Una mirada a La Cámpora a propósito de la nota de Esteban Schmidt
Publicado por admin el 5 junio 2011
Categorías: Política

Un pibe militante a comienzos de la década del setenta entendía que la violencia era la única salida posible, un pibe militante del 2011 te negocia, te rosquea. Son épocas distintas, mundos distintos, paradigmas distintos por eso no me animo a ser tan lapidario como Esteban Schmidt en esta nota sobre La Cámpora.
Indudablemente es complejo pensar en esta agrupación o en la militancia juvenil de nuestros días y más cuando se viene de antes y generacionalmente se ha estado muy cerca del olor a pólvora de los setenta. Aquellos pibes creían que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina, estos se conforman con mejorar este capitalismo periférico que nos ha tocado. Carlos Auyero, militante del cristianismo revolucionario de los setenta murió en un estudio de televisión implorando inclusión en tiempos donde el menemismo mandaba paladas de trabajadores al infierno. He aquí la prueba del retroceso. El desafío del presente ya no es el socialismo sino tratar de reconstituir de los escombros aquél país que la dictadura cívico-militar descuartizó con precisión de carnicero para que más tarde, en los 90, llegara el neoliberalismo a borrar todas la huellas y ponernos el cartel de que “aquí no ha pasado nada”.
Por eso hoy la política que producimos es lo que es y no la de aquellos años. Estos pibes que hoy militan hicieron la escuela con Sourrouille y la secundaria con Cavallo, no fueron contemporáneos ni al Che ni a Vietnam, son distintos, ni mejores ni peores, distintos. Tienen virtudes y defectos pero antes que nada son lo que ha logrado generar esta sociedad, son nuestra cría y hay que tratar de entenderlos antes de estigmatizarlos.
No tienen la organización de aquella JP. Son otra cosa. Aquellos querían tomar el Estado, estos quieren gestionarlo ¿Está mal? La verdad que no lo sé. No me animo a pontificar desde un vecindario generacional más cercano a sus padres que a ellos. Conozco a muchos pibes y de todos los niveles de responsabilidad. Los escucho, les hago preguntas tratando de obtener elementos para componer un diagnóstico lo más responsable posible, para sacar una foto representativa del fenómeno.
Si los mismos que 35 años atrás clamaban por el socialismo hoy entienden que la etapa no da para mucho más que la devolución de derechos y la inclusión, si los cascotes del Muro de Berlín los seguimos mirando en la vitrina con la perplejidad del desorientado, si antes parecía que la tarea era simple, que con la toma del poder estaba todo resuelto porque las fórmulas de la felicidad ya estaban funcionando en la URSS, en China o en Cuba; Si en aquellos tiempos imaginábamos al capitalismo partirse en mil pedazos y hasta la plataforma electoral de Ricardo Balbín de 1973 parecía el Manifiesto Comunista al lado de las proclamas más audaces del hoy; Si fuimos tan para atrás, o mejor dicho: si nos mandaron tan para atrás, no podemos agarrárnosla con una expresión política que independientemente de aciertos y errores es el testimonio de lo que quedó y al mismo tiempo una probeta donde se está procesando la política nacional y popular de las próximas décadas. Son pragmáticos hasta el hueso, rosqueros, ambiciosos, tienen sed de poder, son nuestro futuro y tienen todas las ventajas y contraindicaciones que nosotros le hemos transferido en su ADN político.
Y si como siempre sucede que tenemos el reflejo de puntualizar los costados que no nos gustan, no estaría mal preguntarse de dónde han extraído enseñanzas estos chicos y cuánto de lo que se les critica no es parte del sentido común de sus mayores.
De algo estoy seguro, empero. Son mejores que nosotros.
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