A lo Charles Bronson
Según algunos trascendidos, Osama Bin Laden estaba localizado hacía bastante tiempo, de modo que lo que debemos preguntarnos es porqué la operación se hizo antes de ayer y no el mes pasado o en diciembre. Pero hay algo que por lo menos debería discutirse y es esta dualidad que el cine norteamericano ha trabajado persistentemente: Por un lado la imagen del detective que se para frente al sospechoso y exhibe la orden de detención firmada por un juez y por otro la justicia por mano propia, el tipo que harto de los vericuetos leguleyos, anque alguna trapisonda en su contra, la emprende con su propias manos y armas contra el aborrecible villano.
Estados Unidos se autoerige como la cúpula de la civilización y vende la imagen (nunca probada) de que es un fiel representante de la ley y el respeto por las libertades, etc, etc. Pero a la hora de los bifes se pasa las consignas por el forro y termina rompiendo todo a lo Charles Bronson. Aunque a primera vista parezca una zoncera exigir que el grupo de tareas hubiese apresado a Bin Laden, es una parte del discurso yanqui la que, a la postre, termina condenando el accionar del premio nobel de la paz. Se dice desde cierto pragmatismo de mirada corta, que si Bin Laden era llevado a juicio y se ponía a hablar, iban todos presos (como decimos en el barrio) pero bueno, de eso se trata según el discurso de las buenas costumbres de la Casa Blanca ¿No? De haber extremado los cuidados para mostrarle al mundo cómo se actúa en estos casos, dejando claramente expuestas las diferencias de procedimiento entre las bandas terroristas y las democracias humanistas.
Claro, dado que el tipo va a hablar y dejar mal parados a más de un conspicuo miembro del complejo militar-propagandístico de Estados Unidos, pues hay que hacerlo añicos. Ahí se cae con todo su peso el discurso yanqui, ahí queda expuesto el maridaje más obsceno entre “el bien y el mal” ahí queda al descubierto la razón imperialista de su política exterior. La realidad es así, el resto es cine…
El proceder de Estados Unidos ayuda como pocas veces a poner blanco sobre negro algunas cuestiones. Si es cierto que lo tenían ubicado hacía tiempo y por ende montaron un operativo de estas características, nadie se cree que no podrían haber procedido con el bisturí en lugar de usar la motosierra. Con la tecnología con que cuentan los norteamericanos para estos asuntos es dable suponer que podrían tranquilamente haber intentado proceder tratando de preservar la vida de Bin Laden para llevarlo ante la justicia, como en las películas. Pero no, se impuso la naturaleza sangrienta del gendarme y los medios del mundo celebran con los habitantes de New York la muerte del maldito, como si fuera él la causa y no la consecuencia de todos los males del mundo.
Bin Laden no contaba con mi simpatía, pero la verdad la verdad, con los yanquis me pasa como con la policía:
Le temo más que a los chorros.
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