Sandro

Mamá nunca lo terminó de tragar a Sandro. Le daba cosita que Mary gozara tanto con sus discos. En aquellos días de los sesenta Sandro molestaba, turbaba a las madres. Hoy creo que lo que pasaba era que les generaba profundas e intimísimas sensaciones de gozo.
Creo que las excitaba.
Anoche, a minutos de arrancar La Bloguera, pensaba que a mis 49 años si repaso mi vida debo concluir en que me crié con Sandro, con Los Beatles y Credence, así de sencillo. Si tengo que musicalizar mi vida, si tengo que encontrar íconos que me marquen a fuego, ahí están los Beatles, ahí anda la banda de Fogerty y ahí está el Gitano. Incluso si tengo que encontrar un motivo lo suficientemente fuerte para haber dejado mi adicción al tabaco (más de dos atados diarios) es, sin dudas, el drama del Gitano. Cada noticia sobre su enfisema me taladraba, hasta que el 6 de setiembre de 2003 a eso de las 7 de la tarde apagué el último cigarrillo.
Un tipo al que defendí en aquellos tiempos en que mucha intelectualidad progre lo despreciaba y mucho, con ferocidad diría, con ese asco por “la chongada” siempre tan presente en ciertos sectores sociales. Pero un buen día dejé de tener esas discusiones donde realmente gozaba a más de un progre que no perdonaba las dasafinaciones en Sandro pero ni las advertían en varias figuras del rock y el pop. Un buen día me quedé sin contrincantes, desaparecieron esos que me preguntaban azorados cómo podía ser que me gustara tanto el Jazz y a la vez Sandro.
¿Será por esa invitación de León Gieco para cantar “Mi amigo” en el disco “Semillas del corazón?
¿Será por que en Brasil en esos años también hubo una corriente de reconocimiento para con Roberto Carlos?
¿Será por ese disco horripilante que hicieron algunos rockeros tributando su música lo que cambió la mirada de ciertas clases medias snobistas? Hoy volví a escuchar la versión de “porque yo te amo” de los Cadillacs y ahí comprendí porqué la había olvidado. Por lo feo que es, sin duda. Bueno, qué cosa, muchos de los que criticaban las desafinaciones de Sandro no las advirtieron nunca en Vicentico, un muchacho que si fuera corredor de autos iría más por la banquina que por la cinta asfáltica. Porque, entre nosotros, para este chico afinar es una proeza que sólo se logra muy de vez en cuando, pero es tal su coherencia desafinatoria que logra el efecto contrario, les hace creer a muchos sordos progres que canta bien. Vicentico no trasunta los suburbios de la afinación, directamente está en el segundo cordón… Pero vos sabés, vistesss, es Vicentico, votó al MAS, es visto como un artista del palo por esa manga de progres sordos que criticaban a Sandro. Muchos de los mismos que escuchan los últimos trabajos de Sabina sin inmutarse (¿Se puede escuchar cantar a este tipo sin sentir que se están violando reglas básicas del buen gusto musical?)
Bueno, el caso es que quizá ese disco horroroso de rockeros tributando al Gitano quizá cambió la mirada de mucha clase media sobre este artista y ahí cambió todo y de un día para otro el Gitano pasó a ser una leyenda en vida.
Mi vínculo con Sandro es acrítico porque siempre estuvo ahí, en cada pliegue de mi vida. Fue para mí como una parte inescindible de mis días. No lo elegí como sí pude haber elegido más tarde a Roger Waters, a Miles Davis o a Cheo Feliciano. No me venció como Paul, a quién con los años y merced a evidencias incontestables terminé reconociendo como algo quizá más grande que el gran Lennon.
¿Esto lo hace más grande, esto lo afina? En absoluto. Hoy me cuesta horrores ver más de 10 minutos de cualquiera de sus películas y me cuesta más aún escuchar un disco suyo entero, pero eso no dice nada, eso no explica el vínculo.
O si querés sí lo explica.
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