Y eso que nunca me compré un disco de Facundo Cabral

Cuando Oscar llevó este disco de Alberto Cortéz a casa encontré un compilado de hermosas canciones que comenzaba con “No soy de aquí”. El álbum es de 1971 o 72, no más. Ahí descubrí a Cortéz, un tipo que siempre me gustó y del que aprendí muchas cosas. Haber atravesado la adolescencia con él, con Serrat, con Los Trovadores, con Patxi Andión, con Aznavour, con Isella y Víctor Heredia fue bueno, edificante, me sirvió para no ser devorado por el lavarropas ideológico de la dictadura. El golpe de estado del 76 me agarró con 15 años recién cumplidos. Por ese disco supe de la existencia de Facundo Cabral, por ese disco conocí uno de los arreglos más maravillosos de Waldo de los Ríos, el de “En un rincón del alma”; en ese disco descubrí “Los ejecutivos”, de María Elena Walsh, la canción que sin dudas me enseñó que la sociedad estaba dividida en clases y que los de arriba eran unos garcas. Pero con “No soy de aquí” tuve el primer contacto con esa mirada universal, sin fronteras, que caracterizó mucho de la obra de Facundo Cabral.
Qué cosa, Cabral nunca estuvo entre mis predilectos, creo que nunca me compré un disco suyo y por supuesto no me caía nada bien su rollo místico, pero hoy a las 10 y cuarto de la mañana, cuando en La Red, dieron la noticia de su muerte, y la forma sin dudas absurda en que se le apersonó, sentí que una de esas balas me pegaba de rebote a mí, o a mi juventud, a esa casa de la calle 9 de julio 225 de Tres Lomas, a esa pieza que mis hermanos empapelaron en pleno brote hiposo, esa pieza con el póster de Virna Lisi y otro de Sylvie Vartan. Esa pieza donde estaba el Winco, y ese barrio, y la tía Mabel, y el doctor Fiol.
Todas esas imágenes cayeron al piso como cuadritos y se hicieron añicos en el fondo de mi corazón. Y eso que nunca me compré un disco de Facundo Cabral….

