Un poco de música.
Los años vividos en Perú fueron de mucho aprendizaje, la mayoría alegres, hermosos, y algunos de ellos realmente estremecedores, esos son los que más me enseñaron mirándolo en retrospectiva, el terror, la corrupción, la desigualdad, al fin y al cabo son moneda corriente en Latinoamérica, pasan los años y vemos cómo los círculos siguen dando vueltas, y siempre nos encontramos con las mismas caras de la moneda, y también, inevitablemente, es constante nuestro deseo de que esos círculos se rompan alguna vez dejándonos escapar hacia el progreso, en Perú ya se decía cuando yo era chico:”Somos un mendigo sentado sobre un baúl lleno de oro”, una frase que después de años llegué a oír también en México, y seguramente, de haber vivido en otros países del Continente, la hubiera llegado a oír en la mayoría, es una “sensación” eterna, una sensación ciudadana, pues siempre somos los ciudadanos, cholos, blanquitos, negros o amarillos los que vemos a esas minorías empresariales y políticas vivir como auténticos reyes, siempre tenemos la sensación de que seguimos siendo algún tipo de Colonia, y que todo lo que trabajamos, creamos y emprendemos, de alguna ú otra manera se va hacia alguna parte oscura, alguna parte de la que ya nunca más regresará, podemos defenderlos, podemos dar nuestra vida por ellos, podemos dividirnos y matarnos entre nosotros, podemos conseguir algún favor a raíz de nuestra militancia, pero no demasiado más que eso, por qué al fin y al cabo, de alguna manera, rubios de ojos verdes o morenos, los ciudadanos comúnes somos cholos, y ¿saben que?, también de alguna manera, es la posición que más me atrae, desde aquí nunca nadie señalará a mis hijos y dirá: “mirá, ahí va el hijo del ladrón”.

