No es que no lo dejen, Macri no sabe gobernar
Así como en “The Wall“, la condena para Pink es “vivir entre los hombres”, para Mauricio Macri no debe haber peor castigo que obligarlo a gobernar. La madre del borrego en el dislate macrista porteño es la sumatoria de un fabuloso equívoco fundacional (creer que todo lo anterior está mal hecho), una notable incapacidad de gestión (todo lo hacen mal) y el sometimiento a un asesor de imagen como Durán Barbas que en todo caso puede ser útil para campañas electorales pero absolutamente inservible a la hora de aconsejar sobre algo que ignora: gobernar. Por eso le pasa que instaló un call center para infraestructura escolar en diciembre de 2007 (con las escuelas ya de vacaciones) que funcionó bien durante el verano y colapsó el primer día de clases del 2008 cuando los 800 establecimientos educativos de la ciudad se pusieron en marcha y las 800 directoras empezaron a llamar reportando baños tapados, vidrios rotos y tantísimas averías más de las que habitualmente se generan en establecimientos que albergan a miles de estudiantes; por eso instaló un teléfono botón para denunciar ñoquis y se le saturó con denuncias sobre el año y medio que Michetti no trabajó como vicejefa de gobierno; por eso eliminó subsidios a las escuelas y éstas se terminaron de venir abajo, etc, etc. Durán Barbas no sirve para asesorar en cómo se gobierna porque gobernar es otra cosa muy distinta a trabajar para la imagen,
El macrismo llegó a la jefatura de gobierno sin diagnóstico y con una sobrecarga de prejuicios, Partió del supuesto de que el funcionamiento del sistema de salud y educación públicas estaba mal pero sin haber realizado un mínimo estudio, sin consultar con el personal, sin la humildad mínima como para escuchar a los directores de los hospitales y las escuelas. Por eso enfocó equivocadamente cuestiones sensibles y aplicó una acción que naturalmente contribuyó a complicar aquello que andaba más o menos bien y deshizo lo que estaba mal. Hoy no hay un área del gobierno de la ciudad que se salve de esta invasión de inservibles que ha sufrido.
Este es el contexto para analizar la constante victimización a la que hecha mano el gobierno de la ciudad, porque supone que quejándose de que “no lo dejan gobernar” puede convencer a alguien. Por supuesto que no faltarán algunos crédulos que se rindan a este pucherito recurrente, pero la verdad, lo que usted -que por ahí está leyendo esto buscando alguna explicación de cómo son las cosas- debe saber es que en la realidad gobernar siempre es complicado, que todos los gobiernos enfrentan a fuerzas que le quieren impedir gestionar y que independientemente de que no se gobierna solo, porque siempre hay oposición y otros jugadores, la realidad solita se encarga de encarajinarle la vida al gobernante, porque no es que usted gana una elección y el mundo se detiene por cuatro años, como una imagen que se congela, para que se puedan hacer las cosas que hay que hacer. La realidad muta constantemente y el gobernante debe tener la suficiente prestancia como para arrancar al día siguiente sabiendo que mucho de lo que había calculado ya no corre, envejeció en horas y debe empezar de nuevo y hasta por lugares que jamás de había imaginado.
En momentos donde empezamos a pensar en qué será del futuro de la ciudad de Buenos Aires y si queremos seguir así o cambiar, es bueno pensar los problemas desde este lado, pensar que así como está cada vez más claro que el macrismo es una derecha reaccionaria y xenófoba, el cuadro se agrava por sus grandes falencias en la materia Gobierno.
No saben gobernar, no tienen la más remota idea de qué es gestionar la cosa pública. El punto es si estamos dispuestos a seguir dejando la ciudad a la deriva.
.

