María Elena Walsh y Atahualpa Yupanqui
Lo acabo de poner en Twitter y creo que es así, que la obra de María Elena Walsh tiene una importancia similar a la de Atahualpa Yupanqui. Creo que son por lejos los dos autores más prolíficos y trascendentales de nuestra música popular. Busco y rebusco en la memoria y no encuentro figuras que se les arrimen tanto en calidad como en cantidad. Incluso Don Ata tiene muchas obras en dúo donde él puso sólo la música o la letra. En el caso de María Elena es siempre ella sola la que se encarga de las dos cosas. Por ahí cerca vienen Eladia Blázquez, León Gieco, Chico Novarro, Charly García y Teresa Parodi (y perdón si en el apuro se me escapa algún otro) pero ninguno llega, a mi modo de ver, al nivel de estas dos figuras.
No se trata de establecer una competencia ni de juzgar por gustos sino de cotejar las dimensión de la obra de un compositor. En el caso de María Elena Walsh, además de su obra para niños nos chocamos con puñados de himnos que musicalizaron la vida nacional de los últimos cuarenta años. Ahí está “Como la cigarra“, “Serenata para la tierra de uno“, “Barco Quieto“, “Sábana y mantel“, “Mis ganas“, “El valle y el volcán“, “El 45” “Vals Municipal“, Campana de palo“, “Canción de caminantes”, “Los ejecutivos“, “El reino del revés“, “Oración a la justicia“, “El viejo varieté“…
Podría seguir enumerando letras y músicas con las que hemos crecido. María Elena siempre estuvo ahí, en la radio, en la obra de los grandes cantores populares. Costumbrista hasta el tuétano como cuando en “Barco quieto” dice “Tanto anochecer con olor a comida”. Argentina de punta a punta, que le cantó a las profesiones y oficios, que musicalizó sus penas de amores. Integrante de ese trío de gloriosas compositoras junto a Violeta Parra y Chabuca Granda.
Y otra tía que se nos va, otra de esas figuras que ya estaba cuando llegamos al mundo, como Troilo, como Tejada Gómez, como Mercedes Sosa, como Piazzolla, como Borges. Y esa soledad que nos toma, esa intemperie, esa contemporaneidad con los Abonizio, con los Fandermole, con los que vienen detrás. Esa sensación de estar en la rueda y ver que todo pasa y que algún día uno también quedará en el camino.
Lo único que atenúa el dolor es su avanzada edad y los discos, que están ahí para revivirla cuando se nos antoje.
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