No me gusta "Ernestina"
Perdón, pero ese video donde Liliana Felipe canta una canción dedicada a Ernestina Herrera de Noble no me dice nada pese a que curiosamente me gusta mucho la obra de esta talentosísima cordobesa a la que descubrí cuando promediaba la década del noventa cuando apareció por estas pampas aquél disquito que acompañaba, creo, un libro de la escritora Laura Esquivel y traía una versión expectacular de “Mala”.
Recuerdo que luego apareció un oyente que me pasó un puñado de cassettes de la Felipe, que fui digitalizando y difundiendo casi obsesivamente en mis programas hasta que le entregué una copia del disco “Elotitos tiernos” a Fernando Peña, allá por el 2000, y le gustó tanto que la empezó a pasar a lo pavote en sus espacios. Betty Elizalde conoció ahí a Liliana y se sumó a esta campaña de difusión que por suerte dio sus buenos frutos logrando que la cordobesa se hiciese conocida en los sectores “progres” de los principales centros urbanos del país.
Cuento esto para que no se malentienda mi desilusión por “Ernestina”. No me gusta porque creo que está compuesta a las apuradas, casi como por encargo de la época. No es fácil componer canciones sobre temas candentes, Liliana misma tuvo un acierto de aquellos cuando logró pensar sobre el NAFTA en su momento logrando una canción potente como “O dicho de otro modo” donde con fina ironía preanuncia las penurias que le acarrearía a México el mercado común con Estados Unidos. Pero no todos los días las musas acuden a la cita, “andarán de vacaciones” disparó el mismísimo Serrat en ese rapto de ingenio que tuvo para mofarse de los paros de la inspiración.
Musicalizar textos tampoco es cosa fácil. A modo de ejemplo te cuento que salvo excepciones puntuales como “Eche veinte centavos en la ranura“, nunca me gustaron las músicas que le puso el Tata Cedrón a los poemas de González Tuñón o Gelman. Siempre los escuché faltos de creatividad, una sumatoria de notas armonizadas a fuerza de oficio pero sin arte, sin ese plus que transforma a una canción en un himno que todos tararean. Canciones que no logran la redondéz que por ejemplo consiguió el citado Serrat en aquellos emblemáticos discos con textos de Miguel Hernández y Antonio Machado.
No siempre el abordaje de la coyuntura desde las canciones propone resultados satisfactorios, casi que me animaría a decir que es al revés, que son muchas más las posibilidades de obtener rotundos fracasos. Y honestamente no sé si ello se debe a cuestiones de inspiración o a que en la canción testimonial muy pocas veces la pelota entra en el ángulo y por lo general pega en el palo o bien sale cerquita del banderín del corner. Salvando abismales distancias, me pasa casi cotidianamente en este blog que desaprovecho temas interesantes, de esos que ameritan redacciones más trabajadas pero que los termino sacando así como vienen por una urgencia determinada antes que nada por mi ansiedad. Pero así y todo, hay algunos post que trascienden, que “pegan” mientras que incluso otros más masticados pasan absolutamente desapercibidos.
Pero bueno, el punto es que me parece que “Ernestina” no sólo se queda a mitad de camino sino que nunca termina de arrancar; Me suena como un texto previsible, como una puteada, como un arranque de furia musicalizado así como a las apuradas. Una obra que no sorprende, un acto de fe militante sin musas que consecuentemente le gusta a 9 de cada 10 personas que reciben el e-mail con el link porque están predispuestas políticamente a que les guste.
“Ernestina” me genera algo parecido a algunas composiciones de Ignacio Copani como sin ir más lejos esa que compuso sobre los caceroleros. Coincido en el planteo, pero la canción se la regalo, mire…
He recibido varios correos instándome a degustar esta obra y desde el mismísimo instante en que el videíto llegó a su fin es que ando algo atormentado pues dudo en ponerme a redactar las sensaciones que me generó básicamente por temor a ser apaleado por los de mi tribuna, al punto tal que no sé si finalmente esto será publicado o archivado hasta quién sabe cuándo.

