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Los diputados juraron en una jornada cargada de tensión

Tiempo Argentino / Zetavisión / Zeta Inter Press / Telam /DyN

La oposición impuso su mayoría y el oficialismo se quedó sin el control de la mayoría de las comisiones permanentes del cuerpo. El jujeño Eduardo Fellner fue reelecto presidente. Hubo febriles negociaciones y fuerte cruces verbales en la sesión. Bloques “A” y “B”.



La oposición comenzó a hacerle sentir el rigor del número al oficialismo, que con Néstor Kirchner ya en su banca se vio obligado a aceptar, en la agitada sesión preparatoria de ayer, un acuerdo por el cual se eligió las nuevas autoridades del cuerpo y la composición proporcional de las comisiones asesoras de la Cá
mara Baja.

De esa manera, el kirchnerista jujeño Eduardo Fellner fue designado presidente y el radical bonaerense Ricardo Alfonsín vicepresidente segundo; la oficialista mendocina Patricia Fadel como vice segunda; mientras que la vice tercera quedó vacante, por las desavenencias en la oposición.

Antes de esa crucial votación, prestaron juramento los 127 nuevos diputados nacionales electos el pasado 28 de junio. La diputada y conductora Lidia “Pinky” Satragno, de 74 años, se hizo cargo de la Presidencia de la sesión por ser la legisladora de más edad, quien aguardó la llegada de los diputados del oficialismo para comenzar a cumplir con el protocolo.

Durante la ceremonia, los diputados electos juraron por provincia y de acuerdo a la fórmula que habían elegido según sus convicciones religiosas, mientras que sólo algunos se salieron de las pautas fijadas por el ceremonial legislativo e improvisaron algunas palabras luego de prestar juramento.

Respecto del consenso político alcanzado en Diputados, el acuerdo implicó la integración proporcional en 41 de las 45 comisiones permanentes en el orden de 17 miembros para la oposición y 14 para el oficialismo y sus aliados; y en las 4 comisiones restantes (Presupuesto y Hacienda; Asuntos Constitucionales; Juicio Político; y Peticiones, Poderes y Reglamento) en una distribución de la mitad más uno de sus integrantes para la oposición, pero con presidencia del oficialismo.

En ese orden, habrá 25 comisiones permanentes con presidencia de la oposición y 20 bajo los oficialistas y sus aliados. Y se acordó pasar a un cuarto intermedio hasta el miércoles próximo, a las 15 horas, para definir los nombres de los diputados que conformarán las comisiones.

El debate, que se reanudó dos horas después de la jura tras un cuarto intermedio, tuvo varios momentos ásperos, y no faltaron los cuestionamientos a la constitucionalidad. Es que desde el sector “K” se planteó que la oposición forzó la interpretación del reglamento para aprobar en una sola votación todo el paquete: autoridades del cuerpo y control de las comisiones.

Hasta se incorporó una sorprendente división de la Cámara en dos bloques denominados por la oposición como “A” y “B”, o el resto, como definieron, para la distribución de los cargos en las comisiones.

El “Grupo A” está compuesto por: UCR, Partido Federal, Coalición Cívica, PRO, Proyecto Sur, Partido Socialista, GEN, Frente Cívico, Córdoba Federal, Salta Somos Todos, Partido Liberal Corrientes, Demócrata Progresista, Diálogo por Buenos Aires, Libres del Sur, SI, Unión Popular, Bloque Peronista, Partido Federal Fueguino y Bloque Valores por mi País. El “Grupo B” quedó integrado por el Frente para la Victoria y Encuentro. El lote de 12 comisiones que tienen porcentajes diferentes (60-40), son las de Educación, Salud, Agricultura y Energía, con distribución es de 19 a 16.

El kirchnerismo quiso discutir la aplicación del reglamento por parte del presidente de la comisión de Peticiones, Poderes y Reglamentos, Gerónimo Vargas Aignasse (Tucumán), que sostuvo que “la interpretación opositora es ajena a nuestra tradición legislativa y es algo que nunca se ha hecho desde 1853″. El jefe del bloque del oficialista, Agustín Rossi, cuestionó el procedimiento, pero terminó aceptando el acuerdo. La chaqueña Sandra Mendoza tuvo un duro cuestionamiento al pacto opositor. Al final, la celebración fue opositora.

Desde el recinto

Primera vez: Presidida por la diputada Lidia “Pinky” Satragno (foto) -por ser la legisladora de mayor edad de la Cámara-, la sesión se inició sin la presencia del oficialismo. La oposición se presentó puntualmente y alcan
zó quórum propio, por primera vez en la era kirchnerista.

El izamiento :
La diputada Graciela Camaño, alejada del bloque “K”, izó la bandera. Desde los palcos, el público agitaba: “¡Argentina! ¡Argentina!”.

Ingresa Néstor Kirchner : Al ingresar al Palacio Legislativo fuertemente custodiado, el ex presidente Néstor Kirchner saludó a los manifestantes apostados en la plaza e hizo la “V” tradicional con su mano izquierda en alto.

Mujer polémica :
Sandra Mendoza, ex esposa del gobernador chaqueño Jorge Capitanich, juró a los gritos por “la memoria de los desaparecidos, por ‘nunca más el genocidio’ y por el pueblo chaqueño”.

Rojo y Banco : El diputado de la UCR Ricardo Alfonsín se puso los colores radicales. Acompañó un traje oscuro con una camisa blanca y una corbata roja. Después de jurar, juntó las manos y las levantó sobre su hombro izquierdo, repitiendo el recordado saludo de su padre y ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

Daniel Scioli y Hugo Moyano : El gobernador bonaerense Daniel Scioli se ubicó al costado del estrado, a la derecha de “Pinky”, desde donde siguió las alternativas del juramento. En uno de los palcos se ubicaron los sindicalistas Hugo Moyano, Julio Piumato y Omar Viviani, entre otros.

ESCUDEROS : Néstor Kirchner ocupa la banca ubicada a la derecha de la de Agustín Rossi, el jefe del bloque kirchnerista. Mientras que Carlos Kunkel quedó a la derecha de Néstor.

Mujeres de carácter : Elisa Carrió ocupó una banca ubicada en la primera fila, separada sólo por tres asientos de la ultrakirchnerista Diana Conti.

ROSTROS SERIOS :
Ocasionalmente, Kirchner y Rossi aplaudieron después de la jura de algún diputado. Pero sus rostros se endurecieron cuando fue el turno de los opositores Alfonsín, Margarita Stolbizer, Felipe Solá y Francisco de Narváez.

Buenas y Malas : Entre silbidos y aplausos juraron los ruralistas Pablo Orsolini y Ulises Forte, Gabriela Michetti, Ramón Puerta y Jorge Yoma, entre otros.


Francisco de Narváez :Nadie va a afectar la gobernabilidad


El diputado nacional Francisco de Narváez afirmó anoche que con el desenlace producido en Diputados “se comienza a reflejar el resultado del 28 de junio”, cuando se celebraron las elecciones legislativas. “Me parece que en las comisiones se va a expresar el pluralismo y no tiene que estar preocupado el oficialismo porque nadie va a afectar la gobernabilidad”, sostuvo.



Otra de Michael Moore

Miedo a los Blancos. por Michael Moore
No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.
La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.
Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro “Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día”!
No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.
¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de ‘NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. “El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO…”. No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?
Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como “carne” en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo “horripilante” que había sido ver a ese “pobre conejito” golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de “Para mayores de 18 años” en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: “No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas”. Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.
Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como “crimen”. Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a “todos los cerdos” de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.
Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con “Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo.”? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash (“Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks (“Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen (“Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? “Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas” (Wu-Tang Clan), “Gente, usad vuestros cerebros para ganar” (Ice Cube), “Una madre soltera viviendo de la beneficiencia…dime cómo lo hiciste” (Tupac Shakur), “Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador” (Master P).
Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.
Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.
Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.
¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: – Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. – Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto – Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas – Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.
Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir “Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos”. Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la “antigüedad”.
Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a “mi amigo -que es negro-…”. Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir “Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color”.
Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.
No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es “hace mucho tiempo”. En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.

Soluciones eficaces, burocráticas o políticas

Las sociedades humanas, se organizan en base a regulaciones y solidaridad, esta visión se desprende del contractualismo, que propone la organización de la sociedad mediante un contrato que otorga al estado la potestad de regularla. La solidaridad surge de las acciones institucionalizadas de la misma sociedad que cubre la asistencia a quienes están en distintas situaciones de riesgo, como es el caso de bomberos voluntarios, grupos de asistencia social, sociedades de fomento, asociaciones vecinales, bibliotecas populares, etc.
Centraremos nuestro interés en las regulaciones de la sociedad, ya que el análisis de la solidaridad está regido por principios éticos y morales, que no serán objeto de nuestro análisis. Las regulaciones son (para nuestro caso que tenemos derecho positivo) en realidad principios normativos de tipo jerárquico, la regulación fundacional resulta la Constitución, le siguen las leyes y decretos nacionales y provinciales (nuestro caso, ya que somos un país federal, al menos en teoría), las ordenanzas municipales y las resoluciones y reglamentaciones de entes oficiales de distinta jerarquía.
Definido el cuerpo normativo, las regulaciones emanadas de él, tienen como objetivo esencial la solución de conflictos surgidos en el seno de la sociedad, ya que la evolución de la sociedad se produce por el constante surgimiento de conflictos y la solución de los mismos. Los conflictos y soluciones, tienen un marco temporal que define la duración del conflicto y su solución, así por ejemplo: los conflictos que plantea el uso de una nueva tecnología para la producción bienes específicos, plantea conflictos en relación al medio ambiente, la seguridad de los trabajadores y el impacto en el medio socio-económico, que puede resolverse en un caso en particular, o estudiarse una solución general que regule todo el uso de esa tecnología.
Siguiendo este ejemplo, una solución particular puede autorizar la producción, sin realizar ningún estudio en particular, también se puede estudiar el caso para sancionar una regulación general, o puede resolverse “ad referendum” de una regulación posterior. Cada solución plantea nuevos conflictos en un horizonte temporal diferente: a) corto plazo, la autorización podría ser revocada a posteriori o condicionado su funcionamiento con regulaciones que la hagan antieconómica, b) mediano plazo, la resolución “ad referendum”, plantea el conflicto de la demora sobre una situación de factibilidad económica, dada la incertidumbre que condiciona al proyecto, y c) largo plazo, la postergación generalmente trunca cualquier proyecto de inversión.
En síntesis, tenemos una sociedad organizada en base a regulaciones y solidaridad, cuya evolución se produce por sucesiones de conflictos y soluciones a dichos conflictos en distintos horizontes temporales. Si nos centramos en las soluciones de los conflictos, dentro del marco que hemos establecido, estas pueden suprimir el conflicto existente planteando nuevos conflictos o solucionarlo sin que surjan nuevos conflictos, independientemente del horizonte temporal. Así podemos definir a la solución eficaz de un conflicto como aquella que no plantea nuevos conflictos, ni en lo inmediato, ni en un futuro lejano (existe un límite a este horizonte temporal, dado por la dinámica evolutiva de la sociedad que torna obsoletas determinadas medidas o regulaciones).
Toda solución no eficaz, plantea un retardo de tiempo hasta la aparición del nuevo conflicto. Estas soluciones solo retrazan la solución eficaz o los nuevos conflictos. En el primer caso definimos a estas como soluciones burocráticas y en el segundo como soluciones políticas. La solución burocrática plantea nuevos conflictos por la demora, pero se encuadra dentro del marco regulatorio existente. La solución política solo busca alejar el conflicto del espacio temporal inmediato, aún a costa de plantear más conflictos a futuro o generar nuevos conflictos.
En toda gestión de gobierno se alternan estas soluciones, el éxito de ella dependerá de cuantas soluciones eficaces se logren en los temas que se hayan considerado prioritarios, cuantas soluciones burocráticas se hayan producido y a cuantas soluciones políticas se haya tenido que recurrir. Es común en muchos gobiernos, confundir solución burocrática con solución eficaz, cuando por ejemplo se propone como solución a un conflicto la sanción de una ley, la cual debe reglamentarse, ponérsela en vigencia y hacérsela cumplir, lo cual logrado muy pocas veces, ya que muchos gobiernos generan mas leyes de las que son capaces de hacer cumplir, generando esto: conflictos por incapacidad de cumplir el rol de regulador que tiene el estado. Esta situación se ha generalizado en países en vías de desarrollo, por la aplicación de políticas de reducción del estado, quedando este incapacitado para ejercer la regulación de la sociedad por aplicación de la normativa existente.
En el ámbito de la gestión, también suele confundirse la solución política, con la solución burocrática, ya que ante un reclamo de la sociedad (falta de servicio de cloacas, falta de asistencia sanitaria, etc.) se plantea una solución burocrática como ser: estudios o llamados a licitación, pero que, dada la característica del reclamo, el tiempo de la solución excede los requerimientos que plantea el conflicto y solo sirve para dar una respuesta que justifica la intervención del estado, dejando latente un conflicto irresuelto o que derive en mayores conflictos.
Sería un ejercicio interesante tomar 10 o 20 medidas de los últimos gobiernos, identificar el conflicto, clasificar la solución que se les ha dado y ver los resultados en el tiempo. Podemos asombrarnos de lo que encontremos, aunque conviene recordar las palabras del presidente Perón: “un gobierno puede considerarse exitoso si logra llevar a cabo el 50% de las medidas que pretende”, pero bueno, Perón era Perón.

Un día en el centro porteño

Lo confieso, no me gusta Buenos Aires, la Capital Federal o la ciudad autónoma, soy hombre de la llanura semiárida del suroeste bonaerense, me gusta ver el horizonte solo interrumpido por árboles o sierras, no me van las moles de cemento, la ilusión de un horizonte mas allá de los edificios, me gusta ver todo el cielo y no una porción atrapada entre rascacielos, me gusta ver el mar rompiendo en la playa, mojándome los pies y no sentarme en una costanera de cemento a ver pasar un gran río tributario que le dio identidad portuaria a la ciudad que fuera “de los Buenos Aires”.
Pero inevitablemente (ya que como todos sabemos, Dios atiende en Buenos Aires), todos tenemos que pasar algunos pocos días realizando trámites en la Capital Federal. Las personas del interior, tenemos una visión de la ciudad capital, que va desde la admiración por el descubrimiento de lo fastuoso, lo nuevo, lo cosmopolita y lo diferente hasta, en lo personal, el fastidio por los hacinamientos, la exposición de lo vulgar, la indiferencia por lo cotidiano, la exacerbación del individualismo y la impúdica exhibición de la miseria.
Los del interior tenemos otros ritmos, dados por la proximidad de lo cotidiano, el conocimiento de nuestro entorno y de nuestros convecinos, por ello tenemos un visión que puede ser distinta de la vida cotidiana porteña, como dije antes puede ser una visión de asombro o crítica, como es mi caso, y que quiero compartir a través de la descripción de un día en el centro porteño.
A eso de las 7, la mayoría de los del interior salimos a trabajar, pero el porteño, que debe viajar entre 1 y 2 horas hasta su trabajo, recién se baña, desayuna y sale para el trabajo, mientras en el centro, porteros y empleados limpian veredas, empiezan a abrir los bares y se siente ese olor a particular de medias lunas y café con leche, algunos empleados circulan apurados para cumplir algún extraño horario o cambiar turnos, los que pasan la noche a la intemperie, van saliendo de impensables refugios nocturnos, mientras se desperezan y miran con ojos vacíos la mañana que comienza a su alrededor.
Las 8,30 de la mañana marca el ingreso de los primeros empleados a sus puestos de trabajo o la llegada a “su bar” para desayunar, las bocas de los subtes y trenes, y las paradas de los colectivos desbordan de personas apuradas, enfundadas en sus propios pensamientos, aisladas por medio de algún libro y los infaltables auriculares. Las calles del centro porteño parecen a esa hora una foto extraída de un documental del Discovery Channel sobre bandadas de pájaros, ocupando todo el espacio de la placa, pero aquí la escena es en el centro porteño y miles de personas hacen las veces de aves en migración.
Sobre las 10 cambia la fisonomía de quienes deambulan en el centro, se ven: turistas tempraneros, empleados autónomos que circulan para cumplir trámites y reuniones, comienzan a circular gente haciendo compras y los taxis dominan el espacio de las calles del centro porteño.
Se ven dueños de comercios, tomarse un café en “su bar”, ese lugar que elige una gran mayoría de porteños para tener un lugar que pueda considerar propio, donde su “seguridad” radica en conocer al dueño, a los empleados y otros contertulios, este lugar es una extensión de su casa y su trabajo, es “su lugar”, donde se toma pausas, come, se reúne y festeja.
También a esa hora aparecen en el centro quienes ejercen una diaria mendicidad, ocupando espacios que son ignorados por la mayoría de quienes transitan por su lado, inmersos en sus pensamientos, en su música o en alguna imagen interior. Es curioso ver a quienes forman parte de esta postal negra porteña, se puede apreciar algunos que exhiben gestos y actitudes de quien ejerce un viejo oficio, modulan una voz aguda, miran fijo a los ojos, con una mirada desafiante, buscando en el alma de quien lo mire, ese sentimiento de culpa que pueda expiarse al precio de una limosna. Otros tienen una mirada cargada de vergüenza, producto de la miseria que exhiben. La mayoría de la gente del interior mira a los ojos, el porteño no, rehuye la mirada cargada de reproche o de súplica, esto según creo, forma parte del callo que se produce en el alma de las personas que son expuestas diariamente a las mas crueles muestras de miseria.
A partir de las 12 comienza la ocupación de los lugares de comida, cualquier lugar es bueno para una comida rápida, los restaurantes ofrecen menús baratos y rápidos, lo mismo que bares y hasta los maxi-kioscos, que disponen de viandas al paso, son consumidas en la vereda o en parques y plazas.
Después de las 14 y hasta las 17, el centro entra en un letargo interrumpido por tardíos viandantes, empleados apurados a realizar el último trámite del día, más turistas y más gente de compras. El sol de la tarde anima a los chicos que acompañan a los mendigantes a jugar, sus miradas duelen, tienen la fuerza de un grito que nos sacude la conciencia con una pregunta: ¿Por qué?
Las 18 marca la salida de la mayoría de los empleados y la concurrencia a un segundo trabajo, a estudiar, a un gimnasio, a un lugar de esparcimiento o a alguna cita. La conducta autista se interrumpe en los bares de jóvenes empleados que siguen la moda del “happy hour”, y se lanzan al encuentro de amigos o a la búsqueda de otra soledad para compartir una noche. Aparecen artistas callejeros vendedores de baratijas que compiten por la atención de algún turista o la moneda de algún aburrido transeúnte (entre los que suelo incluirme). Los turistas marcan siempre la nota de color, ya que resaltan de entre la muchedumbre y se hacen evidentes, hasta para nosotros “los pajueranos del interior”
Después de las 23 el centro muestra su cara mas amarga con gente preparándose para pasar otra noche a la intemperie, artistas callejeros desgarrando sus últimos intentos por conseguir alguna moneda mas, gente hurgando entre desechos de los restaurantes en la búsqueda de su comida diaria, prostitutas que deambulan para atraer ese cliente que le permita pagar su “permiso de trabajo”, la droga que la aísle de su realidad o la comida de sus hijos, los yuppies siguen en la búsqueda de compañía para su soledad y yo me vuelvo al hotel pensando que con suerte mañana me vuelvo a casa.

Ganaron los movimientos, perdieron los partidos

La elección de ayer, se ha leído desde distintas ópticas, los que ganan enfatizan los resultados y resaltan las cualidades que expusieron a consideración de los electores y los que pierden minimizan, o tratan de hacerlo, la expresión de los electores. Por ello, mi intención no es plantear un análisis que relacione votos y partidos políticos, sino tratar de relacionar la expresión electoral y las tendencias políticas de los movimientos populares.
Las contradicciones entre los formatos ideológicos convencionales “puros” y la conformación de los partidos políticos configuró una representación de las voluntades populares dividida por intereses, económicos, personales o coyunturales entre distintos partidos políticos. De allí, que si buscamos como se expresan estas voluntades mas allá de la conformación de estructuras políticas partidarias.
Si agrupamos a los partidos políticos en bloques, cambia el mapa de los resultados electorales, tomemos 3 bloques, un bloque que represente el movimiento peronista en todas sus expresiones, un bloque que agrupe el movimiento radical, republicano y cívico y un bloque que exprese las tendencias conservadoras y liberales. Estos tres bloques representan distintos desarrollos de las tendencias históricas que conformaron diferentes fuerzas políticas, que incluso incorporan tendencias más o menos progresistas, más o menos conservadoras e incluso distintos componentes liberales.
El movimiento conservador y liberal no contiene en su interior muchas expresiones ya que este movimiento se genera históricamente en una línea de pensamiento ligado a los intereses de los grupos económicos dominantes, que incluían a cierta oligarquía terrateniente y una burguesía comercial ligada a intereses extranjeros. Su expresión política se caracterizó por ser cambiante, ya que fue muchas veces a lo largo de su historia absorbida por distintas expresiones partidarias, e incluso por las expresiones políticas de los otros movimientos.
El movimiento radical contiene expresiones progresistas, intransigentes, principistas y republicanas, se configura a partir de las ideas de intransigencia en la defensa de principios institucionales republicanos, incluso por sobre los intereses populares y la independencia a cualquier subordinación de intereses internacionales. Distintas contradicciones históricas llevaron a que las dos expresiones políticas más significativas que son el partido radical y el partido socialista tengan y hayan tenido a lo largo de sus vidas divisiones y desmembramientos.
El movimiento peronista contiene expresiones progresistas, conservadoras y liberales, se configura a partir de la representación de ciertas ideas, que son: la defensa de la voluntad popular, incluso por sobre requerimientos institucionales, y la defensa del interés nacional en los campos económico y de política internacional. El partido justicialista ha sido históricamente la representación política del movimiento, pero su estructura burocrática, generó y genera permanentes diásporas de quienes no pueden expresarse dentro de los carriles institucionales. Estas expresiones marginadas, por distintos mecanismos que van desde el desconocimiento de la representación interna partidaria a la negativa a realizar elecciones e internas que revaliden las distintas expresiones internas partidarias. El desconocimiento de la dinámica de la representación de los deseos populares, llevan a la búsqueda, en compulsas electorales generales, de la representación que les niega dentro del Partido Justicialista, generando frentes electorales y partidos vecinales.
Estos movimientos se expresan con distinta intensidad en distintas épocas y en distintos espacios geográficos, dando el triunfo electoral a partidos políticos que encausan en forma mayoritaria a estos movimientos y llevando a la derrota a los partidos que dividen al movimiento que representan. El triunfo, el surgimiento o la caída de otras expresiones políticas, se originan por esta hipótesis, en la falta de representación que tienen los movimientos en los partidos que compiten electoralmente.
A la luz de estas hipótesis y proposiciones, la elección del 28 de junio de 2009 puede interpretarse, no como triunfos y derrotas de partidos políticos, sino como la manifestación de la intensidad de estos movimientos en distintos escenarios geográficos para las actuales circunstancias históricas.
En capital federal, siempre tuvo presencia significativa el movimiento conservador y liberal que fue expresado en esta ocasión por el PRO, el movimiento radical, tradicionalmente mayoritario y progresista, que siempre se expresó a través del radicalismo, no se encontró representado por la Coalición Cívica, y estos sectores en conjunto con gran parte del movimiento peronista, siempre minoritario, impulsaron a Proyecto Sur.
En la provincia de Buenos Aires el PJ no interpretó a todo el movimiento peronista, tradicionalmente mayoritario, permitiendo que el PRO lo expresara, como también lo hizo con el movimiento conservador y liberal y con sectores conservadores del movimiento radical. La Coalición Cívica no pudo expresar más que a una parte del movimiento radical y Sabattella logró representar a sectores progresistas disconformes y alcanzó una mínima representación.
Para no extenderme mas en este análisis, en la caso de Bahía Blanca, el movimiento peronista se dividió entre tres listas, lo mismo que el movimiento radical y el movimiento conservador liberal se dividió entre todas las anteriores como ha ocurrido tradicionalmente, esto arrojó porcentajes, que apenas rondaron el 20% para las tres listas con mayor porcentaje y del 10% para las tres siguientes.