Obviedades
La situación es tan compleja que la empresa que se niega a acatar la legislación en materia sindical y de medios de comunicación audiovisual aparece como cercenada. El lobo con traje de cordero. Y el gobierno que más ha hecho por la libertad de prensa, el gobierno que más operaciones ha soportado, el gobierno que no ha apresado periodistas, que ha derogado normas a favor de la libertad de expresión y ha motorizado una legislación que democratiza la palabra es mostrado por el complejo mediático-opositor como si fuera la peor tiranía.
El problema es cómo nos ven, el problema no es lo que somos sino lo que dicen que somos; el problema no somos nosotros sino los que dudan, los que están en el medio, los que se necesitan para terminar de torcer la balanza definitivamente primero en octubre para ganar y después a partir del 11 de diciembre para sostener el nuevo período de gobierno de Cristina. Mario Llambías (que como siempre dije es el cuadro más reaccionario y jodido de la Mesa de Enlace) anda diciendo que queremos hacer flamear “El sucio trapo rojo” y nosotros nos reímos y nos rascamos la cabeza porque precisamente el kirchnerismo no vino para socializar el poder la riqueza y la cultura sino para arrimar lo más posible al país a nociones de un capitalismo más serio, más parecido al que impera en el mundo desarrollado. El kirchnerismo los complica a los Llambías y cía no porque los quiera expropiar sino porque les quiere cobrar impuestos. El problema es hasta dónde cala ese discurso, hasta dónde perfora esa diatriva. El problema es a cuántos eso les puede hacer ruido.
El problema me parece que pasa por pensar que de acá hasta las elecciones todo será cargado en la cuenta del gobierno y que no escatimarán esfuerzos en tensar, en complicar, en crispar. La paz y la “normalidad” le sirve al gobierno y el quilombo es funcional al amplio espectro opositor, así es el contexto. Si desde la detención al Momo Venegas hasta el bloqueo a Clarín, todo se le factura a Cristina, es bueno preguntarse si no estamos en una tendencia preocupante. Creo por lo tanto que debemos ser capaces de priorizar lo importante y dejar de lado el chiquitaje.
Entender que nada está ganado y que no advertirlo puede llegar a ser la mejor forma de dispararse en el pie.
.

