El dogmatismo de los sectores dominantes
Este titular inolvidable de Clarín tiene bastante que ver con una idea que hace tiempo me da vueltas en la cabeza y es que los sectores dominantes de nuestro país padecen un nivel de fiebre dogmatica tan elevado que los arrastra a perpetrar cotidianamente un sinfín de bloopers que pasan desapercibidos puesto que, entre otros factores, en el dispositivo mediático se padece el mismo síntoma.
Los tipos parten de la base de que todo lo que hace el gobierno está irremediablemente mal y que entonces, aunque esa gestión equivocada ofrezca resultados favorables, reflotan a cada rato la idea del “veranito” que fue presentada en sociedad ya a mediados de 2002 cuando Roberto Lavagna estaba en el ministerio de economía. Han pasado ocho años y siguen blandiendo la misma consigna, la idea de que este bienestar de un sector importante de la población es algo así como “pan para hoy y hambre para mañana”, que algunas variables andan bien o con buenas perspectivas pero que el país marcha inexorablemente al desastre y por lo tanto no hay que andar bailando tan alegremente en la cubierta del Titanic.
Ayer por la mañana Víctor Hugo Morales entrevistó al gerente de una inmobiliaria sobre el boom en las ventas de departamentos en la ciudad de Buenos Aires y este buen señor, derramó en todo su esplendor varios items de este dogma perenne. El gerente planteaba que “la gente” realiza inversiones inmobiliarias para cubrirse, para capitalizarse -algo que por otra parte es obvio- y que por ejemplo compra autos nuevos y caros para darse un gustito en medio de una realidad compleja y preocupante.
La idea que subyase es que si se venden más autos y departamentos, si se venden más plasmas y más gente sale de vacaciones es porque el precipicio está a la vuelta de la esquina. La gente se cubre y aprovecha los días previos al tsunami para disfrutar un poquito. No es que la economía esté mejor, no. Es que aquellos que tienen algún ahorro lo gastan porque ¿para qué seguir guardando si todo caerá en saco roto? Si no amamos ahora ¿Cuándo lo haremos si el choque de planetas es inminente?
Como no pueden tapar el sol con la mano se busca instalar la noción de que todo es un desastre y que sólo hay algunas pequeñas alegrías en medio de un contexto atroz.
Tienen metido en la cabeza un diseño y una serie de teorías -que por otra parte nunca dieron resultado salvo, obvio, para los sectores acomodados-. Están fatalmente convencidos de que los pobres deben recibir sólo lo que les sobre a los ricos. Creen a muerte en que así como hay Dios, la copa alguna vez derrama, aunque no haya experiencia mundial para probarlo.
Y lo peor es que no es una pose. Lo fulero es que estamos en presencia de una creencia arraigada a full, es como que se les ha metido una garrapata ideológica en el zapallo que les impide analizar las cosas de otro modo. Para ellos, que la Argentina haya estado fuera del “mercado de capitales” fue “un problema” porque están incapacitados de entender el mundo de otra manera.
Son los mismos que en estos días, cuando Europa cruje, siguen insistiendo en que se debe a “errores” de aplicación. En los noventa nos atormentaron con las “reformas pendientes” y pusieron en ese faltante las causas de nuestros males. Nos dijeron hasta el cansancio que eso nos pasaba porque no hacíamos las cosas como en el “primer mundo”
¿Y ahora, señora?
Les han enseñado eso y lo repiten de memoria, mecánicamente, porque desconocen la posibilidad de mirar las cosas desde otro lado. Hay un modelo de economía, de propiedad y de distribución de riqueza que ya está predeterminado y no admite discusión.
Frente a este dogma viene tomando cuerpo muy lentamente pero sin pausa otra mirada, otra visión que entronca con algunos paradigmas del kirchnerismo pero que lo excede. Si algo nunca vamos a dejar de agradecerle a esta primera década del siglo es que se puso todo en discusión y que desde diversos sectores se empezó a demostrar y a poner a la vista de todo el mundo el dogmatismo cerril con que desde los sectores dominantes se procede. Se empezaron a hacer trizas muchas certezas otrora indiscutibles y ahora nos encontramos con la interesante contradicción de que incluso algunos sectores empresarios que les va muchísimo mejor que cuando se aplicaron las recetas a las que ellos están aferrados apriorísticamente, cuando se los aborda por fuera del ámbito periodístico o público no encuentran una explicación lógica de porqué les está yendo tan bien si es que el gobierno está haciendo todo tan mal.
———————————————–

