Que el Estado no se meta
Los problemas para poner en funcionamiento la legislación en materia de medios vienen a demostrar lo complejo que es hacerle cumplir la ley a un sector inmensamente poderoso. Hay que entenderlos: Se acostumbraron a vivir sin ley y ahora se los quiere enmarcar. Reaccionan como animales silvestres.
¿Porqué hay que diferenciar la tanda del programa? ¿Porqué se prohíben los “chivos”? En un punto me pongo en su lugar y sufro con ellos. Es horrible vivir que un buen día te digan que hay Estado y que en función de la legislación vigente ya las cosas no pueden ser como antes.
En la base de estas discusiones está el Estado o si querés, qué tipo de Estado queremos, o hasta dónde estamos dispuestos a soportar su injerencia. El campo y los medios no quieren que el Estado se meta en sus asuntos, eso está cada día más claro. El problema es que pareciera que hay muchísima gente de a pie que coincide con esos puntos de vista. Se ha machacado tanto en su contra y se lo ha demonizado tanto que ahora todas sus atribuciones son puestas en tela de juicio. Hay generaciones que se han formado con la noción de que el Estado no sirve para nada y que son las empresas las que en definitiva hacen funcionar al país. Esas nociones han ocultado siempre que en los países de punta lo Estados han tenido un rol central en el desarrollo de sus fuerzas productivas y que han funcionado en alianza con sus respectivas burguesías. En Argentina nunca se logró esta alianza, incluso siempre estuvo en discusión si existe una burguesía nacional. Durante el siglo pasado el poder económico argentino se encaramó en el Estado al resguardo de las bayonetas siempre con el fin de utilizarlo en su propio beneficio y cuando hubo interregnos democráticos permanentemente se parapetó en contra de cualquier tipo de alianza.
Clarín nos está mostrando a los argentinos día a día cómo reacciona el poder económico en nuestra patria toda vez que la democracia osa imponerle una legislación.

