La victoria tiene que ser política y cultural
Ayer Vero me contaba de su familia, de sus abuelos, me mostraba el pensamiento de una típica familia de clase media acomodada y, por supuesto, me hablaba de lo jodido que les resulta que ella les haya salido peronista. Algo más o menos parecido a la situación de La Farolera.
Pensaba luego en cómo se vienen cayendo mitos, en cómo Clarín con sus tapas no hace mella al gobierno, en cómo desde La Nación siguen demonizando a la bloguería y pese a ello sube su cantidad de lectores.
Guille responsabilizaba a Néstor por todo lo que está pasando “Estábamos todos en la cucha hasta que él nos volvió a hacer creer en lo colectivo y nos sacó a la calle”
Hijos que se les peronizan a las familias tradicionales, medios hegemónicos que se revelan impotentes, con puños de cristal que no voltean nada y bandadas de militancia ya casi veterana que vuelve a enchufarse, que sale del encierro a dar la pelea colectiva sabiendo que como con las minas, “el no ya lo tiene”…
Debates por todos lados y en cada ámbito social. Verdades antes indiscutidas que se caen a pedazos. Discusiones, ataques que astillan en mil fragmentos nociones frágiles que se fueron instalando con los años y no resisten el cuestionamiento más sencillo. Asuntos que no se tocan en la mesa dominguera porque se ha quebrado el consenso y más vale no adentrarse en ciertos temas. Burócratas que “no saben adónde vamos a ir a parar” porque “antes los empleados de la institución esperan hasta seis meses para cobrar a ahora, a los 45 días te hacen un paro…”
Qué lindo tiempo estamos viviendo.
Qué ganas da saber que en cada rincón se está librando una batalla a fondo
Y qué bueno escuchar por ahí que “La victoria deberá ser, antes que nada, política”
“Y cultural”, agregaría yo…
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