Hay que volver a hablar de Clarín

En la lucha por la construcción de sentido hay etapas donde un gobierno se ve obligado a adoptar medidas que en situaciones, digamos, “ideales” no tomaría y ello es complejo en términos de comunicación pues mucha gente tiende a creer que las cosas son de determinada manera porque así lo dictaminó Dios o la naturaleza. Por ejemplo, el poder y el tamaño de Clarín. Cuando mucha gente compara, por caso, la situación de los medios en Argentina con la BBC, la RAI o el sistema de Radio Netherland de manera automática, sin cotejar los procesos históricos de cada país, que de manera peculiar parieron el actual estado de cosas en cada uno de ellos, cometen el error de olvidar que cada nación ha tenido su propia dinámica en la materia, que si el mapa de medios en Europa responde centralmente al hecho de la vigencia ininterrumpida de la democracia -con todo lo que ello implica- en nuestro país el entramado mediático no se explica ni mucho menos se entiende sin considerar que durante la última dictadura y el menemismo se operó desde el Estado para entronizar un poder mediático de fuste con el poder suficiente como para alinear tras de sí al resto del mercado.
Cuando se le achaca al gobierno el uso “discrecional” de la pauta oficial, uno de los argumentos que se esgrime es que se le da mucho a medios con poca tirada o rating en desmedro de los que lo encabezan. (Clarín, Radio Mitre, etc). Esto hace que cualquier lector bien intencionado considere natural que la pauta se distribuyese en función de la penetración de cada medio, independientemente de la posición política que tengan respecto al gobierno nacional. Que se otorgue en base a lo que cada medio representa por su penetración. El problema es que si se mira la foto del presente en cuanto a tirada y rating de audiencia sin una perspectiva histórica se cae en una trampa.
Clarín pasó de ser un diario con una fuerte tirada a ser un multimedios poderoso no merced a “calidad” o a que la sociedad “lo eligió”. Llegó a ser lo que es mediante la connivencia oscura con quienes gestionaron el estado en los últimos 30 años. A partir de la apropiación de Papel Prensa en plena dictadura pasó a controlar el mercado del papel para imprimir diarios con lo que es sencillo presumir cuántas ventajas económicas le significó. Luego, merced a acuerdos con el menemismo y a la Ley de Reforma de Estado que éste sancionó, se modificaron artículos puntuales y antimonopólicos de la ley de medios de Videla para que pudiera adquirir Radio Mitre, FM 100 y Canal 13. Con esa base de sustentación el despliegue posterior vino por añadidura: el manejo del fútbol y en base a ello la adquisición de prepo de la mayoría de los cables del interior hasta llegar a ser lo que es hoy. Hasta IBOPE, la empresa que mide “la verdad” del rating de radio y TV es de ellos…
Naturalmente, el multimedios no está dispuesto a ceder en lo más mínimo y opera en consecuencia, estirando todos los plazos tanto en lo referido a la adopción de lo hijos de la señora Herrera de Noble como en lo referido a la llamada cláusula de desinversión, el famoso Art. 161. Y como no sólo no está dispuesto a ceder sino que impugna todo lo actuado por los órganos del sistema democrático responde poniendo todo su arsenal comunicacional apuntando al corazón del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Cualquier deshecho, cualquier cascote es válido para transformarlo en un proyectil mediático contra la Casa Rosada.
Este es el cuadro de situación, ahí están repartidas las piezas y la partida ingresa en una zona de suma complejidad. El gobierno debe pagar el costo de ser acusado por el manejo “discrecional” de la pauta oficial -algo que impacta de lleno en mucha audiencia bien pensante- porque es el único recurso que tiene para generar una corriente de información, de creación de sentido y hasta de propaganda afín pues sin ello queda expuesto al fuego graneado de los medios hegemónicos capitaneados por Clarín. El punto es cómo se hace para explicar esto a la sociedad, cómo se hace para que cualquier persona no necesariamente informada de estos asuntos entienda que si hoy Clarín se sigue dando el lujo de no respetar la ley de medios y de contar con jueces amigos es porque disfruta de un poder construido en base a malas artes y a vinculaciones oscuras con el Estado que empezaron a darse en 1976. Cómo se hace para que se entienda que toda la potencia que despliega el multimedios tiene un origen putrefacto y que ello es inescindible del presente. Cómo se hace para explicar que este tipo de poderes no bajaron de un plato volador, no crecieron un buen día como un rosal en nuestro jardín sino que hubo un proceso de sembrado, regado y cosecha, Cómo se hace para popularizar la noción de que tamaño poder fue edificado ante nuestras narices con la particularidad de que como eran ellos los que nos relataban la realidad nos enterábamos sólo de lo que a ellos les interesaba y el resto, obviamente, no existió. Y si no existió en el relato muchos podrán dudar que haya existido en la realidad. Si “no lo dijo la radio, no lo mostró la tele o no lo publicó el diario”, no abundan las pruebas en la memoria colectiva de que mucho de lo que decimos haya efectivamente sucedido.
Mientras esto no se logre instalar en por lo menos dos tercios de la sociedad se me ocurre que estamos condenados a perpetuar una situación de empate indefinido en el tiempo que desde nuestro lado puede llegar a tener fecha de vencimiento en 2013/15.
Clarín especula con aquella máxima según la cual “Los gobiernos pasan, Clarín permanece”. Solo si somos capaces de hacer realidad una máxima que diga “Cristina pasa pero el proyecto Nacional y Popular continúa” lo pondremos definitivamente contra las cuerdas.
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