El problema no es Sabbatella, compañeros
Publicado por admin el 9 febrero 2011
Categorías: Política
Sigo sin entender los ataques a Martín Sabbatella. Daría la impresión que hay un sesgo autoritario que le impide a algunos tolerar que haya otras miradas sobre el kirchnerismo. Más curioso es aún que si miramos bien nos vamos a encontrar con que mayoritariamente, los que más le están pegando al ex intendente de Morón son aquellos que nunca se reconocieron como kirchneristas o que apenas se han mostrado tolerantes al fenómeno K pero desde cierta ortodoxia peronista que en apariencia procede con la movida pingüina de la misma manera que lo hizo con el tsunami menemista: Defendiendo el santo grial de los embates herejes.
Pareciera que el asunto es resistir los ataques ora liberales, ora desarrollistas/progresistas desde una identidad peronista que de tanto resistir por momentos no se sabe muy bien qué piensa ni a qué aspira. Hay una descripción romántica de un peronismo que cuando uno lo empieza a buscar en la realidad no lo encuentra. Hay un cuestionamiento al progresismo desde un peronismo de fantasía que sólo existe en los sueños de honestísimos y queridísimos compañeros, pero que si le sacamos el folklore, la mitología y el acento barrial y suburbano, ese discurso queda en el aire, sin sostén.
Lo que más claro aparece en estos enunciados es cierto asquito contra ese arquetipo del militante progre, medio tiilingo, de clase media, que tiene todos los vicios que les conocemos y combatimos (y que habita tanto el EDE como el peronismo, seamos serios) pero resulta que la contratara de esto no es un modelo de militancia proletaria pues lo que después se termina apoyando es a compañeros que directamente están en las antípodas de las ideas transformadoras tras las que decimos convocarnos.
El problema es la defensa de la pureza y terminar siendo macarras de una identidad política que se ha caracterizado desde su nacimiento por las mutaciones. Esto es desde vamos bastante dogmático y por ende muy poco científico. Pero también jode que la comprensión para con los federales es inversamente proporcional a la tirria que se tiene para con los sectores militantes, la izquierda peronista y el progresismo kirchnerista que comete la herejía de no ser peronista.
Cuando planteo que al kirchnerismo hay que verlo como algo más que el peronismo trato de balbucear que estamos ante una novedad política. El kirchnerismo ha tenido la capacidad de aunar en su vértice a expresiones políticas diversas y muchas veces contradictorias entre sí. Lo que nadie va a lograr es impedir que los otros sigan apoyando los grandes lineamientos del proyecto, pero pareciera que hay compañeros que no pueden tolerar esta evidencia. Sospecho que en el fondo creen de buena fe que Sabbatella de alguna manera les está choreando votos, o que está capitalizando el malestar de mucha gente que no cree que en la provincia Scioli sea la mejor representación del proyecto. Pongamos que sea así ¿Y? ¿Qué hacemos, entonces? Si para el 5 o 10 % de los bonaerenses es válido seguir apoyando los grandes lineamientos del kirchnerismo a nivel nacional pero no a su representación partidaria en la provincia pues hay que digerirlo porque al fin y al cabo no cierra que esa amplitud que exhiben muchos compañeros para la interna peronista no tenga un correlato para afuera.
Si una de las virtudes del peronismo ha sido su capacidad de contener a sectores variopintos en su seno, si los compañeros alardean de su capacidad para compartir un espacio con otros con los que tienen pocas cosas en común , pues no se entiende porqué en los últimos tiempos aparecen tan sectarios y excluyentes para tolerar la convivencia con todo lo que expresa Sabbatella, que, lo aclaro para evitar malos entendidos, no es algo mejor ni superador que el peronismo, simplemente es algo distinto.
Algo me dice que la dialéctica está metiendo la cola en todo esto. Algo me dice que las cosas están cambiando, que nada es estático y que defender ciertas purezas e identidades un tanto abstractas de los embates del avance de la historia es medio un ejercicio que choca violentamente contra la realidad.
Sabbatella existe, nos guste mucho, poquito o nada y está donde está porque coincide en muchas cosas y porque también fue convocado por Néstor y Cristina a estar donde está. Pero el problema, además no creo que sea Sabbatella, el problema es que si el Partido Justicialista no es capaz de expresar electoralmente a los todos los sectores que se identifican con Cristina es señal de que no está haciendo las cosas del todo bien dado que si hay sectores que bancan a la presidenta pero no a la estructura de pejota, es señal que algo se hizo mal y por ello surgen expresiones al costado con posibilidades de contenerlos.
Hay una contradicción entre el decir y el hacer cuando se esboza que con el peronismo solo no alcanza para ganar una presidencial pero en los hechos se le pega por todos lados al sector que puede aportar los votos que faltan para garatizar la victoria.
Por todo esto es que sigo rascándome la cabeza cuando leo tanto mamporro contra el progresismo. Porque creo que uno de los peores errores es confundir al enemigo o cascotear al de afuera porque nos resulta más cómodo que lidiar con mucho de lo que tenemos en casa.
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Pareciera que el asunto es resistir los ataques ora liberales, ora desarrollistas/progresistas desde una identidad peronista que de tanto resistir por momentos no se sabe muy bien qué piensa ni a qué aspira. Hay una descripción romántica de un peronismo que cuando uno lo empieza a buscar en la realidad no lo encuentra. Hay un cuestionamiento al progresismo desde un peronismo de fantasía que sólo existe en los sueños de honestísimos y queridísimos compañeros, pero que si le sacamos el folklore, la mitología y el acento barrial y suburbano, ese discurso queda en el aire, sin sostén.
Lo que más claro aparece en estos enunciados es cierto asquito contra ese arquetipo del militante progre, medio tiilingo, de clase media, que tiene todos los vicios que les conocemos y combatimos (y que habita tanto el EDE como el peronismo, seamos serios) pero resulta que la contratara de esto no es un modelo de militancia proletaria pues lo que después se termina apoyando es a compañeros que directamente están en las antípodas de las ideas transformadoras tras las que decimos convocarnos.
El problema es la defensa de la pureza y terminar siendo macarras de una identidad política que se ha caracterizado desde su nacimiento por las mutaciones. Esto es desde vamos bastante dogmático y por ende muy poco científico. Pero también jode que la comprensión para con los federales es inversamente proporcional a la tirria que se tiene para con los sectores militantes, la izquierda peronista y el progresismo kirchnerista que comete la herejía de no ser peronista.
Cuando planteo que al kirchnerismo hay que verlo como algo más que el peronismo trato de balbucear que estamos ante una novedad política. El kirchnerismo ha tenido la capacidad de aunar en su vértice a expresiones políticas diversas y muchas veces contradictorias entre sí. Lo que nadie va a lograr es impedir que los otros sigan apoyando los grandes lineamientos del proyecto, pero pareciera que hay compañeros que no pueden tolerar esta evidencia. Sospecho que en el fondo creen de buena fe que Sabbatella de alguna manera les está choreando votos, o que está capitalizando el malestar de mucha gente que no cree que en la provincia Scioli sea la mejor representación del proyecto. Pongamos que sea así ¿Y? ¿Qué hacemos, entonces? Si para el 5 o 10 % de los bonaerenses es válido seguir apoyando los grandes lineamientos del kirchnerismo a nivel nacional pero no a su representación partidaria en la provincia pues hay que digerirlo porque al fin y al cabo no cierra que esa amplitud que exhiben muchos compañeros para la interna peronista no tenga un correlato para afuera.
Si una de las virtudes del peronismo ha sido su capacidad de contener a sectores variopintos en su seno, si los compañeros alardean de su capacidad para compartir un espacio con otros con los que tienen pocas cosas en común , pues no se entiende porqué en los últimos tiempos aparecen tan sectarios y excluyentes para tolerar la convivencia con todo lo que expresa Sabbatella, que, lo aclaro para evitar malos entendidos, no es algo mejor ni superador que el peronismo, simplemente es algo distinto.
Algo me dice que la dialéctica está metiendo la cola en todo esto. Algo me dice que las cosas están cambiando, que nada es estático y que defender ciertas purezas e identidades un tanto abstractas de los embates del avance de la historia es medio un ejercicio que choca violentamente contra la realidad.
Sabbatella existe, nos guste mucho, poquito o nada y está donde está porque coincide en muchas cosas y porque también fue convocado por Néstor y Cristina a estar donde está. Pero el problema, además no creo que sea Sabbatella, el problema es que si el Partido Justicialista no es capaz de expresar electoralmente a los todos los sectores que se identifican con Cristina es señal de que no está haciendo las cosas del todo bien dado que si hay sectores que bancan a la presidenta pero no a la estructura de pejota, es señal que algo se hizo mal y por ello surgen expresiones al costado con posibilidades de contenerlos.
Hay una contradicción entre el decir y el hacer cuando se esboza que con el peronismo solo no alcanza para ganar una presidencial pero en los hechos se le pega por todos lados al sector que puede aportar los votos que faltan para garatizar la victoria.
Por todo esto es que sigo rascándome la cabeza cuando leo tanto mamporro contra el progresismo. Porque creo que uno de los peores errores es confundir al enemigo o cascotear al de afuera porque nos resulta más cómodo que lidiar con mucho de lo que tenemos en casa.
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