitario. Lo dice de otra manera Rodrigo Luque, director del grupo de Cuentas 360 de Ogilvy & Mather Argentina: “En una categoría donde los descuentos, las cuotas y los beneficios siguen siendo muy valorados por la gente, logramos crear una nueva manera de transmitir los beneficios que ofrece la tarjeta”.

Una buena razón para dejar de reír

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION Amado Boudou se ha desplomado en las encuestas y ya carece de toda influencia política en el propio gobierno que lo llevó a la cumbre hace apenas cinco meses. Esa inestabilidad, propia de la política, se está agravando seriamente en la Justicia, donde ya hay dos investigaciones sobre presuntos actos de corrupción del actual vicepresidente y ex ministro de Economía. Ayer, Boudou recibió la segunda imputación, esta vez por supuesto enriquecimiento ilícito. Ya estaba imputado por tráfico de influencias en la causa que investiga la extraña compra de la ex Ciccone, la impresora de billetes más importante del país. El dictamen del fiscal Jorge Di Lello es significativo por varias razones. La primera de ellas es que incorporó a la investigación a los principales personajes (salvo la novia del vicepresidente, Agustina Kämpfer) del caso Ciccone. Incorporó al amigo confeso de Boudou, José María Núñez Carmona, y a Alejandro Vandenbroele, actual presidente de la ex Ciccone y supuesto amigo escondido del vicepresidente. Núñez Carmona es quien une a Boudou con Vandenbroele, porque se constató que es amigo de los dos. Otra razón llamativa es el propio fiscal. Di Lello es un hombre con muchos años en la Justicia, que estuvo preso por la dictadura en los años 70 y que es -o era- conocido por su cercanía ideológica con el gobierno de los Kirchner. Sin embargo, nada hace suponer, por ahora, que el Gobierno le haya soltado la mano a Boudou. Ya sea porque su presencia en el poder supone un error personal de la Presidenta o porque Boudou sabe más cosas que las que se sospechan, lo cierto es que nunca antes el poder influyó tanto en la Justicia como lo está haciendo ahora para proteger al vicepresidente. El ejemplo más emblemático de tal aseveración es la inestable situación del fiscal Carlos Rívolo, que tiene a su cargo la investigación sobre la participación de Boudou en la compra de la ex Ciccone. El juez Ariel Lijo, que reemplazó al recusado Daniel Rafecas, postergó ayer, tomándose un plazo extraño, la resolución sobre la recusación del funcionario judicial que más trabajó en el caso Ciccone, que es Rívolo. Ayer se venció el último plazo para que Lijo decidiera sobre el destino del fiscal, pero el juez decidió tomarse más tiempo. Los plazos en la justicia federal son “perentorios” para el común de los mortales, pero se consideran sólo “orientativos” para los jueces. Es decir, pueden respetarlos o no. Esas dilaciones no son buenos mensajes para una sociedad que viene reclamando por los interminables tiempos de la Justicia. Abatidos de la peor manera el ex jefe de los fiscales Esteban Righi y el juez inicial Daniel Rafecas, el Gobierno necesita sacarlo ahora del caso a Rívolo. El objetivo fue siempre Rívolo más que Righi (acusado de inacción por el oficialismo) y que Rafecas (que se limitó a conceder casi todos los pedidos de Rívolo). Ninguna otra instrucción por eventuales hechos de corrupción política, como el caso Ciccone, avanzó tanto en apenas 45 días. Pero las recusaciones de Rafecas y del propio Rívolo frenaron en seco la investigación. En rigor, frenaron sólo los actos susceptibles de ser cuestionados si Rívolo fuera apartado. Otras pruebas sobre las conexiones y relaciones entre Boudou y Alejandro Vandenbroele se siguen acumulando. Boudou ha desmentido siempre cualquier relación con Vandenbroele. Aseguró que ni siquiera lo conoce, pero ciertas constataciones están desmintiendo esa aseveración. El Banco Santander confirmó que Vandenbroele pagó expensas del departamento de Boudou en Puerto Madero, alquilado a Fabián Carosso, un abogado rosarino que vive en Madrid. Boudou dijo siempre que no sabía que Vandenbroele estaba en medio de ese alquiler. Resulta que Vandenbroele pagó parte del alquiler de ese departamento y durante cinco meses tuvo el servicio de cable a su nombre. Vandenbroele tuvo también a su nombre el servicio de telefonía fija en el departamento de Boudou, como publicó LA NACION el domingo. ¿Pagó expensas, teléfono y servicio de televisión por cable del departamento de Boudou, pero no vivió ahí? ¿O, acaso, fue Vandenbroele y no Carosso quien vivió en el departamento de Boudou? Ya esto es lo más probable, porque la chapucería es lo único que sobra en esta saga. El padre de Carosso, Hugo Carosso, es un dirigente radical de Rosario, que declaró que su hijo nunca tuvo nada que ver con Boudou ni con Vandenbroele y que su condición de inquilino debió ser una “gauchada” a un amigo. También aseguró que su hijo sólo venía al país unos 30 días al año, pero que pasaba más tiempo en Rosario que en Buenos Aires. ¿Alquiló un departamento en Puerto Madero sólo para vivir unos pocos días al año? Dirigentes radicales se movilizaron para encontrar a Carosso padre y llevarlo a declarar ante la Justicia. Su testimonio es clave para desmontar la coartada del vicepresidente. Hasta el presidente del radicalismo, Mario Barletta, también santafecino, se movilizó en busca de Carosso. Lo encontraron. Hugo Carosso les respondió a los radicales, conmocionado, que su hijo le había pedido que se callara la boca y que desapareciera de los medios. “Esto es muy grave”, contó que le confesó su hijo. Desapareció. Nadie sabe ahora nada de él. Boudou está formalmente imputado en la causa por tráfico de influencias en la compra de la ex Ciccone. La carátula del expediente judicial comienza con su nombre y apellido. No obstante, el abogado que lo defiende de hecho es Diego Pirota, el defensor de José María Núñez Carmona, el amigo de Boudou y de Vandenbroele. Pirota es quien recusó a Rívolo, pero el fiscal no hizo nunca nada que afectara a su defendido Núñez Carmona. Es Boudou, y no Núñez Carmona, quien quiere desalojar a Rívolo de la causa. Pirota lleva adelante la estrategia común de la defensa de Boudou, de Núñez Carmona y, tal vez, del propio Vandenbroele. La ex Ciccone cayó supuestamente en manos de un grupo de amigos de Boudou. La empresa controlante, The Old Fund, que preside Vandenbroele, tiene dueños desconocidos. Ni la Justicia ha podido aproximarse a la verdad sobre sus propietarios. Con todo, el Gobierno avanzó y le confió la impresión de billetes de 100 pesos, que ya está fabricando, justo cuando sucedía la erupción nacionalista por YPF. ¿Personas desconocidas imprimen los billetes de los argentinos? Sí, es así. Nadie los conoce. Sólo se sabe que uno de los socios, Sergio Martínez, está prófugo de la justicia norteamericana por robar tarjetas de crédito. Hay otras cosas tan graves como ésa: la ex Ciccone debe aportes y cargas sociales y tiene una deuda con la agencia impositiva bonaerense desde 1994, cuyo pago le está reclamando desde 2009. Carece, por lo tanto, del imprescindible certificado de aptitud para ser contratista del Estado. El Gobierno la contrató y pasó por encima de la ley. “Eso es un delito”, recordó el abogado Ricardo Monner Sans ante el juez Lijo. En medio de esas constataciones, y de las tardanzas del juez, apareció el fiscal Di Lello con una noticia tan explosiva como la de Ciccone. Di Lello sería el reemplazante de Rívolo si éste fuera apartado de la causa. El gobierno de Cristina Kirchner está acosado por otros conflictos muy graves, que han enervado a sectores sociales, dividido a los esquivos sindicalistas y retraído fuertemente la economía. Boudou tiene ahora buenas razones para dejar de reír.

El problema que no detecta la Presidenta

Por Carlos Pagni | LA NACION Cristina Kirchner pronunció el jueves pasado un discurso que tal vez pase a la historia del oficialismo como uno de sus grandes documentos. No sólo porque expuso con gran transparencia las razones a las que atribuye sus dificultades económicas. También, y sobre todo, porque a la luz de ese texto es fácil advertir los problemas que ella no consigue detectar, las preguntas que no puede formularse. La Presidenta terminó de definir un fenómeno cada vez más evidente: el enojo con Hugo Moyano es la anécdota de un conflicto más amplio con el sindicalismo en su conjunto. Ese jueves, el metalúrgico Antonio Caló encabezó un paro general para conseguir un aumento de salarios del 31%. Caló fue a la huelga a pesar de que la señora de Kirchner le había ordenado, a través del teléfono manos libres de Carlos Tomada, un arreglo del 21%. Caló era el candidato del Gobierno a conducir la CGT en reemplazo de Moyano. ¿Por qué los dirigentes sindicales se han convertido en una dificultad? Para la señora de Kirchner, la razón hay que buscarla afuera. Según ella, “durante unos cuantos meses, desde los medios de comunicación monopólica intentaron ocultar lo que pasaba con el mundo, pero ya es inocultable”. Es decir, la crisis internacional exige mayor responsabilidad de los actores sociales porque “nosotros no nos caímos del mundo, sino que el mundo se cayó sobre nosotros”. Esta visión dispara varios interrogantes: ¿por qué “el mundo” no se cayó también sobre Brasil, Colombia o Perú, que crecerán este año más del 4%? ¿Por qué no aplastó a Rusia, Turquía o Polonia, que se expandirán al mismo ritmo? ¿Por qué el derrumbe nos afecta este año y no el anterior, si el crecimiento internacional será el mismo? Y el acertijo principal: ¿por qué los demás gobiernos de la región no están afectados en el frente sindical? Al contrario: el brasileño más famoso es un sindicalista. Estas incógnitas se despejan cuando se incorpora una variable que la Presidenta no consigue mencionar: la inflación. Es la inflación, y no “el mundo”, la que explica que la Argentina sea el único país de América latina en el que los gremialistas son noticia. Empeñados, como buenos populistas, en maximizar el presente con una excitante fiesta de consumo, los Kirchner menospreciaron la inflación. Corrían con ventaja: encontraron un país que venía de una recesión de cuatro años; la capacidad ociosa de la economía era superior al 50%, y la pobreza había alcanzado al 55% de la población. Desde un punto de partida tan bajo, cualquier estrategia expansiva tardaría en encontrar un límite. Pero ese límite llegó. La inflación fue quitándole competitividad al aparato productivo y exigiendo subsidios cada vez más insostenibles para las cuentas públicas. Los costos en dólares se volvieron una mochila insoportable para las empresas. El superávit comercial se redujo más y más, con la consecuente escasez de divisas. Para abordar este problema, el Gobierno no recurrió al mercado de deuda ni incrementó la tasa de devaluación. Prefirió una tercera vía: bloquear las importaciones, impedir la repatriación de dividendos e intervenir el mercado de cambios. Es decir, montó un corralito más sofisticado que el de Domingo Cavallo. Aquél bloqueaba el acceso a los pesos para impedir la demanda de dólares. En el actual, los pesos están disponibles porque se suprimió la oferta de dólares. El conflicto con los sindicalistas se alimenta de esta política. La clausura de la economía induce a una mayor inflación. Y la ortopedia cambiaria dispara el dólar paralelo y, con él, los precios de reposición de las mercaderías. Son factores que se agregan a los que el Gobierno ya había desplegado: incremento sideral del gasto público, que en abril fue del 34% interanual; expansión de la base monetaria, que crecerá otro 40% este año, y remuneración de los ahorros con una tasa que, al ser la mitad de la inflación, obliga al gasto. Amado Boudou tuvo claro este proceso, al que sus amigos se asociaron imprimiendo billetes con Ciccone. La inversión, mientras tanto, se retrae. El jueves la Presidenta les pidió a los empresarios que inviertan , recordándoles los subsidios y exenciones fiscales que ella ofrece. No se le ocurrió preguntarse por qué, con esas ventajas, ellos se resisten a invertir. Tampoco indaga por qué las empresas quieren remitir sus utilidades al exterior cuando “el mundo” se derrumba y la Argentina es un edén. El ciclo económico que permitió al kirchnerismo alcanzar sus grandes marcas ingresa en el otoño por su propia dinámica. Ese agotamiento convierte a la inflación en un problema inocultable. Las empresas ya no podrán acompañar la carrera de los precios con mejoras en los sueldos, porque la economía comienza a desganarse. También la pública: entre marzo y abril, los fondos de coparticipación que recibieron las provincias tuvieron una caída del 6%. Moderar la escalada salarial y mantener la vitalidad del mercado interno serán en adelante objetivos incompatibles. Si se pretende mantener el salario real, es decir, conceder aumentos nominales por encima de la inflación, habrá que destruir puestos de trabajo. Si se pretende mantener los puestos de trabajo, habrá que reducir el salario real. El Gobierno ya no podrá aspirar a mejorar el poder adquisitivo de los asalariados y a incrementar el nivel de empleo al mismo tiempo. Esta es la noticia que la Presidenta no terminó de formular el jueves pasado. Aunque estuvo cerca de hacerlo, al recordar que “no hay mayor disciplinador social que la desocupación”. Un minuto después presentó al “Centauro” Andrés Rodríguez, el representante de los empleados públicos, como un dirigente ejemplar, ya que se conformó con un 21% de incremento salarial. Cristina Kirchner está irritada porque el sindicalismo entorpece sus operaciones más relevantes. A los petroleros privados no les interesa integrar el directorio de la nueva YPF. Prefieren ceder ese lugar a Antonio Cassia, del viejo SUPE, y quedar libres para las disputas de salarios. En Santa Cruz, Chubut y Neuquén exigen un aumento del 31%. Un gran problema para Miguel Galuccio, el nuevo CEO de YPF. En Aerolíneas los gremios no quieren aprobar los balances a Mariano Recalde. La disputa originó una ruptura en la conducción de la empresa. Los sindicalistas dialogan con Gustavo Marconato, el vicepresidente de la empresa, un ex diputado ajeno a La Cámpora. En el sector de la distribución eléctrica, las pretensiones de Luz y Fuerza forzarán a un aumento de subsidios o a una suba de las tarifas. La opción de estatizar las compañías ha quedado descartada, salvo en el caso de Transener, que pertenece a Marcelo Mindlin y a Gerardo Ferreyra, amigo de Carlos Zannini y propietario de Electroingeniería. Las nuevas condiciones de la economía sepultaron la posibilidad de una CGT oficialista. El discurso del jueves fue la última palada de tierra sobre ese sueño. Sólo el taxista Omar Viviani, antigua sombra de Moyano, mantiene la quimera postulándose en lugar de Caló. El resto debatirá cómo enfrentar el conflicto que anticipó la Presidenta. Todos los formatos están en consideración, lo que incluye poner la central bajo un triunvirato integrado por el ultra-antikirchnerista Luis Barrionuevo, o postergar el congreso de julio para definir la nueva conducción a fin de año. Además de redefinir el vínculo sindical, Cristina Kirchner tendrá que revisar su hoja de ruta política en el marco del nuevo contexto económico. Daniel Scioli se postuló a la Presidencia teniendo en cuenta las dificultades materiales del Gobierno. En la Casa Rosada, hay quienes aconsejan dar ya la batalla de la reelección, antes de que el malhumor colectivo aumente. El objetivo sería enviar el proyecto de reforma al Congreso y elegir constituyentes en las legislativas del año que viene. Diana Conti debería cambiar su eslogan “Cristina eterna” por “Cristina, ahora o nunca”. El momento es interesantísimo. El kirchnerismo debe encarar el ajuste desde la cima de su hegemonía. Es habitual que de ese par de dimensiones, ajuste y hegemonía, brote un impulso autoritario. También esa inclinación estuvo presente en el discurso del jueves. Cristina Kirchner concluyó su elogio a las tareas de espionaje de la Gendarmería con esta frase: “Así que quédense tranquilos. Salvo que estén haciendo algo que no corresponda, ahí si puede ser que estén en el proyecto X”. Fue una broma, de esas que suelen envolver una amenaza.

Peronismo, ficción y realidad

Por Maximiliano Tomas | Para LA NACION Uno termina de convencerse de que es indudablemente argentino cuando, del otro lado de las fronteras, escucha por primera vez esa pregunta para la cual, aun avisado y preparado, jamás encontrará una respuesta satisfactoria: ¿y usted, amigo mío, sería tan amable de explicarme por favor qué es eso del peronismo? Nada más atinado, luego del interrogante, que encarar un abrupto cambio de tema. ¿Cómo contarle a alguien que no haya nacido en la Argentina que no existe una doctrina peronista, ni una ideología peronista, ni tampoco una sola manera de encarnar el peronismo? ¿Cómo decirle que ni siquiera los tres gobiernos del propio Perón fueron homologables entre sí, que uno de sus más longevos dirigentes, Antonio Cafiero, supo confesar públicamente que “el peronismo da para todo”? ¿Cómo hacerle entender a un extranjero que las aproximaciones al misterio peronista hechas por las distintas corrientes historiográficas son quizá tan válidas y tan verdaderas como las imaginadas por cualquier escritor de ficción? Ah, el peronismo y la intelectualidad. Oh, los escritores y el peronismo. Uno de esos temas tan incómodos: el peronismo como el movimiento político de mayor contenido mítico y simbólico, como una fuerza que atrae y repele con la misma intensidad. Sucede que, aun desde el rechazo (Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, contras por antonomasia), el peronismo ha sabido convocar la voluntad literaria como un poderoso imán, y la lista de autores que se han volcado a pensarlo, interpelarlo y ponerlo en crisis desde el terreno de la ficción, aún incompleta, es notablemente extensa: Rodolfo Walsh, David Viñas, Germán Rozenmacher, los hermanos Lamborghini (Leónidas y Osvaldo), Néstor Perlongher, Tomás Eloy Martínez, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano, Jorge Asís, Guillermo Saccomanno, Abelardo Castillo, Rodolfo Fogwill, Martín Caparrós, Carlos Gamerro, Carlos Godoy. En 2004, Daniel Guebel había sumado su nombre a esta lista, al publicar una efectiva sátira sobre la militancia peronista titulada La vida por Perón. El mismo Guebel acaba de aportar ahora (aunque, por supuesto, de manera transitoria) el último eslabón a esa larga cadena de obras que atraviesan al peronismo con las herramientas de la imaginación, con dos nouvelles, una obra de teatro breve y un relato reunidos bajo el nombre La carne de Evita. En “La infección vanguardista” y “Monumentos”, los dos primeros textos del libro, Guebel piensa al peronismo como lo que también fue, un recipiente vacío o un molde dentro del cual volcar el contenido que se crea más conveniente: sueños, proyecciones, deseos y frustraciones. Guebel juega con la libre interpretación que se hizo durante décadas de los mensajes que el líder del movimiento enviaba desde su exilio en Madrid, y les da vida a las oscuras maquinaciones que por años se construyeron alrededor de la figura de Perón, el cadáver de Eva y la inefable dupla compuesta por Isabel Martínez y José López Rega. En “El libro negro”, relato que cierra el volumen, imagina el descenso a los infiernos del desenfreno sexual de una Eva insaciable, en el sendero nefando que ya transitara Perlongher en Evita vive. “Así como Perón volvió del exilio y enfrentó a la sinarquía internacional por amor a las masas argentinas, yo, la más fiel y humilde y fanática de sus seguidoras, yo, que no le llego ni a la suela de sus botines y que me daría por bien paga con sentir el peso de su pie aplastándome la nuca, debo atravesar todo límite por la causa del bien de la patria y de sus grasitas. Y para eso no alcanza con el beneficio espiritual de la limosna, hay que descomponerse de dolor como una madre en los dolores del parto”, declara la Eva de Guebel antes de abordar su limusina, recorrer las calles oscuras de Constitución al caer la tarde rescatando a las masas del frío, y entregarse en cuerpo y alma a su pueblo. Pero es el texto central, la obra de teatro “La patria peronista”, el que como en un homenaje superador a la Eva Perón de Copi pone en escena la superchería que planea sobre las figuras históricas de Perón y Eva, y aprovecha para burlarse de los clichés en torno a la militancia juvenil, que hoy tantas almas bellas adoptan como si se trataran de verdades reveladas, sin siquiera pensar en la posibilidad de una autocrítica. Volviendo a la pregunta de nuestro amigo extranjero, si alguna vez hubo una manera de definir sintéticamente al peronismo, después de las experiencias Carlos Menem-Eduardo Duhalde-Néstor Kirchner-Cristina Fernández, adscriptos en los papeles a un mismo signo político (y verdaderas máquinas de construir sentidos contradictorios), esa posibilidad ya no existe. Ni siquiera sirve de ayuda aquella célebre proposición de John William Cooke (“El peronismo es el hecho maldito del país burgués”), que en los tiempos que corren parece tan verdadera como su reverso (“El peronismo como hecho burgués del país maldito”). Más certera y actual resuena la síntesis a la que Guebel llega en la página 102 de su nuevo libro: “Además de una religión y una estética, el peronismo es nuestro cuento oriental. Y los buenos cuentos duran largo tiempo”. La realidad, al menos, parece estar dándole la razón. © La Nacion.