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Los malos consejos de Cristina a Europa

Por Domingo Cavallo, para Perfil.
Cristina Kirchner ha aprovechado su viaje a España como Presidente pro-tempore de UNASUR para sugerir a los países de la Unión Europea que han acumulado fuertes endeudamientos, que no lleven a cabo ajustes fiscales y tomen el ejemplo de la Argentina post-convertibilidad para reconquistar el crecimiento económico. Es, en general, lo que trasuntan las declaraciones públicas de los economistas y dirigentes políticos que en 2002 apoyaron el abandono del régimen de convertibilidad.

¡Pobre Europa si Grecia, España y Portugal siguieran este consejo! Por supuesto, no lo harán. En Europa, como en casi todo el resto del Mundo, quienes conocen la historia de Argentina en el último cuarto de siglo, saben que nuestro país salió del infierno hiperinflacionario, se modernizó y se integró al Mundo durante los años de la convertibilidad y, desde 2002 en adelante, volvió a introducir la inflación como problema crónico, se ha estado descapitalizando y está cada vez más auto-aislada del mundo, tanto en materia económica como política.

El crecimiento económico que se dio en Argentina desde 2003 en adelante, fue, como en casi todo el mundo emergente, fruto de la fuerte expansión de China y del alto precio que alcanzaron y están manteniendo las mercancías agropecuarias y mineras. Pero la inflación, la ausencia de crédito público, la escasa inversión, el autoritarismo político y la corrupción son manifestaciones claras del retroceso económico y político que ha experimentado Argentina desde que abandonó el régimen monetario que le había devuelto la estabilidad y la había insertado en el Mundo.

El proceso de integración Europea y, en particular, su sistema monetario que comenzó con bandas de flotación estrechas alrededor de paridades fijas entre las economías europeas (la denominada serpiente europea) y concluyó en la creación, primero del EMU y finalmente del EURO, permitió un proceso de convergencia de los países menos desarrollados hacia el nivel de vida de Alemania que no se observó en ninguna otra región del mundo. No solo consiguieron baja inflación sino un ritmo apreciable de crecimiento y, sobre todo, una reducción significativa de la dispersión en la calidad de la infraestructura, los niveles de productividad y el nivel de vida de sus pueblos.

Como ocurrió en casi todos los países y regiones del mundo durante los últimos siglos, el progreso no fue libre de errores, excesos, sobresaltos y crisis. Pero sería necio argumentar que por evitar la crisis que hoy están sufriendo Grecia, España y Portugal, estas naciones deberían haberse abstenido de entrar en el EURO. Y más necio aún argumentar que hoy deberían abandonar el EURO para evitar tener que incurrir en los costos del ajuste fiscal que han anunciado sus autoridades y que constituyen la condición para el apoyo financiero que han prometido la Unión Europea y el FMI.

Argumentar que abandonando el EURO Grecia, España y Portugal podrían evitar el ajuste fiscal es una burda mentira. Si esas tres naciones convirtieran todos sus contratos designados en EUROS a sus viejas monedas nacionales, para poder dejar que las mismas se devalúen frente al EURO y de esa forma reconstruyan inmediatamente la competitividad de sus economías, les pasaría lo mismo que aconteció en Argentina en el año 2002, cuando el gobierno dispuso la pesificación de todos los depósitos en dólares y generó una devaluación extrema de la moneda nacional.

La consecuencia fue un ajuste fiscal draconiano, que provocó la reducción del orden del 30 % de todos los salarios reales y de las jubilaciones y que llevó el gasto público social, como porcentaje del ingreso nacional, a los niveles reales más bajos de la historia. En el primer semestre de 2002 se acentuó el proceso recesivo y la inflación superó el 40 % anual. La economía quedó completamente desorganizada y aislada financieramente del Mundo.

En materia económica y política el aislamiento no fue total, pero Argentina perdió relevancia frente a sus socios comerciales y políticos y prácticamente desapareció del mapa de la inversión directa de las empresas que tienen estrategias globales. Lo mismo le pasaría a cualquier país europeo que saliera del EURO en los próximos meses como Argentina salió de la convertibilidad en 2002.

Hay sí, tres lecciones de Argentina del período 1999-2001 que Grecia, España y Portugal tienen que tener muy en cuenta:

Cuanto más temprano y rápido hagan los ajustes fiscales necesarios para disminuir el déficit fiscal, tanto mejor. Argentina se demoró mucho en hacerlo. La recesión por excesivo endeudamiento y sobrevaluación de la moneda a la que estábamos atados (el Dólar) comenzó en el segundo semestre de 1998 y se acentuó desde la devaluación del Real en febrero de 1999. Sin embargo, durante todo el año 1999 el Gobierno Nacional y la mayor parte de los gobiernos provinciales continuaron expandiendo su gasto y endeudándose con el sistema bancario argentino a corto plazo y a tasas flotantes de interés. Desde el año 2000 comenzó el ajuste fiscal nacional, pero hasta bien entrado el año 2001 ese ajuste no fue acompañado por las provincias, que siguieron endeudándose y emitiendo cuasi-monedas. Recién en el segundo semestre de 2001 las provincias se vieron obligadas a reducir sus gastos, pero sus respectivos gobiernos, en particular el de la Provincia de Buenos Aires, en lugar de hacerlo en forma explícita y dentro del sistema institucional, prefirieron adherir a la idea del abandono de la convertibilidad y la licuación de sus deudas por devaluación e inflación.

El ajuste fiscal debe incluir una reforma tributaria que reduzca a un mínimo los impuestos al trabajo. De esta forma se reduce el costo laboral en la economía formal sin que medie una devaluación de la moneda. Argentina intentó utilizar este mecanismo, pero demasiado tarde y en forma muy parcial. A partir de abril de 2001 se pusieron en marcha los planes de competitividad sectoriales, que permitieron que los impuestos al trabajo se tomaran como pago a cuenta del Impuesto al Valor Agregado, pero por tardío y limitado el esquema no llegó a producir una recuperación significativa de la competitividad externa de la economía.

El apoyo externo debe ser utilizado no para permitirle a los acreedores cobrar sus acreencias y retirarse de los países con problemas, sino para garantizar que los países cumplirán con sus obligaciones, pero en plazos más largos y pagando tasas de interés cercanas a las que paga Alemania. En Argentina utilizamos el apoyo del FMI, cuando lo conseguimos, para tratar de seguir atendiendo normalmente los servicios de la deuda, a pesar de que los mercados nos exigían tasas de interés muy elevadas. Y, cuando nos convencimos que era imprescindible reestructurar toda la deuda pública, canjeando los bonos y acreencias demasiado cortas y onerosas por deuda a más largo plazo y menores tasas de interés, el FMI nos retiró el apoyo y nos empujó al default desordenado de fines de diciembre de 2001. Sería terrible para Grecia, para España y para Portugal, que la Unión Europea y el FMI asumieran la actitud que asumió el FMI en noviembre de 2001 respecto de la Argentina. Los países europeos que hoy enfrentan una crisis de sus deudas, para evitar que les ocurra lo que aconteció en Argentina, deben aprovechar el apoyo externo para alargar los plazos y bajar la tasa de interés de toda la deuda que vence en el período en el que estarán llevando a cabo el ajuste fiscal. De esta forma evitarán que un repentino retiro de ese apoyo pueda poner a alguna de esas economías en la situación en la que se encontró Argentina en noviembre y diciembre de 2001.

Es muy probable que tanto los Gobiernos de la Unión Europea como el propio FMI tengan hoy en claro que provocar en Grecia, en España o en Portugal, una situación como la que vivió Argentina a fines del 2001, tendría consecuencias nefastas no sólo para esos países sino para toda Europa y, muy probablemente, para la economía global.

Pero vale la pena hacer la advertencia, porque no sólo en nuestro país se escuchan voces como las de Cristina Kirchner, que recomiendan como solución la salida de los países del EURO, sino que hay una corriente de opinión política y profesional en los EEUU, que hace la misma sugerencia. Se trata de los mismos economistas y políticos que piensan que la solución de la crisis norteamericana pasa por una fuerte depreciación del Dólar, inducida por una política monetaria muy laxa en ese país, mientras sigue expandiendo su gasto público y su endeudamiento.

A diferencia de la posición de Cristina, que es puramente ideológica y persigue seguir engañando a la opinión pública argentina, la posición de estos políticos y economistas norteamericanos responde a la pretensión de evitar que la moneda europea pueda llegar a jugar un papel equivalente al que ha venido jugando el Dólar en el Mundo. Sólo así se entiende que a la depreciación del EURO desde los niveles exorbitantes a los que lo había llevado la política monetaria norteamericana, mientras los Europeos seguían enfatizando la ortodoxia anti-inflacionaria alemana, se la presente como la “destrucción” del EURO.

Destruir al EURO sería precisamente forzar su reemplazo por las viejas monedas nacionales en los países que hoy enfrentan problemas. Que el EURO vuelva al valor que tuvo en su comienzo (1,17 dólares) o incluso el valor mínimo que alcanzó en 2001 (0,82 dólares) no significa que esa moneda se esté destruyendo, sino simplemente, que Europa está aplicando la misma metodología que utilizó EEUU para sacar a su economía de la crisis de las hipotecas.

A nadie le deberían caber dudas que un EURO más depreciado será el principio de la solución para Grecia, para España y para Portugal, tal como la depreciación del Dólar a partir de mediados del 2002 hubiera aportado buena parte de la solución a la crisis argentina, sin necesidad de que Argentina abandonara el régimen monetario que tantos beneficios le había aportado durante la década del 90.

El intervencionismo resultó ser un mal negocio

Roberto Cachanosky
Tal vez el valor de las empresas en Argentina nunca haya sido tan endeble como en la actualidad. La incertidumbre en las reglas de juego, las disposiciones arbitrarias del gobierno al momento de permitir exportar, la imposición de precios de venta y demás medidas intervencionistas han terminado por generar una profunda saturación en el mundo empresarial. No son pocos los empresarios o directivos de empresas que temen hablar en público marcando sus diferencias con el gobierno, y los pocos que lo hacen sienten el rigor del Estado. Hoy el valor de cualquier empresa en Argentina depende de los caprichos del gobierno.

Pero al mismo tiempo que los accionistas de las empresas son víctimas reales o potenciales de las arbitrariedades del gobierno, al mismo tiempo una parte nada despreciable del mundo empresarial cree en las bondades del intervencionismo estatal, como ocurre en muchos otros países del mundo. En rigor, a casi nadie le gusta competir. Todos preferimos tener un mercado cautivo gracias a las restricciones que puede establecer el gobierno, un dólar caro que nos proteja de los competidores extranjeros, créditos subsidiados y demás medidas del estilo. Esta preferencia tiene el problema de pensar solo en el corto plazo y no ver el largo plazo.

Podríamos decir que hay dos grandes modelos de organización económica. Una basada en ganarse el favor del consumidor fundado en el riesgo empresarial y el otro intentar obtener utilidades mediante la intervención de los burócratas. En principio luce más cómodo y un buen negocio depender de las decisiones de los burócratas para ganar dinero que del incierto resultado que puede ofrecer una inversión basada en la competencia. Y cuando digo competencia lo digo en el más amplio sentido de la palabra, esto es, incluye la apertura de la economía.

El problema que se presenta cuando uno delega a los gobiernos el poder para intervenir en el mercado genera, a mi juicio, un riesgo mucho más grande que el tener que competir. ¿Por qué? Porque todos suponen que puede haber burócratas buenos que no serán arbitrarios al momento de tomar alguna medida intervencionista. Y aquí está el error, siempre que se le otorgue a los burócratas ese poder de intervenir, por definición su comportamiento va a ser arbitrario porque estará modificando artificialmente la estructura de precios relativos a favor de unos y en perjuicio de otros. Y modificar arbitrariamente los precios relativos implica crear rentas artificiales en unos sectores y producir pérdidas en otros. Si uno tiene en cuenta que los precios del mercado no son otra cosa que las valoraciones que expresa la gente respecto a los bienes y servicios que se ofrecen en el mercado, es obvio que las medidas intervencionistas no responden a las valoraciones de la gente si no a los deseos del burócrata.

Por otro lado, basta con leer un poco de historia económica para advertir que una intervención lleva a otra intervención hasta paralizar la economía. Los controles de precios que comienzan con 3 o 4 productos, es considerada inofensiva, pero luego ese control va extendiéndose a otros sectores hasta descontrolarse. ¿La razón? Los controles de precios se establecen cuando hay inflación y la inflación es generada por el Banco Central mediante la emisión monetaria. Al actuar sobre los efectos y no sobre las causas, el control de algunos productos finales no sirve de nada. El burócrata tiene que terminar interviniendo en toda la cadena productiva, desde el precio de los bienes finales hasta los insumos para producir esos bienes finales y también los precios de los insumos para producir insumos y así sucesivamente.

Hasta aquí las razones de por qué los controles de precios no funcionan, así como tampoco lo hacen infinidad de otros mecanismos de intervención en el mercado.

Ahora bien, el problema adicional es que el burócrata va adquiriendo cada vez más poder en detrimento de las libertades. Un burócrata con poder de fijar precios puede mandar a la quiebra a una empresa mediante el simple trámite de no autorizarle, a determinada empresa, incrementos de precios. Puede mandar a la quiebra a una empresa o sector prohibiéndole exportar sus productos. Puede mandar a la quiebra a una empresa impidiéndole importar insumos vitales. En definitiva, bajo un sistema dirigista, el burócrata tiene en su poder la supervivencia de cada una de las empresas. De esta manera, ni siquiera hace falta mandar las fuerzas de choques que los gobiernos populistas suelen usar para liquidar a una empresa o tener al ente recaudador inspeccionándolo permanentemente. Solo con resoluciones de un secretario el empresario está muerto si se opone a los caprichos del gobierno de turno.

Viendo las andanzas de Moreno, que no son otra cosa que los deseos de Kirchner, debería preguntarse el mundo empresarial si esto de apoyar el intervencionismo estatal no se transformó, finalmente, en un arma mortal. Porque siempre partieron del supuesto que el intervencionismo no es malo ni corrupto, solo basta con poner en la función pública a un intervencionista bueno y honesto para tener el negocio asegurado. El drama es que una vez que se abrió la puerta para la arbitrariedad del intervencionismo, no solo se sufren sus efectos negativos, sino que, además, las empresas dejan de ser propiedad de los accionistas ya que estos se limitan a ser simples mandatarios de los burócratas. La propiedad privada desaparece de hecho. Solo figura la propiedad privada en los papeles.

En síntesis, creo que el mundo empresarial debería realizar un profundo debate estrictamente económico para determinar si apoyar el intervencionismo para tener mercados cautivos es mejor negocio que trabajar en un contexto de libre competencia. ¿Cuál de los dos mecanismos es más peligroso para su supervivencia? ¿La existencia de competidores o el poder omnímodo de los burócratas?

Viendo al extremo que ha llegado el kirchnerismo mediante el uso del intervencionismo, todo parece indicar que la experiencia debería ser lo suficientemente aleccionadora como para nunca más apoyar, consentir y menos aplaudir medidas intervencionistas, por más que en el corto plazo parezcan un buen negocio.

Me imagino que más de un empresario argentino debe ahora estar maldiciendo el momento en que aplaudió el famoso dólar competitivo, las restricciones a las importaciones y demás medidas que parecían males menores. Porque hoy son víctimas del poder destructivo que puede llegar a tener un estado intervencionista.

Una última reflexión. Me causa gracia cuando, por defender las ideas de libertad económica, me acusan de trabajar para los intereses de los empresarios. Y me causa gracia porque la mayoría de los empresarios grandes, medianos y pequeños prefieren a los consultores que dicen no hacer pronósticos basados en la ideología y no les gustan los economistas que basamos nuestros análisis en el funcionamiento de la libertad económica. Puesto en otros términos, los economistas que defendemos la libre competencia no somos del agrado de esos empresarios porque nuestro pensamiento no es afín al negocio que persiguen. No obstante, como quienes defendemos la libertad económica lo hacemos porque sabemos las distorsiones y problemas que trae aparejado el intervencionismo, damos menos números inventados y más fundamentos a los análisis. Al entender el proceso económico en su profundidad podemos formular tendencias con más precisión. Pero claro, muchas veces a buena parte de los empresarios no les gusta escuchar la cruda realidad y prefieren vivir en el mundo de ficción de los supuestos analistas que no se dejan influenciar por las ideologías, porque al igual que muchos empresarios, políticos y sindicalistas, basan su negocio de consultoría en decir lo “políticamente correcto” y esto es no decir nada inconveniente contra el gobierno de turno mientras mantenga popularidad. Luego pueden cambiar fácilmente de orientación si el viento modifica su rumbo. Y si no basta con ver la cantidad de colegas que recién luego de 7 años descubrieron la inconsistencia del modelo económico y ahora salen a proclamarlo a los cuatro vientos.

Digo todo esto porque así como hay empresarios, políticos y sindicalistas veletas, también en nuestra profesión hay de todo. No vaya a ser cosa que además me acusen de corporativo.

Fuente: economia para todos

Ricardo Alfonsín: Hay dos proyectos en la UCR bonaerense

Tiempo Argentino / Tiempo On Line / Zetavision / Zeta Inter Press

En un acto en el microestadio de Ferro, el diputado bonaerense buscó imponerse en la interna partidaria del próximo 6 de junio; “Vamos a ganar las elecciones de 2011″, aseveró.



El diputado radical Ricardo Alfonsín buscó imponerse hoy en la interna partidaria del próximo 6 de junio que elegirá nuevas autoridades del radicalismo bonaerense y comenzó a delinear un discurso que lo consolida como precandidato a presidente en el 2011.

“Hay dos proyectos en la provincia como ocurrió en el 83. Uno que es el de los que aspiran a colocar dos o cuatro diputados nacionales más para controlar al Gobierno y el de nosotros que queremos ser gobierno”, exclamó Alfonsín, en una de las intervenciones mas aplaudidas sobre el final del acto en el microestadio de Ferro.

Con múltiples alusiones a la gestión de su padre, Alfonsín también se mostró confiado en “recuperar la dimensión nacional del partido” a partir de la buena performance en la provincia de Buenos Aires.

Para este acto, el bonaerense eligió un escenario de alto contenido simbólico, ya que su padre realizó allí, hace 27 años, uno de los mar recordados actos de su campaña presidencial.

La imagen del ex presidente estuvo presente en varias banderas de militantes, quienes trajeron a la memoria el tradicional cántico de “Alfonsín, Alfonsín”.
Alfonsín como candidato a delegado, acompaña la postulación de Miguel Bazze a la jefatura de la UCR bonaerense; en tanto la corriente de Federico Storani y Leopoldo Moreau promueve a Pedro Azcoiti como delegado y a Eduardo Santín para presidir en partido en la provincia.

Bajo la consigna “Un nuevo radicalismo”, Ricardo Alfonsin apareció con una hora de retraso, rodeado por dirigentes del orden nacional como el jujeño Gerardo Morales, el porteño Ricardo Gil Lavedra, el chaqueño Angel Rozas y el candidato del espacio a presidir el Comité de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Bazze.

En su exposición, Alfonsin evitó referirse a las polémicas declaraciones de uno de sus adversarios, Federico Storani, quien lo acusó de contar con el respaldo tanto del gobierno nacional como de la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió.

Sin embargo, desde su entorno se encargaron de calificar la maniobra como “un disparate” porque Storani “se quedó sin respuesta política” en el marco de la disputa provincial.


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Cristina Fernández de Kirchner:"Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue pueblo", manifestó la Presidenta

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La presidenta Cristina Fernández de Kirchner aseguró hoy en el acto por el Día del Ejército que “cada vez” que esa fuerza “confundió su rol y se separó de su pueblo hubo amargas derrotas”, aunque destacó a la vez el rol de la institución en “el desarrollo de la industria nacional”.



“Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue sobre todo eso, pueblo, dirigidas por quienes tenían el honor de ser su brazo armado.

Y cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo hubo amargas derrotas.Este es el aprendizaje que tenemos que hacer todos en estos 200 años”, aseveró Cristina.Desde el Campo de Despejos del Colegio Militar de la Nación, en la localidad bonaerense de El Palomar, donde se eligió conmemorar la creación del Ejército en 1810 dispuesta por la Junta de Gobierno Patrio, la Presidenta calificó los festejos del Bicentenario como “jornadas históricas y memorables”.

Cristina repasó victorias y fracasos militares, destacó el rol de próceres como José de San Martín, Manuel Belgrano y Juan Manuel de Rosas y mencionó el papel protagónico del “pueblo” como “hilo conductor” para entender esas victorias y derrotas.

“El hilo conductor fue cuando las fuerzas armadas se constituyeron en el brazo armado de la Nación”, dijo y recordó que “cuando San Martín cruzó los Andes no lo cruzó con los políticos, sino con el pueblo, y cuando Belgrano mandó quemar Jujuy lo hizo con su pueblo”.

Resaltó la construcción de un radar para la aviación civil y militar, a cargo de las fuerzas armadas y del INVAP (una empresa del Estado dedicada a la tecnología espacial y de energía nuclear), que “colocará -dijo- a la Argentina en uno de los pocos países que construirán sus propios radares”.

La Presidenta destacó que el rol que “debe cumplir el Ejército del Bicentenario y las fuerzas armadas del Bicentenario en los próximos años” tiene que ver con “el respeto irrestricto a la Constitución” y con “el desarrollo de la industria nacional”.

Advirtió que en los festejos del Bicentenario estuvo reflejado el rol de las fuerzas armadas en el desarrollo de la industria y remarcó en ese sentido que “no se organizó un parque de diversiones ni una kermés” sino “una conmemoración de nuestra historia con nuestros claros y nuestros oscuros”.

“La historia siempre enseña”, añadió, y aseguró que “la virtud de cada uno de nosotros está en entender y aprender”.Afirmó que está “absolutamente convencida de que toda la sociedad, los que llevan uniforme y los que no llevan uniforme” han “aprendido y entendido”.

Luis Pozzi, jefe del Ejército, quien pronunció un discurso previo al de la mandataria, declaró que “el único camino posible es el que se transita acatando la Constitución Nacional y respetando los derechos humanos con justicia y pasión con la libertad”.

Pozzi dijo que los militares “celebran el reencuentro de nuestro pueblo” con los valores que les “dieron origen, legitimidad y gloria” y dijo que “no existirá fuerza ni circunstancia alguna capaz de doblegar la voluntad de los soldados”.Luego del discurso y pese a la lluvia, la jefa del Estado observó un desfile de efectivos y de elementos mecanizados en el Campo de Despejos del Colegio Militar de la Nación, con asiento en la localidad bonaerense de El Palomar.

Asistieron además de la mandataria, la ministra de Defensa, Nilda Garré; el jefe del Ejército, general Luis Pozzi; los jefes del Estado Mayor Conjunto, brigadier Jorge Chevalier; de la Armada, almirante Jorge Godoy y de la Fuerza Aérea, brigadier Normando Costantino; entre otras autoridades.

También estuvieron el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, los ministros de Trabajo, Carlos Tomada; de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; de Salud, Juan Manzur; de Economía, Amado Boudou; de Planificación Federal, Julio De Vido; del Interior, Florencio Randazzo; y el gobernador bonaerense Daniel Scioli, entre otros.

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Chávez dijo que en Argentina algunos medios "tienen una pelea con la verdad"

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El presidente de Venezuela aseguró que al igual que en su país “una buena parte de los medios, manejados por la derecha, tienen un pleito con la Patria y nosotros estamos al frente de la Patria”. Y definió a Antonini Wilson como “un agente de la CIA” y “un excremento”.



Hugo Chávez dijo que en Argentina como en Venezuela, algunos medios tienen una pelea con la verdad. Y evitó hablar del caso de Guido Alejandro Antonini Wilson, el empresario que en agosto de 2007 intentó ingresar a la Argentina una valija con 800 mil dólares y fue interceptado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

Luego de hablar de los festejos por el Bicentenario argentino del que participó junto a la Presidenta argentina y otros mandatarios latinoamericanos, el presidente de Venezuela habló de la relación de ambos gobiernos con la prensa.

“Yo no creo que tengamos peleas con los medios. Algunos medios tienen una pelea con la verdad. Son los medios que son de la derecha, de las burguesías, que le prestaron y apoyaron las dictaduras militares, apoyando gobiernos neoliberales que entregaron la Argentina”, indicó el venezolano por radio La Red.

“Igual pasa en Caracas; yo no lo pondría como que Cristina tiene un pleito con los medios y Chávez también”, indicó el presidente de Venezuela. “Una buena parte de los medios, manejados por la derecha, tienen un pleito con la Patria y nosotros estamos al frente de la Patria”, agregó.

Además, Chávez evitó responder sobre el empresario que intentó ingresar un maletín con 800.000 dólares y dijo que prefiere “hablar de la grandeza de la relación” entre ambos países.

En diálogo con radio La Red, Chávez intentó eludir el tema: “Te quiero hablar de la grandeza de la relación entre Argentina y Venezuela y tú sigues insistiendo en el excremento”. “Eso sí es esencial y ustedes siguen hablando de la maldita maleta, de los Antonini, que es un agente de la CIA, compadre”, sentenció Chávez, quien fue el único presidente extranjero que participó de la cena ofrecida por Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada.

La causa por el ingreso al país de Guido Alejandro Antonini Wilson está en manos del juez en lo Penal Económico de Daniel Petrone. Allí se investiga la llegada a la Argentina del empresario venezolano-estadounidense con una valija con casi 800.000 dólares, en el mismo vuelo que integraban funcionarios de las empresas ENARSA, PDVSA y el entonces titular del OCCOVI, Claudio Uberti.

De esa causa, también hay otra, como desprendimiento de la principal, en manos del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, quien investiga posibles irregularidades en el alquiler de aviones para trasladar a quién operaba como “embajador paralelo” en Venezuela.

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