Aunque no lo veamos, el sol siempre está

Cristina hizo lo que años atrás era impensado: que un presidente democrático tuviera la entereza para informarle al pueblo argentino de la existencia de ese poder hasta hace poco tiempo oculto, invisible.
La disputa queda planteada cara a cara. Cristina descubre los velos, remueve la maleza para que la sociedad argentina vea con sus propios ojos lo hasta ahora invisible o difuso. Se corrieron las cortinas y los mantos. De ahora en más el que no ve es por que no lo desea. De ahora en más sobrevendrá el tiempo de las interpretaciones y los posicionamientos políticos, pero la evidencia es la evidencia. Ahora les toca explicar tanta asociación moralmente ilícita a las dos naves insignias del dispositivo mediático, que con sus notas y tapas virtualmente clonadas del día de la fecha expusieron ante todo el país su alianza pétrea con lo más hediondo de un pasado horroroso de sangre vejámenes y muerte.
Ese poder hasta hoy oculto tendrá que responder en la justicia todas y cada una de las preguntas que la sociedad a través de los fiscales deba averiguar. He aquí el gran paso adelante y la profundización de la dignidad democrática. Un gobierno elegido por el pueblo pone todo su volumen político a favor de que se esclarezca definitivamente el negociado más atroz que recuerda la historia moderna de los argentinos. El entramado civil entre las bayonetas es el que a partir del discurso de la presidenta queda desnudo y desesperado como el vampiro ante la inminencia del amanecer impostergable.
El verdadero poder de las tinieblas ha sido visualizado. Ha sido hallado su paradero y bloqueados los accesos a la guarida. Es noche cerrada aún y siempre la oscuridad nos hace temer que se queda para siempre, que el amanecer es una utopía, un sueño inalcanzable. Pero hace rato que los argentinos venimos teniendo evidencias incontrastables de que por más que los monstruos de la noche expongan su ferocidad más intimidante, la oscuridad comienza a desteñirse y el amanecer se torna imparable y poderoso. Tanto como para que las bestias nocturnales sientan que por más fuertes que sea sus zarpazos, de un momento pasarán a ser estertores postreros de bestias multiformes que fenecen en esos finales cinematográficos que nos alegraban los domingos a la tarde en el cine del barrio.
Ya lo cantó Marilina 28 años atrás y con más fuerza tenemos que volver a cantar que “Aunque no lo veamos, el sol siempre está”

