Para un hincha de River lo de ayer no fue nada…

Es tan complejo analizar este resultado que voy a ir con subtítulos, tratando de puntualizar ideas que en algunos casos pueden contradecirse entre sí, pero no encuentro otra forma de entrarle al tema.
El voto “dejemos todo como está”
Se veía venir en algunos sectores, tipo encargados de edificios, un voto a Macri y luego a Cristina. Un voto “dejemos todo como está”. Creo que ahí hay que buscar buena parte de los 16 puntos que Macri le sumó a los 31 que en 2009 cosechó Michetti. Hay mucha gente que ve que la cosa más o menos funciona y entonces tiene el reflejo de no tocar, no modificar, que todo siga como está. Es muy difícil operar en esa sensación, en ese reflejo. Que exista un piso del 30 % decididamente de derecha en un distrito como capital no es nuevo, tampoco que hemos sido incapaces de demostrarle a ese otro 16 % que con nosotros le va a ir mejor. Se me viene la imagen de esa persona que se jubiló gracias a Cristina y le vota en contra. Es que hay algo más estructural y es que en un distrito donde las políticas del gobierno nacional impactan fuerte, donde están los sectores que mejor diferencia han hecho desde 2003 a la fecha es donde se cosecha el mayor índice de rechazo electoral. ¿Dónde impactan, por ejemplo, las subas del piso en el Impuesto a Las Ganancias? ¿Dónde impactan la luz y el gas con tamaños subsidios? Es feo sospechar que, pese a lo que se supone, el kirchnerismo ha beneficiado muchísimo más a los sectores medios y medio altos que a los de abajo, y da miedo pensar que la sospecha puede ser una realidad. Da pavor, en consecuencia, concluir que los que mejor rédito obtienen con nuestras políticas nos respondan así…
Volver a pensar una política para Bueno Aires
Es facilísimo simplificar diciendo que al fin y al cabo el peronismo no ganó nunca en capital y que cuando lo hizo fue con Herman González en los tiempos de Menem. Esta es la idea de la hora en muchos compañeros que no saben si ponerle una bomba a la ciudad o mudarse. Tranqui, no nos enloquezcamos. En una de esas hay que ponerse a pensar que no tenemos política para los sectores con necesidades básicas satisfechas; en una de esas venimos hablándole a un público que no nos escucha y hasta es muy probable que no le estemos diciendo nada. La idea sería que cuando el pobre tiene cloaca, asfalto y accede a la casa propia se empieza a gorilizar y se olvida de cómo salió de la miseria. La idea sería entonces que al igual que la Iglesia Católica necesitamos que haya pobres para que sean nuestro activo.
No es así. Al fin y al cabo si sumamos nuestros votos más los de Proyecto Sur y algunas otras fuerzas menores, tenemos que en la CABA hay un cuarenta y pico de votantes que quiere otra cosa, que no se sintió “bienvenido” a la fiestita de Mauricio. Pensemos también en nuestros errores, en una campaña casi inexistente con falencias, con codazos, pensemos que no logramos construir algo distinto a ese target “progresista” del ibarrismo, pensemos que para cambiar la gente tiene que tener algo enfrente que la invite a hacerlo y que en eso no estuvimos felices.
Pensemos también que en trifulcas como la del Parque Indoamericano salimos hechos jirones, como también con la medida de sacar de un día para otro a la federal de la custodia de algunos establecimientos de la ciudad. Pensemos también que la gran mayoría de los millones que poblaron los festejos del bicentenario eran porteños y que muchos de ellos ayer votaron a Macri. Así como cuando la política desfinanciadora del Estado que llevó adelante el Grupo A en 2010 no observaba que en la base había gente que se podía perjudicar si esos proyectos se aprobaban, también debemos pensar que cada vez que Macri se victimiza sintoniza con una gran cantidad de habitantes de la ciudad que se sienten en cierta medida maltratados o discriminados por el gobierno nacional.
En la capital viven argentinos
Lo peor que podemos hacer es ser perezosos y escaparle al análisis autocrítico. Olvidémonos de ese 30 % de piso que tiene Macri, ese voto consolidado bien de derecha. Pongamos en ojo en el otro sector, en ese que fluctúa y que en los últimos días se cuadró junto al oropel de la derecha porteña. Pongámonos a trabajar para ver cómo le hacemos entender a esa clase media que le va bien desde 2003 en adelante, que contrariamente de lo que le han hecho creer nuestras políticas la favorecen más que las que puede desplegar Macri. Si no trabajamos esa dicotomía de un sector que vota a Macri sin ver que escupe para arriba no lograremos nunca el triunfo en ciudad.
Asumir que no siempre se puede ganar
Esta opción también hay que evaluarla. Quizá no siempre se pueda ganar, quizá haya limitaciones y así como esos problemas de las matemáticas irresueltos, la capital sea una especie de principado donde nuestras políticas no llegan, no impactan, no enamoran. Quizá esto de devolver derechos, esto de distribuir mide bien en aquellos lugares donde se lo necesita pero no en capital, donde el piso del nivel de vida es superior a la media nacional.
El PRO está creciendo
Hubo varias escuelas en Belgrano donde se daba la contradicción que los fiscales del FPV eran señoras que daban cien por ciento el perfil del típico habitante del lugar y los del PRO, barras traídas de Lugano y Mataderos, gente pesada de verdad. Eso pasó, le pasó a mis compañeros que hasta tuvieron serios problemas a la hora de discutir si votaban o no esos fiscales puesto que eran de otra comuna. Pero esto es anécdota, lo importante es que esta práctica desplegada ayer por el PRO en Belgrano demuestra cómo están estructurándose como fuerza (Acá Ezequiel Meler analiza muy bien el tema). Nada menos que en Belgrano, el PRO recurrió a los muchachos de la zona suroeste para garantizar los comicios. Mientras por arriba Macri despliega la imagen y el discurso que conocemos, por abajo el PRO viene estructurándose como una fuerza política con una concepción bien territorial, bien a la usanza del conurbano. Cuidado con este dato. A Hugo Curto, por caso, lo votan los sectores de menores ingresos y arrasa en las zonas residenciales de Tres de Febrero. Cuidado que todo indica que el modelo de construcción del macrismo viene por ese lado… Su despliegue en la campaña fue arrollador, por cada mesa nuestra había 10 de ellos. En terrenos como Educación, este año depositaron todos los subsidios y la empresa con la que tercerizó las tareas de mantenimiento edilicio hasta en lo que va del año ha venido respondiendo con un nivel de eficacia digno de destacar. Ojo, hay algunas cosas que le han salido bien. El metrobús le salió bien. Todo esto nos lleva a otro desafío cual es pensar qué hacer cuando el adversario acierta, cuando algunas cosas le empiezan a salir bien. No siempre el que está enfrente se va a equivocar, si nos mal acostumbramos a eso estaremos expuestos a que ante un par de aciertos quedemos sin respuesta y sin reflejos.
No todos los porteños fueron a la fiestita
Remarco este punto para que no nos cortemos las venas gratis. Macri hizo una elección mejor incluso que la de 2007, tremendo, pero hay un cuarenta y pico por ciento de porteños que le votaron en contra. Ahí tenemos que trabajar, es casi una mitad de los votantes. No es poco, loco. Ya está, LTA y a seguir por ese cuarenta y pico.
Continuará…
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