El pensamiento vivo de Gabriela Michetti
Ya pasó la primavera electoral y la gestión arrecia amenazando llevárselo todo. El experimento de la derecha argentina que tuvo el mérito de ser la primera experiencia capaz de llegar a un gobierno provincial importante ganando una elección colisiona con su absoluta ineptitud, ya no para gobernar sino para contener la crisis que las consecuencias de la orientación de su gestión desata.
Se acabó la campaña y la soledad del poder se torna una daga que desgarra la carne si piedad.
Mientras algunos, como el ministro Bullrich, no encuentran mejor idea que tildar a los estudiantes secundarios de piqueteros, una personalidad que encarnó como nadie “lo nuevo”, Gabriela Michetti, le va mostrando al país vía Twitter cuáles son los núcleos de su visión del Estado.
Aflora en Michetti la hija del médico de pueblo que no casualmente ingresó a Primer año en 1978 y atravesó los primeros años de su adolescencia con una bota en la cabeza y en el alma.
Estos twitteos de Gabriela Michetti son la confesión de un desgarro, de un no entender de qué se trata. Este lamento de Guía Exploradora indica que acá hay que empezar a discutir todo desde cero.
Esta concepción del compromiso personal tan de catecismo que aflora en la probable candidata a jefa de gobierno porteño en 2011 nos muestra el piso político-ideológico de la derecha argentina moderna.
La soledad del gobernante suele tornarse insoportable. Hay que tener experiencia, espaldas, formación política y entorno para soportarla. Cuando eso falta, basta un instante sin nadie alrededor ni asesores de imagen cerca para empuñar el Twitter y amplificar el alarido del desgarro.
Es en ese preciso instante donde aflora la raíz, lo que se trae de fábrica, que en este caso no es otra cosa que una visión del mundo modelada en esas típicas tardes sabatinas en el campo parroquial de cualquier pueblo chico y próspero de la llanura bonaerense.


