Elogio de la negociación política
Se va terminando la semana y pareciera que se pueden abrir algunos canales de negociación para encontrar una salida al entuerto del Fondo del Bicentenario. La verdad es que tanto el oficialismo como parte de la oposición empiezan a lamerse las heridas.
Por el lado del gobierno, la difusión de la exposición de Cristina en el senado allá por diciembre del 2001, fundamentando la legitimidad del cuerpo para autoconvocarse a extraordinarias aparece como un directo al mentón que por ejemplo ayer dejó titubeando al Chivo Rossi.
En el campo opositor, el cruce entre Carrió y los radicales, más la interna entre los alfonsinistas y el cobismo pone al Acuerdo Cívico en un tembladeral estremecedor.
¿Será por esto que ayer el senador Sans habló del “exceso de confrontación”? ¿Fue esa declaración un mensaje?
Se dice que ya hay varios canales de negociación abiertos y la verdad es que no estaría mal que fuera cierto, entre otras cosas porque si hay negociación entre fuerzas políticas se le achica el campo de operaciones a los que tras bambalinas están buscando que se pudra todo y mal.
De vez en cuando no viene mal bajar el volumen y pisar el freno.
Hay dos problemas que solucionar: Por el lado de la oposición encontrar la forma de que las principales fuerzas encuentren un mecanismo para abrir canales de negociación con el oficialismo sin sospecharse entre sí, sin que por caso los peronistas disidentes crean que si los radicales conversan algo los están dejando afuera. En rigor, hasta ahora el dispositivo opositor en el parlamento sólo logra aunarse en la oposición cerril a todo lo que provenga del gobierno. Bien, deberían encontrar la forma de entender que negociar y conversar no es ceder, justo ellos que tanto parlotean con el diálogo y el consenso.
Por el lado del oficialismo debe realizarse el dolorosísimo ejercicio de entender que luego de seis años las cosas han cambiado y que sin negociar no hay futuro. La mejor forma de quitarle espacio a las maniobras destituyentes es comprender que cuando estás en una especie de empate técnico, tenés que cambiar la pose, no te queda otra. De lo contrario el gobierno corre serio riesgo de quedar reducido a controlar sólo la Casa Rosada, como bien lo planteó Escriba, y de reducir su acción política a cuestiones de carácter reglamentarista (como lo sería seguir sosteniendo que sólo la presidenta puede convocar a sesiones extraordinarias) Está bien, eso es así, pero como dijo alguien alguna vez “El árbol de la teoría es gris mientras que el árbol de la realidad es verde”
Hay que volver a la política, entonces, y ponerle a las cuestiones reglamentarias la necesaria dosis de elasticidad para superar los problemas de la etapa.
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