Se ponen en juego 22.000 millones de dólares en exportación de alimentos.
Meses atrás un empresario vinculado al negocio de la carne confesaba en voz baja y descarnada cómo era su “hoja de ruta” para trabajar con el Gobierno y obtener resultados. “Lo tengo comprobado, uno puede tomar dos caminos. En el más largo está la cuestión formal, representada por sus respectivos ministros y altos funcionarios. Sirven para tomar un café y charlar amablemente, pero significan una pérdida de tiempo. En cambio, es en el camino más corto e informal donde efectivamente se resuelven las cosas. Allí sólo están Julio De Vido, Guillermo Moreno y el ex presidente Néstor Kirchner.”
A la luz de lo ocurrido esta semana, esta lógica brutal ayuda a entender por qué nadie en el Gobierno se pone colorado por los papelones internacionales. En la Cumbre América Latina-Unión Europea que se desarrolló en Madrid, la presidenta Cristina Kirchner negó, contra toda la evidencia en contra, que hayan existido restricciones a las importaciones de alimentos. Previamente, la delegación de la Comisión Europea en Argentina había calificado las medidas como “inexplicables”. Más tarde el gobierno del presidente José Mujica pidió explicaciones sobre las trabas que sufrieron los productos uruguayos. Y Brasil también se sumó al coro de protestas, al describir las restricciones como una “aberración al Mercosur”. Pero ¿cómo explicar que lo que en realidad cuenta en la Argentina son las llamadas telefónicas, en este caso a los supermercadistas para que dejen de importar alimentos, y no la firma de una resolución escrita?
Sin embargo, lo verdaderamente insólito llegó más tarde. Porque ante la desmentida de la máxima autoridad del país, es decir, la Presidenta, la cuestión lejos estuvo de quedar inmediatamente zanjada. Por el contrario, Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores, decidió esperar “una contraorden efectiva” para dejar de trabajar en el pedido efectuado por la Secretaría de Comercio. Ya son unos cuantos los que conocen “la hoja de ruta” para manejarse con el poder K. Además de elegir el camino correcto, los que ya saben utilizarla han aprendido ciertas costumbres, como la de no detenerse en los formalismos, no criticar “el modelo”, y a prestarse alegremente a cualquier foto que los encuentre firmando cualquier acuerdo o iniciativa por más que ésta no tenga ni pies ni cabeza, como el Consejo Argentino de Productores (CAP). La última creación de Moreno, que lleva un nombre de lo más engañoso, incluye doce cámaras empresariales de la alimentación que no han demorado demasiado el trámite de aceptación con las preguntas de rigor sobre las funciones que se desempeñarán. Está claro que a los polleros, los productores porcinos, la molinería de trigo, los frigoríficos exportadores de carne vacuna, algunas carnicerías y los fabricantes de aceite de soja les andaba faltando una entidad que no es gremial, sino que funcionará como un “consejo estrictamente comercial” y que liderará Ider Peretti, dirigente rural K y comisionista de hacienda.
Los hechos de esta semana dejan nuevamente al desnudo la particular y siempre excepcional forma de gestión que tiene el Gobierno y al que cada vez más empresarios le han aprendido a tomar el tiempo. ¿No será ésta, al fin de cuentas, la tan mencionada articulación público-privada? Roguemos que no. Este esquema de funcionamiento ha dado pruebas de que es demasiado rudimentario como para resolver cuestiones que estén más allá de las 24 horas. La prueba más contundente: la reunión de los viernes, “la escuelita”, donde Moreno junta a su alrededor a los representantes de la cadena cárnica. Hasta los últimos encuentros del año pasado, el funcionario se seguía mofando de los que hablaban de un fuerte faltante de carne. Todos los participantes se reían de los chistes, pero nadie se atrevía a efectuar un planteo serio de la situación. Cuando los corrales de hacienda dejaron de llenarse, ocurrió lo que todos sabían.
Sería un buen momento para comenzar a utilizar un esquema algo más profesional para atender los nuevos frentes de tormenta. Europa se encamina a un nuevo ajuste. La crisis del euro pone en jaque a nuestro principal comprador de productos manufacturados de origen agropecuario y el segundo cliente en la compra de productos primarios. A lo que se suma la cuestión ya mencionada de las restricciones a la importación de alimentos, en el que ofrecemos el mentón libre, sin guardia, para recibir el contragolpe. Se ponen en juego 22.000 millones de dólares en exportación de alimentos. Y China, en represalia por las barreras que encuentran sus productos para entrar en nuestro país, dejó de comprar aceite de soja.
La semana del campoPapelones internacionales para seguir errando el rumbo > Ir a la notalanacion.com | Campo | S?do 22 de mayo de 2010







