Me voy a la cama con una certeza
2011/07/martin-rodriguez-senala-el-camino.html”>en el post anterior. Es no ver las consecuencias, es no estar capacitado para entender cuáles son algunas de las corrientes de fondo que siguen latentes en la sociedad argentina y particularmente en la de la ciudad de Buenos Aires, que expresa ciertos rasgos con una fidelidad e impudicia fabulosas.
Muchas veces he escrito (hace más de un año lo hacía con frecuencia y los visitantes más añejos lo recordarán) que buena parte de la sociedad nunca rompió con el modelo de los noventa y que de una u otra manera siempre consideró que los lineamientos generales de aquellos años no estaban tan mal, sólo que De La Rúa no estuvo a la altura de las circunstancias y eso nos llevó a enterrarnos en la banquina. De ahí que se le dieron atribuciones extras a Néstor Kirchner para que nos sacara del lodazal y nos colocara nuevamente en el camino del que nunca debimos habernos desviado. Y Néstor cumplió, sacó al país del lodo con mano férrea y puso de nuevo las cosas en su lugar, pero no se modificó la base del modelo, he aquí un temita, una puntita. Rápidamente se empezó a crecer y se gestaron maniobras geniales que le hicieron muy bien al país (desendeudamiento y recuperación de los fondos previsionales) pero la estructura siguió siendo la misma y eso tiene su peso.
Mientras tanto, en los sectores urbanos con necesidades satisfechas se empezó a visualizar que las cosas buenas suceden porque sí, por el “viento de cola” y los precios internacionales de los commodities, que los beneficios llegan incluso a pesar del gobierno, mientras que lo malo es culpa exclusiva de Casa Rosada. La diferencia que saca hoy Macri tiene que estar ligada a eso, indefectiblemente.
Hay muchas cosas que revisar, por empezar para adentro, en lo referido a la campaña y a las diversas prestaciones de cada sector, a las zancadillas, a los codazos, a la deslealtad. Pero da la impresión que hay que retomar la senda de la propuesta, tenemos que decirle a la sociedad qué queremos, tenemos que amigarnos con el futuro, tenemos que volver a demostrar que somos la fuerza que está capacitada para hacer mejor lo que el conjunto del pueblo necesita.
Hicimos mucho por el país, hemos garantizado muchas cosas, pero la política es ferozmente ingrata y siempre exige más. Los pueblos agradecen lo que se les dio pero piden más y más porque para eso están y las fuerzas políticas que aspiran a conducir un país están obligadas a ofrecerles futuro.
Ese nuestro desafío.
Es difícil, entre otras cosas porque lidiamos electoralmente con fuerzas políticas pero en realidad el núcleo opositor es una empresa periodística que está dispuesta a todo y que hasta ha retomado iniciativa política, lo que equivale a ir con blancas en Ajedrez, siempre mueven primero.
Las derrotas porteña y santafesina estaban en todos los planes, sólo que han sido más duras de lo esperado. Pero no radica ahí lo preocupante sino la casi certeza de que nos estamos quedando sin política y que estamos gastando mucho de lo acumulado, que aunque nos alcance para llegar victoriosos a octubre, será nada en vistas a remontar cuatro años más de gobierno. Nuestro problema no es electoral, nuestro problema es político. El resultado de las primarias y de octubre no corre riesgo. Lo que nos urge es diseñar el tinglado político para la nueva etapa, que será inevitablemente la más dura. Mucho más aún que lo que ha sido hasta ahora.
Hasta mañana.
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