Dame fuego, dame dame fuego…

El error es asombrarse frente a la posibilidad de que un gran diario argentino movido por su propia lógica, por su funcionamiento, por su sed y su razón de ser, haya vislumbrado una parca prematura y que alguna sumatoria de malentendidos haya dado la orden para abrir las compuertas al funeral mediático del gitano, con lo que se redondeaba un año suculento como pocos: No se te mueren Alfonsín, Mercedes Sosa y Sandro todos los años…
Será difícil probar la sospecha porque la prensa libre no comete estos excesos, usted me entiende…
Ninguna prueba servirá para poner en aprietos al diario sospechado, incluso hasta es probable que Sandro entienda la situación y no le dé mucha importancia a este arrebato. Al fin y al cabo ambas partes se necesitan en este negocio.
Y digo que es un error porque delata que muchos de nosotros, cándidos bienpensantes, seguimos analizando a estas inmensas maquinarias mediátias con algún dejo de “humanidad”, con rémoras de toda una gama de valores morales que no son un instrumental adecuado si de diseccionar a la mole de la calle Tacuarí se trata. Somos tiernos, nos falta la dosis de frialdad básica como para entender la lógica que fundamenta el funcionamiento de estas estructuras.
Este tipo arrebatos no es nuevo. En la historia de la prensa nadie pudo jamás evitar que a la hora de la primicia un Jefe de sección capitule ante un súbito frenesí de eyaculación precoz y suma en el peor de los oprobios a la empresa.
Lo nuevo es que Internet posibilita que hasta el más mínimo desliz ahora pueda ser capturado y reproducido frenéticamente en esta suerte de undergroung que es la blogosfera.
Recuerdo que fue allá por 1979 que circuló un cable notificando el deceso del gran Quincy Jones durante una compleja operación en su cerebro. Verdaderamente se temía por la vida del músico y por ello no faltó el sacado que lanzó la desgraciada noticia. Por ahí anda entre mis libros el recorte de un diario argentino con la necrológica, recorte que como siempre sucede, ahora que lo necesito para escanear no aparecerá…
El asunto es que cuando se repuso, Quincy volvió a los estudios para testimoniar que estaba vivo grabando Back on the Block y preparándose para degustar lo que en pocos años más sería quizá el bocado de su vida: Nastassja Kinski.
Lo que no deja de sorprender es la fragilidad de las cosas. Así como esas imponentes torres neoyorkinas -algo así como el Big Dick americano- un buen día quedaron reducidas a un montón de hierro retorcido entre cascotes, estremece verificar que empresas tan fastuosas en un punto puedan estar tan expuestas a que un par de empleados ansiosos las metan de sopetón en el horno.
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