El desafío del kirchnerismo
Se va terminando un año donde todos los pronósticos y agorerías varias terminaron en saco roto. El crecimiento de las ventas de navidad y el ritmo al que se viene alquilando en la costa demuestran que la tendencia es positiva, que como dijo Elemaco “se confirmará en 2010 que Dios es kirchnerista” y que por abajo la Asignación universal se traduce en aumento de consumo de leche, carne y productos de primerísima necesidad.
Los síntomas de la economía son buenos y auguran una mejoría para un país que soportó sin los costos de otros momentos la crisis internacional. Hubo un parate, obvio, pero hubo política para que no explotara todo. En diciembre del año pasado se preveían despidos por doquier ¿recuerdan? Y un año fatal para el empleo. A fin del 2009 hay que decir que hubo retracción pero no en la medida de lo anunciado.
Todos los augurios fracasaron: El país no explotó y por el contrario sigue funcionando. El problema para el gobierno es político. El problema es que mientras el jubilado que accedió al beneficio por obra y gracia de Cristina la putee, estamos en aprietos.
El problema es que vastos sectores que han sido beneficiados por las políticas de este gobierno lo detesten y que crean tontamente que les va bien por sus propias y exclusivísimas condiciones personales. Ahí es donde está el problema principal del kirchnerismo, si a veces dan ganas que gane Cobos las elecciones para que vuelvan a campear las políticas de ajuste de la Alianza y así poder decirle a muchos de estos papanatas
“¿Viste, salame, en qué consiste el gobierno del diálogo y el consenso?”
Pero no se puede ser tan irresponsable. No se puede ser irresponsable para reincidir en eso de que “cuanto peor, mejor” ni ser tampoco deshonesto o tremendamente cerrado para negar que aún ganando la interna abierta del PJ a Néstor le faltan hoy por hoy unos 10 puntos para perfilarse triunfador en un ballotage con el mendocino.
Kirchner ha demostrado una capacidad de recuperación tipo Terminator, es cierto, ha emergido de las derrotas con una fuerza y brillantez que asombra, pero un ballotage en estas condiciones es una empresa delicada. Supone que el kirchnerismo habrá de recomponer lazos con algunos sectores de la compleja clase media y para ello deberá sortear el asedio mediático que cada día es más feroz.
El punto es cómo se llega a un sector que es el destinatario natural del discurso y la agenda mediática, un sector que se identifica con los planteos más reaccionarios de personajes mediáticos como Mirtha Legrand o Susana Giménez.
El punto es, también, desde dónde se fortalece la idea de que un ballotage Kirchner-Cobos será un desempate entre un proyecto progresista contra un retorno a los noventa de la mano del mendocino.
¿Con quién se proyecta esa idea?
¿Con Scioli?
Mientras buena parte de la clase media sienta que está peor cuando en rigor está muchísimo mejor que en 2003, mientras ese mismo sector crea que le puede seguir yendo bien con un retorno a la concepción de los noventa, el kirchnerismo está en problemas.
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