Formosa
Cuando mataron a Mariano Ferreyra salimos todos a repudiar el hecho y reclamar justicia. El reclamo fue contundente y se hizo carne en las principales figuras del gobierno nacional. En Formosa han matado a una persona (se creía que eran dos) y, la verdad, que la reacción del kirchnerismo da para pensar. Da para pensar el silencio oficial lo mismo que la de muchos otros estamentos.
Si un hecho de estas características hubiese ocurrido en una provincia gobernada por otra fuerza política es fácil imaginarse cuál habría sido la reacción.
A veces siento que estos cambios en el tablero político que ha generado el kirchnerismo desde 2003 en adelante generan dificultades no sólo para practicar oposición sino también para ejercer oficialismo. De la misma manera que es mucho más complejo oponerse a un gobierno que no expresa lo mismo que De La Rúa o Menem, no es menos dificultoso apoyarlo sin por eso dejar de marcar aquello con lo que no se está de acuerdo. A veces esperamos que salgan otros a colocar la consigna, otras nos fijamos en las reacciones de los que tienen espaldas más anchas y nos encolumnamos detrás, pero cuando pasan las horas y las expresiones de repudio son contadas con los dedos de la mano no sabemos dónde pararnos.
De alguna manera muchos venimos haciendo una experiencia nueva cual es practicar oficialismo. Esto es complejo para los que fuimos formados en la forma de ser opositora de la clase media, en esa pose frívola que entre otras cosas es confortable ya que nunca exige pararse en ningún lugar definido. Somos miles los que en 2003 preferimos romper con ese reflejo automático de clase y salir a bancar a un proyecto que gestiona en el sentido que siempre promovimos desde el peronismo y las más diversas experiencias políticas de la izquierda y el nacionalismo popular. Recuerdo una columna de José Pablo Feimann en Página/12 allá por 2004 o 2005 donde planteaba que el tema no era que muchos nos estuviéramos haciendo oficialistas sino que el gobierno hacía lo entendíamos que se debía hacer.
Bien, en lo inherente a Formosa el gobierno no está haciendo lo que muchos entendemos que habría que hacer.
Entiendo que el formoseño es un gobierno aliado y comprendo todas las razones que se puedan poner sobre la mesa, pero el gobierno nacional no puede bajo ningún aspecto hacerse el desentendido con lo que está pasando como tampoco muchos compañeros que alzaron la voz con el crimen de Mariano y ahora no se los escucha. No le hace bien ni al gobierno ni al kirchnerismo ni al país este silencio. Si no logramos dar un salto de calidad en el manejo de estos asuntos, si no somos capaces de poner en práctica el concepto de que por más que el de Insfrán sea un gobierno “amigo” es el responsable político de esta represión, vamos mal, o al menos no vamos bien.
Cuando las cosas pasan lejos de la capital no son noticia nacional y si los reprimidos son aborígenes menos aún. Parece mentira que las denuncias por ataques a los Derechos Humanos de “los blancos” sean derivados en la Cámara de Diputados a la Comisión de Derechos Humanos mientras que cuando los agredidos son aborígenes, los expedientes se cursan a la comisión de “Población”. Ayer, cuando le escuché decir esto a la diputada Silvia Vázquez sentí los pies de barro, sentí bronca y vergüenza y ratifiqué cuánto pero cuánto queda por hacer en mi querido país.
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