Martín Farizano
Cuando me arrimé al Partido Intransigente, a mediados de 1982, me impactó la figura de Martín Farizano: grandote, un poco torpe en los movimientos, arrebatado, transitando los cuarenta pasos que separaban al bar “Boston” del comité nacional de Riobamba 482 en medio de charlas y cruces con cada uno de los que se cruzaban en su camino, con mil y una cuestión pendiente y a resolver.
Martín fue sin lugar a dudas ese plus de liderazgo que necesita toda fuerza política para crecer. Estaban ya en la Juventud Intransigente Darío Díaz y el negro Barthe, pero era Martín el pivote sobre el que se basaba el crecimiento vertiginoso de “la patota del doctor”. Fuimos sabiendo de su pasado militante, de su tiempo en prisión, de sus estudios de economía, pero fundamentalmente todos los militantes fuimos sabiendo, cada uno a su tiempo, que en Martín había un ser humano, un referente al que le podíamos plantear “cuestiones personales” y que íbamos a encontrar una oreja abierta y si era necesario un consejo desinteresado.
Es, por sobre todas las cosas, un tipo muy querible.
Creo que fue allá por 1988 que Martín se fue del PI al radicalismo y lo hizo sin hacer ruido ni prensa. Conversó con todo el mundo y explicó a cada uno que se lo requiriese porqué tomaba esa determinación. Su salida del PI fue digna, señorial, envidiable. Se fue como se van los grandes, sin hacer esa típica alharaca que siempre sirve, a la postre, a los enemigos del campo popular. Y muchos nos quedamos callados, entristecidos porque se alejaba de nosotros un referente, una especie de primo mayor al que siempre sabíamos que podíamos recurrir. Incluso esta partida generó no pocas discusiones en un partido que ya estaba barranca abajo, que ya desde el error histórico de no haberse aliado a Cafiero en 1987 había quedado afuera del proceso histórico, había perdido sentido.
La ausencia de Martín determinó que la Juventud Intransigente de Capital se volcara a la construcción de un sistema que se conoció como “La Banda”, liderado por Marcelo Vensentini, que sería con los años un aceitado aparato de ocupación de espacios superestructurales pero sin la más mínima preocupación por la inserción barrial. Esta táctica le posibilitó ser virtualmente la estructura medular del ibarrismo. Como no podía de otra manera, de ese aparato no quedó nada, salvo el colorado Raúl Fernández ocupando una banca sin ningún tipo de representatividad y con una orientación político-ideológica muy viscosa.
El tiempo pasó y muchos le perdimos el rastro a Martín hasta que nos enteramos que desde el 2007 es el intendente de Neuquén y que ayer le ganó la interna al cobismo liderando un frente donde además de la UCR también está el PJ y muchas otras fuerzas populares. El desafío de disputarle la gobernación al MPN no es menor, mas bien todo lo contrario. Pero eso me importa poco hoy, eso es menor ante la satisfacción que me da que un dirigente de los kilates de Martín esté siendo noticia.
Porque con tipos como él la política mejora y mucho.


