La batalla cultural sigue para afuera y para adentro
“Hay que dejar de pelearse con los periodistas, al menos por dos años“
La verdad es que estoy en desacuerdo pero mal, no si se quiere con la frase en sí misma sino con los presupuestos que le vendrían a dar fundamento. Se me ocurre que esta idea, muy extendida en cierta ortodoxia, proviene del convencimiento de que ahora hay que ir por la cloaca, el asfalto y la vivienda, desconociendo que la lucha por el sentido con el dispositivo mediático ha sido central, tanto como la gestión en lo estrictamente social pero se me ocurre que ello nunca fue comprendido. En el fondo se abomina del “seisieteochismo” y el “pakapakismo” que en cierto floklore pejota se lo ve como una puja de tipo suntuaria intra clase media con necesidades básicas satisfechas. En verdad, la confrontación con el aparato creador de sentido ha sido y es fundamental para el sostenimiento del proyecto, básicamente porque lo electoral nunca estuvo en riesgo pero sí lo político. Digo que nunca estuvo en riesgo que se ganaban las primarias y las elecciones presidenciales de octubre pero que sí hay una canasta de problemitas en lo político y ahí es donde resulta importante seguir dando la batalla día a día, entre otras cosas porque hemos comprobado que a casi dos años de la aprobación de la ley de medios nos está faltando bastante en el terreno de los contenidos y el tiempo pasa y el pescado no aparece. Pero además no se trata de “pelearse con los periodistas” porque sí, no se trata de enfrentarse con Clarín y La Nación por deporte. Justo en estas horas estamos librando una batalla compleja para que no logren imponer la noción de que el crimen de Candela fue un hecho más de inseguridad y recién ha pasado un mes de que una pueblada en Ayacucho casi prende fuego la intendencia por un manejo mendaz de los grandes medios de difusión.
Nada está ganado, y la verdad es que me encantaría coincidir con los compañeros que consideran absurda la Batalla cultural y además que se la ha ganado. Creen que la victoria electoral es una vuelta de página y se equivocan porque ésta es, entre otras cosas, producto del desastre de la oposición. Sin reconocer méritos a nuestros logros, seríamos torpes si no reconociéramos que ante un espectáculo como el de la oposición actual es fácil ganar. Pero además la batalla cultural y la lucha cotidiana por el sentido trasciende y por mucho lo electoral y es tan así que en realidad esta confrontación se da entre el kirchnerismo y el dispositivo mediático con sus corporaciones aliadas pero también -y esto es fundamental- se comenzará a librar cada vez con más virulencia al interior de este colectivo variopinto que encabeza Cristina. Las quejas y broncas por el armado de listas y las puteadas por lo bajo del espectro territorial y sindical volverán a hacerse sentir más temprano que tarde. Por ahora somos todos compañeros porque no hay con qué darle a la conductora, pero sabemos cómo viene la mano y de nada vale que nos hagamos los giles.
En suma: Las dos posturas respecto a la batalla cultural para “afuera” expresan la contradicción que tiene el kirchnerismo en su interior entre lo que se denomina ortodoxia y/o pejotismo y las anchas franjas que no se referencian en esa tradición política y disputan por su lugar y su derecho a existir con sus propias identidades..

