"El kirchnerismo nos quiere llevar al paraíso pero a patadas en el culo"
Conversando en un marco de buena leche con parientes que tienen campo y están profundamente identificados con la prédica de la Mesa de Enlace pude comprobar cómo nuestro “sentido común” es un lenguaje extraño para ellos. Por ejemplo el tema retensiones, les preocupa más la hipótesis de que con la 125 en vigencia se les sacara el 55 % si la tonelada estuviese a 550 dólares que el, ponele, 10% si el valor de la tonelada de soja cayera a 200 dólares. En mis cuentas, les recontra conviene muchísimo más quedarse con 302 dólares por tonelada si la venden a 550 que con 180 si la colocan a 200. Pero en la cabeza de ellos el razonamiento es otro, y ahí entran a jugar cuestiones como por ej. el capital que tienen y lo que entienden que deben recaudar en consecuencia. Otro análisis que, repito, me parece equivocado o por lo menos producto de un mundo de fantasía, pero así ven ellos la cosa. Lo real, lo concreto, es que así funcionan estas cabezas y que nuestro discurso no los interpela en absoluto. pasa de largo y al costado. Pero sí tienen marcado a fuego en la memoria que este fue el único gobierno que intentó meterse en sus asuntos, y no lo perdonan. De momento y mientras los márgenes de ganancia sigan altos, el discurso de Biolcatti no les mueve un pelo, pero alguna que otra brasa encendida aún queda de la crisis de 2008. Y si les decís que les está yendo espectacular te responden que les tendría que estar yendo muchísimo mejor aún ¿Te das cuenta?
En suma, no basta con que haya sectores a los que les vaya bien para que todo se traduzca en votos al gobierno, ni en las clases medias urbanas ni en la pampa húmeda. No basta tampoco con “saber” hacer las cosas. Como escribí ayer, hay mucha gente que no se preocupa por si Del Sel “sabe” o no “sabe”, por empezar porque en apariencia no está del todo conforme con la gestión de los que supuestamente “saben” y porque la gestión y la administración se consigue, se compra o se terceriza y acá es donde nos caemos de cabeza a ese pozo hediondo y revulsivo llamado menemismo, esa mentalidad de que lo único que se necesita son “buenos administradores” que, como es sabido, a consecuencia de ciertas hegemonías siempre provienen del neoliberalismo. Hay una porción muy grande de la sociedad argentina que sigue convencida que lo que pasó en 2001 fue un error, digamos, de manejo, que nos fuimos a la banquina pero que la forma en que se venía conduciendo no estaba tan errada. Eso se ratifica en los hechos, con una gestión kirchnerista que en realidad no ha transformado tanto la realidad como lo manifiesta en su discurso y su mística. Al fin y al cabo se ha vuelto a dar trabajo a los que lo perdieron en las postrimerías de la convertibilidad pero se han achicado poco o nada los márgenes de pobreza estructural; al fin y al cabo se ha gestionado muy bien pero en un contexto que en líneas generales no es taaan distinto al que edificó el menemismo. Y al fin y al cabo quizá en una de esas no se ha recuperado tanto la política como pensamos. Las cosechas de Macri y Del Sel no son expresión de la antipolítica, en absoluto. Son tan políticas como lo fue Videla y Cía. Eso sí, son una política distinta, que nos da náuseas, pero una política al fin, una política para estos tiempos, para una época que, según reza el noticiero, nos muestra que el menemismo está más vivo que lo que creíamos, sólo que camouflado entre globos de colores y risotadas en el programa de Susana.
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