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La política es conspiración

Martín, con su habitual agudeza razona de manera impresionante a partir de nuestro post de ayer. Vayan ya mismo a leerlo pues no tiene desperdicio (está acá) y vuelvan.

Ahora que ya leyeron confiesen si cuando sean grandes no quieren pensar y escribir como Martín…

Fíjense la cantidad de frases y definiciones que este talento es capaz de lanzar en una carilla:

“La política es conspiración”

“La política está antes que la democracia”

“Esta democracia es hija de esa conspiración llamada 2001″

“La gran conspiración que amenaza al gobierno hoy, se basa en un rumor masivo que masculla la impopularidad del gobierno.”

“El boxeo democrático siempre es por puntos, nunca por nocaut”

“Todo ese tiempo en que la estrella de un gobierno está muerta y que “le queda” es un infierno”

“¿Qué gobierno duró mucho mas que su estrella?”

“Gestión es lucha de clases. Construir 100 mil puestos de trabajo es declarar la guerra.”

“Se pierde mucho tiempo en discutir las reacciones naturales, fascistas y golpistas de quienes fueron declarados así. ¿Qué esperabas?”

Chan chan…

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¿Maldita policía?

Sor Juana Inés, decía que quienes acusaban eran la razón de aquello que culpaban, y con la policía ocurre lo mismo. La policía está tan lejos de ser maldita como bendita, es lo que han hecho con ella, y terminamos culpando al monstruo que creamos.
La policía, en nuestro país, se formo como un cuerpo militar, y no como un cuerpo que tenía por objetivo garantizar la seguridad de los ciudadanos, sino garantizar un orden político o determinados intereses. El Martín Fierro, nos presenta policías al servicio de un juez de paz corrupto, que se quedaba con las propiedades de quieres eran enviados a la frontera, o a la guerra. Si leemos la historia de Rosas, vemos que al ser nombrado a cargo de la gobernación se dedicó a visitar pueblos del interior de la provincia y removió funcionarios policíacos y jueces de paz (Saldías, Historia de la Confederación Argentina), de donde puede verse que José María Hernández, no estaba muy herrado al describir la conducta de jueces y policías.
Cuando las ciudades crecieron, la policía fue un cuerpo auxiliar del poder político en la represión social, como ocurrió a principios de siglo con la represión de las protestas de los habitantes de los conventillos de Buenos Aires y las protestas obreras anarquistas y socialistas, donde se llegó a disparar contra la población civil desarmada. Ese uso de la policía como fuerza represora continuó bajo todos los signos políticos que ejercieron el poder y se intensificó durante los gobiernos surgidos de golpes militares, donde incluso se puso a la policía bajo el mando militar. La estructura organizativa actual de la policía responde a esta historia, sus cuerpos tienen una estructura militar, y gran parte de sus cuadros son entrenados y asignados a tareas de represión de las protestas sociales.
El otro fenómeno asociado a la estructura policial, son las relaciones entre sus mandos y el poder político, que ha obligado a los mandos a ignorar delitos de referentes políticos, a ser instrumento de presión a políticos opositores, a realizar tareas de inteligencia a favor de gobernantes y tantas otras cosas. Ese uso de la policía, se pagaba con ascensos que nada tenían que ver con la capacidad policíaca, con impunidad para que funcionarios policíacos incursionasen en áreas marginales (juego clandestino, prostitución, contravenciones, manejo discrecional en la instrucción de sumarios, etc.) obteniendo rédito por ello. Esta “marginalidad” consentida generó una connivencia de policías con delincuentes, que permitió que sugieran “delitos amparados” como el juego clandestino, trata de personas, venta de artículos robados, lo que en la jerga se llama “delito de guante blanco” o “delito fino”. El avance de la ilegalidad y el progreso en leyes que evitaban el castigo de ciertas conductas y la participación de dirigentes políticos en el amparo de formas de delincuencia fueron desplazando la participación de policías hacia los “delitos duros”, encontrándonos con vinculaciones entre funcionarios policiales y el tráfico de drogas, secuestros, robos, asaltos, atentados terroristas y homicidios.
En el otro extremo de la fuerza policial, los cuadros subalternos, se encuentran mal pagos, mal equipados, mal entrenados y mal considerados por la mayoría de la población, que los asocia con las prácticas antes descriptas y de las que la mayoría no participa. Estos policías son victimas fáciles de una delincuencia que los enfrenta bajo los efectos de la droga y con armas de gran porte, sabiendo que si son heridos y deben ser retirados de la policía, sus pensiones no podrán garantizar la supervivencia digna de sus familias, lo mismo que si son muertos. Si hieren o matan al delincuente enfrentarán sumarios y juicios, que afectarán sus ingresos (ya que mientras dura este proceso, no podrán realizar horas extras o tareas auxiliares que le permiten completar un ingreso digno) y pueden llevarlos a la expulsión de la fuerza o a la cárcel.
Este nuevo Leviatán, aparece entonces como: un cuerpo estructurado militarmente, que destina gran parte de su capacidad a la represión social, a la custodia de intereses privados o particulares; vinculado a sectores del poder oficial que los utilizan para sus propios fines políticos o económicos; con un régimen de promoción que no depende de sus meritos como custodio de la seguridad pública; con cuadros mal pagos, mal equipados, mal preparados y peor dispuestos; con vinculaciones entre algunos funcionarios y criminales; y en un escenario de aumento de la delincuencia por causas socio-económicas.
Si queremos que esta policía cambie, debemos pensar en una nueva policía, en una nueva estructura de la policía, en un nuevo régimen para el personal policial, en una nueva definición del rol de la policía en la sociedad y en un presupuesto acorde a esa nueva fuerza. Una fuerza que no debe dejar de lado a la mayoría de los actuales policías, debe dejar de lado la concepción de la institución como una organización vinculada al poder político, organizada militarmente, cumpliendo roles que no le son propios (custodios de particulares, carceleros, represores de protestas sociales, etc.) y con una acumulación discrecional de poder en distintas áreas de su estructura.
Este problema, en síntesis, requiere de definiciones y acuerdos políticos para refundar la institución policial, pero no a partir de impulsos individuales o espasmódicos, sino en consensos que permitan definir a la seguridad pública como una política de estado, y dentro de ella a la institución policial. Una institución policial que se ha desvirtuado por acción u omisión de una clase política que ha usufructuado de ella hasta convertirla en la “maldita policía”, denominación que gran cantidad de sus cuadros no merecen o al menos no son ni culpables ni partícipes.

Otra de Michael Moore

Miedo a los Blancos. por Michael Moore
No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.
La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.
Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro “Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día”!
No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.
¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de ‘NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. “El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO…”. No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?
Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como “carne” en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo “horripilante” que había sido ver a ese “pobre conejito” golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de “Para mayores de 18 años” en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: “No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas”. Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.
Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como “crimen”. Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a “todos los cerdos” de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.
Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con “Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo.”? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash (“Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks (“Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen (“Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? “Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas” (Wu-Tang Clan), “Gente, usad vuestros cerebros para ganar” (Ice Cube), “Una madre soltera viviendo de la beneficiencia…dime cómo lo hiciste” (Tupac Shakur), “Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador” (Master P).
Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.
Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.
Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.
¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: – Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. – Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto – Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas – Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.
Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir “Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos”. Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la “antigüedad”.
Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a “mi amigo -que es negro-…”. Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir “Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color”.
Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.
No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es “hace mucho tiempo”. En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.

Para Fukuyama que lo mira por TV

Fukuyama perdió de local, el Partido Demócrata de Japón (PDJ, centro) triunfó en las elecciones legislativas obteniendo unos 300 escaños sobre los 480 de la Cámara de Diputados, lo que significa un duro golpe para el Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha) en el poder, que tendrá que conformarse con un centenar de escaños.

Parece que el mito liberal se cae en la segunda economía del planeta, en los EEUU, los líderes de las empresas emblemáticas para el neo liberalismo, tuvieron que pedirle auxilio a ese mismo estado al que le reclamaban que no interviniera en la economía. Pareciera que la “muerte de las ideologías”, no fue tanta y que el poco contenido ideológico que sobrevivió al Tsunami liberal de los 90, goza de buena salud.

Lanzo mi idea: fue una utopía soñar con un mundo más justo, con países soberanos, con la soberanía de la democracia real, con gobiernos que representen y ejecuten la voluntad de los pueblos o es una utopía pensar que los mercados son la respuesta a todos los problemas económicos, que el trabajo es solo un componente de la producción de bienes sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda, que los estados eran la fuente de todas las distorsiones que impedían que todos alcanzaran el bienestar y que el capital no acumulaba mas allá de tasas de retorno gobernadas por la racionalidad.

Creo que por más que busquemos explicaciones económicas, sociológicas o políticas, las crisis cíclicas del capitalismo nos demuestran las mentiras de los ideólogos fundamentalistas (o cipayos) de las teorías liberales dominantes, que más que explicar como funciona y puede funcionar la economía, sirven de soporte a las hegemonías mundiales que utilizan la economía como instrumento de poder. Por eso, las crisis muestran despiadadamente la verdad, que no existe una regulación natural en la economía que tienda al equilibrio, sino ciclos en los cuales determinados intereses acumulan poder y riqueza más allá de cualquier límite razonable (suponiendo que la razonabilidad es la tendencia al equilibrio), eso hasta que las tasas de acumulación distorsionan la posibilidad de su propia sustentabilidad.

Estos intereses hegemónicos, han variado en la historia universal, desde la hegemonía personal a la hegemonía anónima del capital trasnacional, el los setenta el demonio era Roquefeler, hoy el CEO de una empresa multinacional no sabe quién es su jefe, solo sabe que tiene que respondes a una junta de accionista que le demandan tasas de ganancias crecientes y a eso se consagra sin importar que tenga que hacer para conseguirlo. Anteriormente los límites a los que se sujetaba una empresa multinacional eran fijados por la política de la empresa, que era fijada y arbitrada por su dueño, o el accionista mayoritario, hoy las políticas empresariales son instrumentos de cohesión empresarial, para aumentar la productividad o mejorar la competitividad de la empresa, y se fija y arbitra en función de sus objetivos de rentabilidad.

Estos intereses limitados por la búsqueda de rentabilidad ejercen una notable influencia en la historia de los pueblos, condicionan su desarrollo, sus economías, el acceso a sus propios recursos, causan guerras, divisiones políticas, entronizan o derrocan líderes y generan corrientes de opinión que les son funcionales. Estos intereses temen más a las limitaciones externas que surgen de la aplicación de las regulaciones de los estados soberanos, que a su propia competencia, por ello generan y apoyan teorías que favorezcan sus intereses.

Estas teorías se oponen a todo tipo de ideología que limite la capacidad de acumulación de los grandes intereses, así los nacionalismos, las izquierdas nacionales o hasta fundamentalismos religiosos representan a quienes coartan las libertades que permiten a estos intereses mantener o aumentar sus niveles de ganancias. De todas las ideologías que estos intereses temen, se destacan aquellas que proponen a los estados como reguladores de la actividad económica, pues si los gobiernos de estos estados surgen de la legítima representación popular su capacidad de control no solo es legítima sino eficaz.

Este proceso o lucha entre las ideologías liberales y regulatorias, se enmarcaba en el concepto de desarrollo histórico que proponía Hegel, el dominio de una ideología se basaba en una tesis, la posición generaba una antítesis y entre las tendencias se establecía un equilibrio histórico de síntesis. Cuando Fukuyama supuso que la caída del comunismo ruso, devendría en una hegemonía mundial única, estable y duradera, planteó que la sucesión de procesos históricos se detendría pues se había llegado al “fin de la historia”. Pero solo ocurrió un nuevo ciclo hegemónico, donde los intereses económicos dominantes acumularon a tasas enormes y en ese proceso se llegó a la crisis económica que puso en evidencia a las desmedidas ambiciones de los grupos económicos concentrados a nivel global. La utopía liberal llegó a su fin, el mundo real no puede existir plenamente sin la intervención regulatoria de los estados conducidos por gobiernos legitimados democráticamente, tengan la ideología que tengan.

DE SOMBREROS CHETOS, ESPÍAS Y PAN DULCE.


Estaba perdido, lo confieso, sumido en un letargo muy profundo, cómo una esponja que poco a poco estaba absorviendo las noticias, frases, hechos que le llegaban a los oídos, cómo así también las vivencias.

Uno de esos “sucesos” que me fue despertando fue la compra de un pan dulce, la marca “Rey”, en un supermercado chino, en oferta, 5 pesitos, ya las fiestas pasadas había escrito varias entradas al respecto a varios Blogs, y con desagrado he visto que nada ha cambiado, EL PAN DULCE QUE CONSUMIRÁ LA CLASE MEDIA HACIA ABAJO SERÁ ABSOLUTAMENTE DETESTABLE, yo me pregunto: “¿Los impuestos que se me descuentan del sueldo durante todo el año no me dan para poder tener un pan dulce aceptable en la mesa durante las fiestas?”, Kraft o Bimbo siguen haciendo pan dulce para ricos, 18, 20 pesos o más tiene que pagar quien quiera degustar un pan dulce de buena calidad, esto, tomando en cuenta que no consumimos un solo pan dulce durante las fiestas…ya es prohibitivo.

Uno sigue sus rutinas diarias, a veces trata de mantenerse un poco alejado de ideas políticas, o de sucesos políticos, al menos por etapas cortas, trataba de escribir nuestro micro de radio Cooperativa de los domingos, y, me llegaron al oído las palabras de Gabriela Michetti, muy desafortunadas por cierto: “El matrimonio no es una institución para los homosexuales”, que es lo mismo que decir: “el matrimonio es solo para heterosexuales y los homosexuales no tienen los mismos derechos que nosotros”, triste, muy triste, aberrante, en sintonía con una iglesia que ha devorado naciones enteras, y que, es competidora en asesinatos con demonios cómo el mismísimo Hitler, entre otros, con una iglesia que, de estar en el poder, hubiera preferido que todos muriéramos de alguna enfermedad a sacrificar algunos de sus “santos” preceptos. Ésta vez Michetti falló, y falló feo, y suma en la ecuación maldita que sufre hoy el PRO, ecuación, mucho por errores propios, y mucho también gracias a los monjes negros que operan desde las sombras, tratando, dicho sea de paso, de encontrar alguna manera de violar el voto de los Porteños de alguna manera “legal”.

Intentaba concentrarme cuando llegaron a mí palabras cómo vetocracia, o frases cómo: “no vamos a aceptar denuncias contra tal o cual”, pude ver a Aníbal Fernández negar la presencia de Antonini Wilson en Casa Rosada, cosa que ya había hecho hace algunos meses en el programa de Nelson Castro, lo que puede hacer un video es increíble, y lo que puede llegar a negar un funcionario es aún más increíble. Alguien en PERFIL se sorprendía hoy de lo manso que es el pueblo, pero ignora o pretende ignorar que el pueblo tiene un subconsciente que le dicta mesura, mesura para preservar las instituciones, pues, el pueblo sabe lo que quiere y lo que no, y si bien no está contento con su presente, mucho menos quiere provocar una vuelta a la Argentina desestabilizada en la que cualquiera pueda tomar el control y enloquecer, eso cuesta vidas, y cuesta un gran esfuerzo para retomar un camino de retorno.

Sospechosas también resultan las acusaciones de espionaje, el ritmo de las investigaciones, la velocidad con la que se escuchan veredictos, lo cierto es que al final, el pueblo no es culpable, eso es un hecho, entonces, tenemos que mirar hacia ellos, los dos gobiernos en puja, el Nacional (también acusado muchísimas veces de espionaje) y, el gobierno Porteño (dirigido por un Macri que se muestra cada día más debilitado), uno los escucha y se da cuenta de que si bien se atacan…los ataques son un tanto medidos, uno podría suponer que se saben demasiado, el apellido Macri está ligado al gobierno Nacional (ya todos sabemos los negocios del gobierno con Franco Macri), Ciro James dificilmente sea un desconocido para gente cómo Aníbal Fernández o para aquellos que trabajaron bajo su mando cómo Ministro de Justicia, la investigación de el atentado contra la AMIA ha quedado en un segundo plano, lanzando al aire más protagonistas que resultados, poderes oscuros oscilan por las altas esferas, la inseguridad aumenta y se vuelve cada vez más insoportable, en las últimas semanas dos mujeres fueron fusiladas dentro de sus autos, dos localidades han marchado contra sus Comisarías, más de 20 policías han perdido sus vidas, la ciudadanía ha puesto sus ojos sobre el oficialismo señalándolo cómo el absoluto responsable de sus males, y las encuestas no corresponden con la realidad que el oficialismo pretende declamar cada vez que hace uso de la cadena Nacional, la ciudadanía observa cómo ARBA amenaza a los productores con captar imágenes satelitales de sus piscinas, y se pregunta: ¿Y no podemos tener imágenes satelitales de los desarmaderos?, una lástima, pues, sería importante atacar los desarmaderos que son la causa de muchas muertes por robo automotríz. La ciudadanía observa cómo se usan los servicios de inteligencia para jugar a la pequeña guerra fría y no se logra ubicar, por otro lado, a los casi 700 niños que desaparecen al año en nuestro país según Missing Children, ellos se espían cómo empresas, cómo un equipo de fútbol espía al otro, o cómo una marca de autos mandan espías a tratar de fotografiar el nuevo modelo de la marca competidora, esa inteligencia nunca es a favor del pueblo.

Uno termina pensando cosas terribles, con los recursos con los que contamos, uno, lógicamente termina pensando que los ciudadanos somos ratas de laboratorio de algún maquiavélico experimento social, o que los países Latinoamericanos tienen algún tipo de pacto con el poder mundial para nunca hacer uso de sus riquezas para tomar el lugar de privilegio que debería, a cambio de riquezas e impunidad para nuestros gobernantes, después de todo ¿cuántos gobernantes están presos en Latinoamérica por corrupción?, ni siquiera Fujimori es un caso de corrupción, fíjense que, después de todo, “tendríamos que sentirnos orgullosos pues, somos un hemisferio casi sin corrupción”, o al menos, eso es lo que dice nuestra justicia.