Solanas, el Gran Viejo, según Sarlo
Estoy leyendo con mucho placer el nuevo libro de Beatriz Sarlo y se me ocurre transcribir algún que otro párrafo como éste donde caracteriza de una manera muy interesante a Fernando Solanas.
“Enunciaría la siguiente hipótesis: la televisión y la política coinciden en el juvenilismo; los políticos maduros son admitidos porque, de no hacerlo, no habría personajes para contar una trama de cierta duración personal, pero, en términos generales, así como existe un populismo “de la gente” (ese conglomerado de individuos encuestables) existe un populismo juvenilista. La estética televisiva es hostil a la madurez y admite la vejez sólo en calidad de personaje “característico” (como se lo llamaba en el teatro del siglo XX) o de gran estrella cuya importancia supera el tiempo. En esto se sigue la línea hegemónica de las estéticas de mercado contemporáneas.
El juvenilismo admite, sin embargo, algunas figuras típicas, entre ellas, en primer lugar, la del Gran Viejo, demasiado viejo para ser un viejo ridículo, demasiado sentenciosos para ser un vijeo que no entiende nada, demasiado respetable en su vejez no disimulada, para ser un viejo de porquería. Celebrityland adora a sus Grandes Viejos. Hace quince años ese Gran Viejo fue Ernesto Sábato, que le hablaba directamente a la juventud sobre los peligros de una revolución tecnocrática y de una destructiva teodicea técnica; pasaba por sobre las cabezas de generaciones que eran las de sus propios hijos. El Gran Viejo confía en el futuro; necesita de los más jóvenes como auditorio. No es un resentido porque el mundo lo ha puesto a él en ese lugar y estando allí el futuro debe ser necesariamente mejor que el pasado.
Solanas, sin proponérselo, ha venido a caer justamente en ese casillero que tiene fuertes componentes míticos. El Gran Viejo no es el padre sino el abuelo: frente a él no hay agresividad transgresora ni asesinato ritual, sino una continuidad que salta por encima de una generación. Si lo peor es ser simplemente un viejo, la compensación es la promesa de llegar a Gran Viejo. El hombre (porque Gran Viejo es siempre masculino) que guarda los recuerdos de la tribu e intuye el secreto de su futuro.”
———————-
Fragmentos extractados de pag. 49 y 50 de “La audacia y el cálculo” de Beatriz Sarlo. Editorial Sudamericana.
..

