Es generacional o política la ruptura de Lanata con el setentismo?
Ayer leí este post de Fede que, creo, nos sumerge en un debate aún pendiente que es la revisión de los setenta, de las experiencias políticas guerrilleras y nos exige fijar una posición. Anoche mismo conversé con fede en Conectados y la charla salió enroscada y poco clara porque al fin y al cabo es enroscado y poco claro el asunto. Hoy me decidí a escribir al respecto pero antes vi el video de Lanata con Tenembaum y se pone más espeso aún el tema, o su abordaje, porque la capacidad de Lanata de lanzar un titular cada treinta segundos y generalmente hacerlo sobre falacias empioja cualquier intento de análisis ordenado. En este video, todo lo que dice sobre el proceder del gobierno respecto a Papel Prensa, todo lo que dice que “el gobierno piensa hacer” se cayó a pedazos el martes 24 con el discurso de Cristina. Pero lo interesante es el resto del planteo. Es interesante cuando dice que no hubiera querido un gobierno de los montos o del ERP. Ahí coincido. Yo tampoco lo hubiera querido, pero ojo, que eso lo digo hoy a los 49 años. A los 22, cuando empecé a militar en la JI, allá por 1983, pensaba distinto. En aquél momento sí hubiera querido un gobierno de esas características. En un punto, a mis 22 años tenía la dosis de irresponsabilidad y locura que 15 años antes habían tenido los de 22 que desearon hacer la revolución. Me parece que hay que encauzar en cierto modo el debate. Desde la misma edad que Jorge Lanata, yo mismo, que en la reaperura democrática en cierta medida idolatraba a los militantes de los setenta (creo que a él le pasaría algo similar en esa época) hoy, con casi treinta años más sobre el lomo me animo a criticarlos y a reconocerles muchísimos errores.
Este post de Fede me sirve como un disparador para decir algunas cosas. En primer lugar que sigue pendiente una postura de los que hoy andamos en los cincuenta respecto a lo que hicieron los de sesenta en los setenta. Creo que ahí coincido con Lanata, en decir que no todo lo que hicieron lo hicieron bien. Es más, que gran parte de lo que hicieron fueron groseros errores políticos, pero eso no amerita a pensar que el kirchnerismo o esos militantes que hoy andan en los sesenta años están hoy intentando hacer lo que hubieran hecho en aquellos tiempos si hubieran tomado el poder. Creo que este es otro de los sofismas sobre los que hace pie Lanata para empiojar el debate.
No hay punto de comparación entre el proyecto que está desplegando el kirchnerismo hoy con lo que hubiera sido un gobierno “de liberación” de los setenta. Aquél proyecto proponía, palabras más, palabras menos, la edificación de una sociedad socialista con todo lo que ello trae aparejado mientras que el kirchnerismp jamás se presentó ante la sociedad como un proyecto socializante. El kirchnerismo no abdicó jamás de una mirada capitalista y un proyecto, por ende capitalista para la Agentina y es por eso, incluso, por lo que lo apoyo, porque entiendo que el desafío de la etapa es la construcción de un capitalismo serio, que recoja las mejores experiencias de los países donde funciona decorosamente.
Es acá entonces donde se me ocurre que la diferencia de Lanata con los Kirchner y los setentistas que están con él (porque no hay que poner ahí a Bonasso, por caso) es política y si se quiere ideológica. Hoy ya no discutimos que tipo de socialismo queremos aplicar sino dónde nos paramos ante el actual estado de cosas: Si preferimos seguir viviendo en una fachada de republicanismo posada sobre una estructura fuertemente corporativa, o si abogamos por un capitalismo donde no haya sectores con coronita que merced al poder que detentan sean los que imponen sus condiciones al resto. El caso de Clarín es testigo. Si a este monstruo no se lo achica, si no se le saca poder, seguirá imponiendo su peso y sus reglas y ahí no hay competencia posible. Hay que tratar de generar condiciones más o menos parejas para que pueda darse efectivamente una competencia más o menos equilibrada. La política del gobierno está apuntando concretamente a eso. Ahora bien ¿Significa esto que uno acuerde en que todo lo que pierda Clarín sea tomado por grupos emergentes como por caso Spolsky? No, en absoluto. Este grupo es funcional en la etapa, pero el resto, la continuidad y la conformación de un nuevo mapa de medios va por otro lado y ese es el verdadero desafío. Está todo por hacerse en la materia. Clarín va a seguir existiendo y el sistema de medios tal cual está hoy seguirá más o menos igual. La variante vendrá por los nuevos espacios, por lo 2.0 y las nuevas ventanas. Ahí hay que poner las fichas para tratar de generar contenidos distintos y nuevos. Y lo más importante: Generar una nueva dirección política y empresaria para ese cometido. Doy un ejemplo: La desaparición o al menos el fuerte achicamiento de las experiencias de radios de baja potencia se debió en buena medida a que no tuvieron una dirigencia más o menos fogueada. Acá es lo mismo: Hay que generar nuevos contenidos pero también nuevos productores, nuevas agencias, nuevos fierreros, etc.
Hoy estamos en el punto más alto de tensión y el gobierno comete errores como el de Fibertel, por nombrar el más sonado. La puja por momentos se “ensucia” como toda lucha cuerpo a cuerpo que incluya revolcones. Pero una cosa es esta característica de la etapa y muy otra, me parece, que Lanata termine adoptando la misma postura que planteó el domingo Jorge Fontevecchia en Perfil: la idea, más o menos simplificada, que en esta coyuntura y ante el choque violento del gobierno contra lo establecido -Clarín- pese a las diferencias históricas que han tenido con el multimedio, terminan colocándose de su lado. Ahí se ve en todo su esplendor que el problema termina siendo estrictamente político. Lanata termina adoptando una posición conservadora aunque, por supuesto, la disfraza con todos los coloridos que su imaginación le suministra para hacerlo desde un lugar en apariencia “interesante” y hasta en cierta medida “progre”, pero en el fondo lo que hace es profundizar una tendencia que ya hace años viene teniendo y consiste en un sinceramiento: No quiere la revolución ni tampoco desea grandes cambios ¿Porqué? porque en su micromundo personal, las cosas le van bien dentro de este esquema y no le interesa que cambien porque elige lo malo conocido que lo bueno por conocer. Por eso Tenembaum acota “Qué difícil es ser liberal” y se ríen con una sonrisa que descubre el sinceramiento de ambos. Se asumen como “liberales”, lo cuál no está ni bien ni mal, sólo basta ver con el paso del tiempo qué tipo de liberalismo abrazan.
Lo dejo acá momentáneamente y lo publico así, con faltas de ortografía y una serie de errores, porque se me ocurre que este tipo de debates debe tratar de reflejar lo más fielmenge posible el borbotón de ideas que tenemos en estos asuntos.

