Notas sobre radio: Los equipos de producción

Hay una creencia muy instalada en la radiofonía argentina y consiste en suponer que con un equipo de producción numeroso se suplen las carencias de micrófono. Ya Radio Mitre lo probó con Dady Brieva cuando puso en el aire ese espanto de segunda mañana allá por 2008. El pobre Dady ni siquiera podía poner ni una cucharada propia. Hacía un anuncio y automáticamente iba móvil, tanda, música o columnista. El programa era, entonces, un cortar y pegar desenfrenado que terminó siendo levantado.
El vaciamiento conceptual de la radio argentina trae aparejada la creencia de que la producción cubre la falta de conductores que conozcan los secretos del medio, que sepan que hacer radio no tiene nada ver con la prensa escrita, por caso. Da lo mismo entonces que los programas sean conducidos en algunos casos por gente que nunca tuvo un programa ni siquiera en una FM barrial total, creen, lo importante es sostener todo desde el otro lado del vidrio y se equivocan de punta a punta porque siempre es el conductor el que va cociendo con paciencia el aire, enganchando una cosa con la otra. Es el conductor el que sospecha los matices, que presiente que hay que mandar un tema musical para aflojar o posponer una nota porque se corre el riesgo de irse muy abajo en algún momento y así decenas de pequeños detalles. Quique Pesoa tuvo en su programa “En la vereda” que se emitía por la 1110 un equipo de producción numerosísimo que funcionaba muy afiatado, pero nada de lo producido por ese equipo tenía sentido si luego al aire no era trabajado por él. Si actualmente al también numeroso equipo de Victor Hugo en Continental le sacás al conductor, se cae todo. De nada sirve el equipo produciendo si no hay quien finalmente transforme en radio todo lo preparado. Es como la diferencia entre el guión de la obra de teatro y el actor que la va a actuar.
El problema de fondo de nuestra radio es que la gran mayoría de los que toman decisiones no saben de qué se trata, no tienen formación en el medio y en muchos casos creen que no hay que escuchar a los viejos. Estamos viendo este año radios con sobreabundancia de productores porque se cree que con eso basta y sobra. Luego los costos se pagan en el aire. Luego pasa que termina la tanda, se pega cortina, el operador hace la seña, abre micrófono y baja la cortina para que el conductor ingrese. Resulta que el pobre diablo que está frente al micrófono no late, no respira radio, entonces la cortina queda baja dos segundos (¡Dos segundos! una eternidad en ritmo y en plata…) hasta que se escucha una voz no convincente, no afirmada que dice algo así como “Bueno… X tiene una nota telefónica”. Cero clima, cero dinámica, cero ritmo, cero todo. O puede pasar que en otro momento irrumpa alguien a quien le han hecho creer que yendo al palo, todo arriba, bien arriba, sin pausas, sin inflexiones, se suplen las carencias de manejo, entonces, ora expulsás audiencia por falta de ritmo, ora la enloquecés por un exceso de frenesí que termina inexorablemente en cotorreo.
La radio argentina está siendo copada por gentes venidas de otros palos, básicamente del periodismo escrito, entonces se supone que todo lo que el conductor no puede hacer por falta de oficio se cubre con equipo de producción.
Hubo también una época en que en el fútbol se creía que la falta de talento e ingenio se suplía con “polifuncionales”
Así nos fue
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