Ahora también nos pega Beatríz Sarlo
En esta columna publicada hoy en La Nación cuya lectura recomiendo se puede leer entre otra cosas esto: “Y también están los blogs y los blogueros, celebrados por Aníbal Fernández en una de sus últimas escapadas nocturnas como militante. La “nube K” sostiene decenas de páginas web conocidas y desconocidas (todos los opositores leen la de Artemio López, porque, con buen ojo, siempre se encuentra algo). Precisamente, la mortecina página de Carta Abierta indica el modo en que la crema de los intelectuales kirchneristas es relativamente ajena a ese mundo. Pero lo fundamental de la “nube K” son los condottieri que recorren la web buscando palabras clave que les permitan llegar a intervenciones en portales, periódicos digitales, blogs, que piden a gritos un comentario de la ortodoxia doctrinaria kirchnerista. Sobre todo, que hagan indispensable el insulto y el desliz maledicente de un modo sólo comparable con la violencia verbal que ejercen algunos comentaristas anti-K en otros foros virtuales. La Web no es una nube de ángeles que quieren simplemente comunicarse con independencia de los grandes medios. Los blogueros y comentaristas se identifican con las formas rizomáticas de una nueva esfera virtual, donde no se es responsable ni de la injuria ni del falso testimonio. Viven del rumor que difunden y multiplican; viven también del anonimato, que es la regla que nadie se atreve a discutir. Este mundo es difícil de cuantificar. Por un lado, está el lugar común de la importancia de la Red, de Twitter, etcétera; por el otro, el temor religioso de quedarse fuera de lo nuevo; finalmente, están los vivos: la Red existe y es gratis. El dispositivo kirchnerista no se completaría sin ella. Tampoco sería realista un cuadro que no registrara los episodios de una batalla cultural por las capas medias. Cuando se habla de hegemonía, en un sentido estricto, hay que pensar en esta dimensión donde se juega a convencer, aunque, cada vez con más frecuencia, pasen a primer plano los aficionados a las trompadas. Total, como dijo un comentarista de 6, 7, 8, en la Feria del Libro no hay más violencia que en un concierto de rock.”
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