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El malhumor de la señorita Sturgeon


Asombra el mal humor de Nerina Sturgeon, la Editora jefa de Críticadigital. Ya el título de su breve declaración de guerra viene ensangrentado porque al decir “Es periodismo, no anticipación” el “estúpido” queda ahí, no visible pero sí presente.

Da la impresión que le cayó mal la eyaculación precoz de sus colegas de Clarín y entonces, en un ataque de furia singular, arremete contra los lectores espetándoles sin ningún tipo de vaselina este párrafo, de un desprecio verdaderamente inusual:

“Señor, señora, si usted quiere saber cómo es la cocina del periodismo, es esa: la mayoría de los medios serios tienen archivos de necrológicas (que incluyen suplementos, fotos o una compaginación de videos) que serán utilizadas en caso de muerte. Si quiere escandalizarse por ello o armar un debate nacional, allá usted.”

Pero no hay mal que por bien no venga: Estos malos modales de la señorita Sturgeon sirven para clarificar aún más la cuestión del periodismo y el funcionamiento de la prensa en general que tanto nos preocupa a muchos

La editora jefa de Críticadigital con este texto breve, punzante y destemplado nos ofrenda una prueba irrefutable a quienes estoicamente insisitimos en seguir sumando argumentos contra falacias tales como “periodismo independiente”, “objetividad periodística” y la inefable “Libertad de Prensa” que los patrones de la señorita Sturgeon se empeñan en seguir fomentando como certezas irrefutables.

La señorita Sturgeon nos da a entender desde “la cocina” que así como los medios serios tienen necros guardadas, vaya uno a saber cuántas carpetas están bajo llave esperando la orden para ser activadas…

La diferencia sutil es que ya no es un outsider, sino una joven promesa del periodismo de la patria quien le dice, señora, que no todo es como le quieren hacer creer.

Gracias a la joven Sturgeon mucha gente va a desayunarse de cómo funciona en verdad esa profesión que muchos colegas se empeñan en santificar.

Gracias a la señorita Sturgeon usted, estimado lector, a partir de hoy ya sabe que así como no conviene conocer detalles del proceso de fabricación de las hamburguesas y las leyes, no quiera meter las narices en una redacción porque se va a topar con un hedor de esos que sólo Lovecraft pudo imaginar.

“No, señora, asuma de una buena vez que los Reyes magos son los padres”, le sugiere con todo su desprecio la Editora jefa de Críticadigital.

¡Qué loco! Cuando un medio colega mete la pata hasta el cuadril nos da un arrebato de pragmatismo y cacheteamos al lector que nos pide explicaciones diciéndole por poco que es un tontuelo. No conformes con ese zamarreo le decimos al pobre diablo que la culpa de todas nuestras frustraciones no la tiene el periodismo, que no debe ser tomado como el árbol que tapa ese bosque sombrío donde en verdad habita la suma de todos nuestros males. El pobre lector, aún en el suelo está como aquél personaje de la publicidad de Sibarita que atinaba a revelar la fórmula de esa pizza y se ligaba una golpiza colosal…

Gracias, señorita Sturgeon. Gracias por la defensa de la profesión, gracias por el cinismo, pero fundamentalmente ¡gracias! por ayudarnos a todos los que venimos luchando para que los manejos y las cocinas de los medios queden al descubierto.

El conocimiento es liberador.

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Poder que mata

Gracias Diego por colgar esta pequeña obra de arte. Me sumo, ya que estamos, a la recomendación de ver esta película.

En Taringa está.

¿Y qué tal si organizamos su proyección con debate al final? ¿Eh? ¿Eh?

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El desafío es salir del microclima


Vengo leyendo muy buenos post sobre el tema “Inseguridad, Mirtha, Susana, Marcelo y D’elía”, como por ejemplo éste de Lucas o esta maravilla de Il corvino
El debate es qué hacer cuando los tanques de la Televisión se pintan la cara sabiendo que como muy bien señaló Carlos Polimeni en Miradas al Sur del domingo “La farándula sobreactúa al argentino promedio”
Los tanques no dicen nada que no esté instalado en la base, tienen un olfato muy fino para percibir esas coordenadas, un olfato que es, al fin y al cabo, el gran atributo de las grandes figuras mediáticas, el gran conector con el estado de ánimo de las grandes audiencias. Ese conector que es la fuente de su éxito puede ser demoledor si lo pone a funcionar contra un gobierno

El gran desafío es entender, antes que nada, que la nueva ley de medios no va a tener ningún tipo de incidencia en la permanencia de Mirtha, Marcelo y Susana en los lugares estelares de la TV y la farándula vernácula.

Hemos escrito al respecto algunas veces. Hemos dicho que la ley de medios por si sola no cambia nada y que la única gran virtud es que posibilitará que se abran nuevos espacios audiovisuales para introducir otros contenidos. El desafío es ver si esos contenidos podrán masificarse o si solamente servirán para disputar una franja de audiencia convencida y militante.

Es lo que pienso cuando escucho la programación de Radio Nacional y encuentro que la mayoría de los oyentes que llaman ya los conozco de Radio Cooperativa o la 530. ¿Sirve llegar a la misma pequeña torta de oyentes que comparten nuestros puntos de vista?

Lo mismo me pregunto cuando en los comentarios del blog aparecen generalmente los mismos lectores.

El desafío es romper el microclima de los convencidos.

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Los medios y las necesidades

Casi todos los medios, hablan, opinan o discuten sobre la iniciativa de la nueva ley de medios audiovisuales que propone el gobierno. Si bien se puede reconocer que este proyecto de ley obedece a una disputa de poder entre el gobierno y algunos grupos empresariales que manejan los medios de comunicación, no se puede dejar de reconocer que el marco regulatorio de los medios de comunicación está regido por un decreto de la dictadura militar de los años setenta.

El actual marco regulatorio resulta entonces inadecuado por las siguientes razones: respondió a las necesidades de un gobierno de facto, no incorpora en su articulado la participación de las instituciones de la democracia, es tecnológicamente obsoleta y no incorpora como actores a las organizaciones de la sociedad. Si bien podemos estar de acuerdo o no con el proyecto presentado y las razones que lo motivaron, no podemos dejar de reconocer que es imposible carecer de un marco regulatorio que no incorpore a las nuevas tecnologías, ya que ello crea un vacío legal, tampoco que actores de la vida social e institucional no tengan participación.

Quizás no sea el momento mas oportuno para dar un debate sobre esta ley, pero una demora de casi 30 años en dar un nuevo marco normativo, habilita la creación de un espacio de debate. Es preferible una ley actual y obtenida en un marco institucional democrático, que un decreto obsoleto y fruto de los intereses de una dictadura. En última instancia, la vigencia de la vida democrática permite corregir, modificar o crear una nueva norma, si se está de acuerdo con la ley que se apruebe o si esta no cumple los objetivos propuestos.

El carro delante del caballo

A raíz de la publicación de varios estudios sobre la adjudicación de concesiones y obras públicas, me encontré con la evidencia del avance de la mentalidad liberal en las decisiones del Estado, aún entre funcionarios políticos que dicen profesar una ideología nacional, popular y progresista.

La mentalidad liberal, como ya lo he señalado muchas veces parte de una premisa esencial, la supresión de los derechos generales en beneficio de los derechos individuales, para lograr esto, pone en condiciones de igualdad el derecho de una persona frente al derecho de muchos. Para esto el liberalismo ha desarrollado distintas formas de personalizar en una sola entidad el derecho de muchos, de este modo pareciera que se enfrentan dos personas que luchan por sus derechos. La discusión entre lo público y lo privado es un ejemplo de la trampa en que hemos caído, por ello se suele terminar discutiendo si derecho al beneficio de una persona (o empresa) puede mas que el derecho de muchos, a los que se agrupa como una entidad pública, general o social. Cuando se acepta entrar en estas discusiones, se acepta poner en pie igualdad al derecho de una persona con el derecho de muchos.

Actualmente, nadie se plantea estas cuestiones, se acepta abiertamente el debate, sin ningún miramiento, así decimos que debemos aceptar el ingreso de capital extranjero para que se realicen inversiones que de otro modo no se harían. Así pareciera que el planteo del enajenamiento de fuentes de producción, es una cuestión de existencia de capital (aunque sea extranjero) o ausencia de inversión (el estado según la regla liberal no interviene), la conveniencia del país se enmascara en la entidad inversión ausente y esto se reduce a una cuestión de dos opciones capital extranjero productivo o inversión nacional ausente. La mentira se desnuda cuando vemos que el capital extranjero genera concentración en los sectores que interviene, ya que por la magnitud de las empresas asociadas a la inversión extranjera se desarrollan economías de escala, eso lleva al cierre de empresas del sector que no pueden competir con estos grupos concentrados, generando reducción de la demanda de mano de obra especializada, desempleo y aumentos del número de marginados. El derecho de las empresas existentes en el sector, el nivel de empleo y el control de la marginalidad social se engloba en el término ausencia de inversión nacional. Este proceso dominó la mentalidad de los funcionarios de los años 90, que curiosamente, son los mismos que están hoy en día.

A partir de esta penetración de la ideología liberal, se replantea el funcionamiento del estado como garante del interés general o público, pero no de una manera orgánica sino a partir del cumplimiento de sus tareas habituales, que en un estado fraccionado vertical y horizontalmente implica una suerte de feudalismo administrativo, donde cada sector de la administración pública funciona en forma autónoma para el manejo cotidiano de la “cosa pública”.

Los ejemplos de cómo se ha alterado la función del estado abundan, pero algunos de ellos son pruebas más que elocuentes de las hipótesis planteadas. El caso de Aerolíneas Argentinas (AA) ha sido uno de los más emblemáticos, se privatizó por ser una empresa “ineficiente” y “deficitaria”. La privatización produjo un vaciamiento de la empresa y con ello el abandono de rutas, la baja de frecuencias de viajes, la obsolescencia del parque de aviones y la perdida de rentabilidad. Esa empresa descapitalizada y endeudada fue nuevamente comprada por el estado (no puede decirse que fue nacionalizada) con deuda incluida. Esa empresa fue subsidiada durante los años en que era una “empresa privada”, así que si sumamos el quebranto asumido por el estado al comprar la empresa, los subsidios entregados y la inversión necesaria para que recupere el nivel de operación que tenía al momento de “privatizarla”, posiblemente se haya realizado uno de los peores negocios de la historia del país. Veamos como se planteó el problema: el interés de una empresa que quería hacerse cargo de una empresa deficitaria (interés privado y derecho a su beneficio con la empresa “privatizada”) y el interés público que debía sostener una empresa pública deficitaria. A pontificar sobre las ventajas de la empresa privada han contribuido los medios, que suelen ser los difusores interesados del derecho privado, generalmente en nombre de la defensa de la libertad de empresa, ignorando intencionalmente o no, el derecho público vulnerado. En realidad el interés público involucraba un parque de aviones que permitía cubrir frecuencias y rutas, que se perdieron o permanecieron con frecuencias tan bajas que permitieron el surgimiento de otras empresas que la desplazaron de esas rutas, AA era la aerolínea de bandera en rutas internacionales, AA mantenía frecuencias que permitían un fluido transporte de personas y cargas entre distintos puntos del país, esas eran algunos de los intereses que incluía el derecho público de una empresa deficitaria.

Otro ejemplo mas pueblerino, lo podemos encontrar en la reformulación del sistema de transporte público de pasajeros realizado en Bahía Blanca, donde los estudios se basaban en la optimización de los recorridos anteriores de las empresas utilizando como indicador el valor de pasajero por kilómetro recorrido, lo que permitía ajustar el valor del pasaje para garantizar la rentabilidad de la empresa, pero no se utilizaron parámetros como recorrido promedio de los pasajeros, cantidad de pasajeros por franjas horarias, duración de los recorridos promedio de los pasajeros y otros que apuntaran a medir como mejorar el servicio desde el punto de vista del usuario. No hubo necesidad de plantear un antagonismo, se planteó una reforma del sistema, donde se utilizaron supuestos “estudios técnicos” que mejorarían el servicio, se transfirió a grandes empresas el servicio, se postergaron a empresas locales, pero solo se discutió sobre “aspectos técnicos” donde el interés público no figuró. El resultado es un servicio que debió modificar sus recorridos por demandas de importantes sectores sociales, permanentes quejas por insuficientes unidades para todos los pasajeros, demoras que sufren los pasajeros en la realización de sus viajes habituales y en general, un peor servicio que el anterior.

Estos y una infinidad de casos semejantes, nos demuestran la penetración de la ideología liberal en un estado que cada ves mas abandona la defensa del interés público, sobre todo al ponerlo en pié de igualdad con el interés individual o privado, que es lo mismo que poner el carro delante del caballo.