Obvio
Estaba cantadísimo que esto iba a pasar entre otras cosas porque ha sido este gobierno el que ha venido subiendo sucesivamente el piso del impuesto a las ganancias a los salarios que fue inventado por el radicalismo durante el gobierno de Fernando De La Rúa. El problema del espacio opositor es que pretendió meterse por la ventana extrayendo rédito político propio en algo en lo que se podría haber consensuado un marco razonable de diálogo. El problema del Grupo A es que pretende dar muestras de diálogo y consenso pero dejando afuera al oficialismo, entonces le va como le va. Primero pretenden imponer un Orden del día sin acordarlo con la primera minoría, lo que los obliga a juntar quórum por las suyas, después no lo consiguen y ahora ya están en todas las radios achacándole al oficialismo que el miércoles no bajó al recinto para luego hacerlo por decreto pero el problema en rigor es otro y consiste en que mientras las brigadas opositoras no comprendan que en democracia con la principal fuerza política se dialoga en lugar de tratarla como un ejército invasor, van a seguir dando vergüenza y llorando por un cable que las masas no ven. La verdad es que asombra tanta pequeñez, tanto divorcio con la política.
El conglomerado opositor demuestra en todo su accionar un desprecio enorme por las formas que dice fomentar. Aturdió su silencio cuando fue un peronista amigo suyo como Das Neves el que enlutó el sagrado acto electoral con maniobras escandalosas y ahora quiso subirse al escenario de manera tosca, fofa y pedorra para hacerle creer a la sociedad que en verdad son ellos los interesados por subir el impuesto a las ganancias a los salarios.
Esto explica porqué son un ramillete de pequeñas tribus deshilachadas, con más caciques que indios. Han renunciado a la política y eso los lleva a colisionar con el sentido común a cada rato.
Pero siguen sin advertirlo.
Sólo falta ahora que convoquen a una sesión para tratar un aumento del 18 por ciento a partir de agosto.
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