Clarín: La opinión vendida como información

Antes, lo que decían los medios era recepcionado como verdad. Eso sigue teniendo alguna vigencia en la actualidad. Todavía hay mucha gente que les cree a pie juntillas contra una creciente corriente que los cuestiona.
El proceder de Clarín en torno a la cuestión de la ley de medios sigue siendo un ejemplo de cómo “la verdad” es manipulada a gusto y placer. Es que en rigor no hay una verdad sino varias interpretaciones o lecturas de los hechos. Y es aquí donde Clarín nos muestra a diario cómo antepone sus intereses empresarios en la lectura de los hechos. Para este grupo, la ley de medios fue, es y será una ley “K”, un proyecto “K” y opera en consecuencia.
Ya desde el vamos infecta la interpretación con su interés empresario. En la edición de hoy domingo 3 de enero de 2010 titula una nota sobre la judicialización de la ley:
“El gobierno gana tiempo y busca seguir aplicando la ley de medios”
En rigor, la ley de medios está vigente y han sido observados algunos aspectos por algunos jueces concretos y puntuales. Pero el multimedio trabaja sobre la idea de que es “la justicia” la que ha fallado contra la ley y que el gobierno se empeña en seguir aplicándola de manera irregular.
Es aquí donde desinforma, donde viola de cuajo las nociones básicas del periodismo. Todo lo que baja Clarín en este tema viene ya tremendamente opinado, ese es el problema. Una cosa sería que informara de la manera lo más aséptica posible, que es lo que recomiendan los libros, y que luego opinara, que vertiera con todo el derecho del mundo su visión de los hechos, otra es la malversación que practica al emitir su opinión como si fuera información (Pascual Serrano en este post también se refiere a estos temas)
Lo bueno es que ahora este accionar se ha desenmascarado y que el surgimiento de nuevas herramientas de comunicación como los blogs, por caso, sirve para cuestionar y discutir desde lo profesional hasta lo ideológico el modus operandi de estos grandes conglomerados y para desenmascarar los intereses concretos de las empresas que son a la postre los verdaderos condicionantes de los contenidos que publican.
Ahora tenemos estos recursos
¿Y antes?
¿Cuántas operaciones, cuantas mentiras se habrán propagado durante décadas sin que hubiera medios alternativos para refutarlas?
El sólo hecho de imaginarlo nos lleva a cuestionar buena parte de todo lo que hemos venido leyendo, viendo y escuchando durante años cuando la sociedad no tenía canales alternativos para desenmascarar las operaciones de los grandes medios.
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