El Ramos Mejía murió.
Hoy estuve nada menos que más de 3 horas esperando ser atendido en el hospital Ramos Mejía, y, sin conseguirlo, pues, como muchos, tuve que rendirme, ya que la espera no es de lo más dulce que puede usted imaginar, la sala de Guardia está absolutamente infestada de mosquitos, el olor a gas es bastante fuerte, y, por momentos la situación se pone peligrosa cuando llega algún golpeado de una cancha o simplemente de la calle, como hoy, que entró uno maldiciendo a los policías que estaban fuera del lugar al grito de “¡Que me mirás cobarde hijo de puta!”, para después iniciar una serie de paseos circulares enfrente de nosotros, preguntando la hora, el tiempo de espera etc etc etc, todo en el mismo tenor histérico con el que hizo su aparición.
El señor de la foto apenas podía sostenerse en pie, claramente un anciano en edad de jubilado, intentó en vano varias veces ser atendido, inclusive poniendose en peligro, ya que cada intento de ir hacia la puerta era un amague de caída, su tos era muy fuerte y profunda, y no podía articular palabras, no lo atendieron por más que suplicó, por falta de personal, como no nos atendieron a la mayoría, el anciano con una fuerza increíble, tomó sus cosas y se fue maldiciendo el lugar entre tambaleos, esperemos que esté bien.
¿Que nos dejan estas cosas a los ciudadanos?, nada menos que depresión, rabia, ira en su máxima expresión, impotencia, ¿imaginen que Néstor Kirchner o Macri fueran de clase media, o mejor dicho “mierda” como la llaman ellos sin decirlo, y tuvieran necesidad de usar esos servicios cuando su salud se muestra frágil?, me gustaría verlo aunque sea un momento, ¿que pensarían?, ¿con qué cara subirían al estrado después y dirían que todo va mejor?, y lo que me resulta extraño es que algunos Bloggers todavía sueñan con entrar con metralletas a matar periodistas, desgraciadamente, a veces, solo la presencia de los periodistas logra que lugares como este trabajen bien.
Bueno, al final fueron más de 3 horas “perdidas”, y lo entrecomillo pues me sirvieron en realidad para sostener mi mirada desconfiada hacia la política y hacia los políticos, esos que tienen servicios de lujo, que tienen agua caliente, buenos hospitales, buenas escuelas, hermosas mujeres y excelente comida, pero que no gozan de una buena calidad de espíritu. Me seguiré sintiendo mal, pero ellos a la larga se van a sentir peor.

