Usted elogiaría el buen servicio del repuestero que le vende autopartes robadas?
La mañana radial se tornó irrespirable con esa típica clase media que reventó los teléfonos de las emisoras defendiendo la calidad del servicio que brinda Fibertel cuando en realidad no es eso lo que está en discusión sino si el multimedios hizo bien o mal las cosas en lo legal.
Acá tenemos un problema con cierto sentido común que siempre convoca a no revolver la basura, a no investigar y, en el fondo, a justificar las transas -si las hubo- ya sea en el supuesto de que nos beneficiamos con ellas o directamente para no remover el avispero.
“Dejemos todo como está que así como están las cosas, mal que mal estamos bien” pareciera ser el subtexto del mensaje de “la gente” que llama a las radios, que no sé porqué me parece que son los mismos que los sábados se dan una vueltita por Warnes a comprar repuestos robados y luego ponen el grito en el cielo porque “nadie hace nada para evitar el robo de automóviles”, pero que, eso sí, jamás pondrían la cara por el “buen servicio” que les brinda ese repuestero.
Esto es algo muy propio de esa clase media que condena el trabajo en negro pero no blanquea a su empleada doméstica y hasta consulta a un abogado para ver si corresponde o no pagarle el aguinaldo…
Es que hay una cultura hegemónica (en la que precisamente Clarín tuvo una notable participación por ser el gran modelador del sentido común de la clase media argentina) que desde chiquitos nos fue transmitiendo que “las empresas siempre tienen razón”, y una experiencia de vida que nos lo fue ratificando, si al fin y al cabo nos hemos criado viendo cómo primero nuestros padres y luego nosotros mismos hemos tenido que morder el freno toda vez que tuvimos un conflicto de facturación o de mal servicio por parte de las grandes compañías de telefonía, electricidad, gas o cable. La certeza de que el usuario es absolutamente indefenso ante la empresa prestataria fue haciendo estragos y ahora se ven los resultados y nadie recuerda lo lamentable del servicio, lo oneroso de las tarifas, nadie recuerda lo costoso en tiempo y dinero que es dar de baja un servicio; nadie recuerda que incluso estas empresas son las primeras que no cumplen con la ley vigente que faculta a dar de baja por teléfono un determinado servicio, etc.
En el fondo vuelve a surgir ese abominable “No me jodan”, esa marca de fábrica, ese grito de guerra hipócrita de un sector de la clase media que siente que tocar a Clarín es meterse en lo más íntimo de su personalísimo sentido común.
No creo que que este conflicto de para mucho, incluso me parece acertado lo que sostiene el abogado Gustavo Arballo. Sí me parece importante ver cómo vuelve a demostrarse que prácticamente toda la historia empresaria de Clarín se lleva a los mamporros con las leyes. Y esto va mas allá de la intencionalidad del gobierno, que nada podría hacer si el monstruo de la calle Tacuarí no estuviera tan pero tan flojito de papeles.

