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Los malos consejos de Cristina a Europa


Por Domingo Cavallo, para Perfil.
Cristina Kirchner ha aprovechado su viaje a España como Presidente pro-tempore de UNASUR para sugerir a los países de la Unión Europea que han acumulado fuertes endeudamientos, que no lleven a cabo ajustes fiscales y tomen el ejemplo de la Argentina post-convertibilidad para reconquistar el crecimiento económico. Es, en general, lo que trasuntan las declaraciones públicas de los economistas y dirigentes políticos que en 2002 apoyaron el abandono del régimen de convertibilidad.

¡Pobre Europa si Grecia, España y Portugal siguieran este consejo! Por supuesto, no lo harán. En Europa, como en casi todo el resto del Mundo, quienes conocen la historia de Argentina en el último cuarto de siglo, saben que nuestro país salió del infierno hiperinflacionario, se modernizó y se integró al Mundo durante los años de la convertibilidad y, desde 2002 en adelante, volvió a introducir la inflación como problema crónico, se ha estado descapitalizando y está cada vez más auto-aislada del mundo, tanto en materia económica como política.

El crecimiento económico que se dio en Argentina desde 2003 en adelante, fue, como en casi todo el mundo emergente, fruto de la fuerte expansión de China y del alto precio que alcanzaron y están manteniendo las mercancías agropecuarias y mineras. Pero la inflación, la ausencia de crédito público, la escasa inversión, el autoritarismo político y la corrupción son manifestaciones claras del retroceso económico y político que ha experimentado Argentina desde que abandonó el régimen monetario que le había devuelto la estabilidad y la había insertado en el Mundo.

El proceso de integración Europea y, en particular, su sistema monetario que comenzó con bandas de flotación estrechas alrededor de paridades fijas entre las economías europeas (la denominada serpiente europea) y concluyó en la creación, primero del EMU y finalmente del EURO, permitió un proceso de convergencia de los países menos desarrollados hacia el nivel de vida de Alemania que no se observó en ninguna otra región del mundo. No solo consiguieron baja inflación sino un ritmo apreciable de crecimiento y, sobre todo, una reducción significativa de la dispersión en la calidad de la infraestructura, los niveles de productividad y el nivel de vida de sus pueblos.

Como ocurrió en casi todos los países y regiones del mundo durante los últimos siglos, el progreso no fue libre de errores, excesos, sobresaltos y crisis. Pero sería necio argumentar que por evitar la crisis que hoy están sufriendo Grecia, España y Portugal, estas naciones deberían haberse abstenido de entrar en el EURO. Y más necio aún argumentar que hoy deberían abandonar el EURO para evitar tener que incurrir en los costos del ajuste fiscal que han anunciado sus autoridades y que constituyen la condición para el apoyo financiero que han prometido la Unión Europea y el FMI.

Argumentar que abandonando el EURO Grecia, España y Portugal podrían evitar el ajuste fiscal es una burda mentira. Si esas tres naciones convirtieran todos sus contratos designados en EUROS a sus viejas monedas nacionales, para poder dejar que las mismas se devalúen frente al EURO y de esa forma reconstruyan inmediatamente la competitividad de sus economías, les pasaría lo mismo que aconteció en Argentina en el año 2002, cuando el gobierno dispuso la pesificación de todos los depósitos en dólares y generó una devaluación extrema de la moneda nacional.

La consecuencia fue un ajuste fiscal draconiano, que provocó la reducción del orden del 30 % de todos los salarios reales y de las jubilaciones y que llevó el gasto público social, como porcentaje del ingreso nacional, a los niveles reales más bajos de la historia. En el primer semestre de 2002 se acentuó el proceso recesivo y la inflación superó el 40 % anual. La economía quedó completamente desorganizada y aislada financieramente del Mundo.

En materia económica y política el aislamiento no fue total, pero Argentina perdió relevancia frente a sus socios comerciales y políticos y prácticamente desapareció del mapa de la inversión directa de las empresas que tienen estrategias globales. Lo mismo le pasaría a cualquier país europeo que saliera del EURO en los próximos meses como Argentina salió de la convertibilidad en 2002.

Hay sí, tres lecciones de Argentina del período 1999-2001 que Grecia, España y Portugal tienen que tener muy en cuenta:

Cuanto más temprano y rápido hagan los ajustes fiscales necesarios para disminuir el déficit fiscal, tanto mejor. Argentina se demoró mucho en hacerlo. La recesión por excesivo endeudamiento y sobrevaluación de la moneda a la que estábamos atados (el Dólar) comenzó en el segundo semestre de 1998 y se acentuó desde la devaluación del Real en febrero de 1999. Sin embargo, durante todo el año 1999 el Gobierno Nacional y la mayor parte de los gobiernos provinciales continuaron expandiendo su gasto y endeudándose con el sistema bancario argentino a corto plazo y a tasas flotantes de interés. Desde el año 2000 comenzó el ajuste fiscal nacional, pero hasta bien entrado el año 2001 ese ajuste no fue acompañado por las provincias, que siguieron endeudándose y emitiendo cuasi-monedas. Recién en el segundo semestre de 2001 las provincias se vieron obligadas a reducir sus gastos, pero sus respectivos gobiernos, en particular el de la Provincia de Buenos Aires, en lugar de hacerlo en forma explícita y dentro del sistema institucional, prefirieron adherir a la idea del abandono de la convertibilidad y la licuación de sus deudas por devaluación e inflación.

El ajuste fiscal debe incluir una reforma tributaria que reduzca a un mínimo los impuestos al trabajo. De esta forma se reduce el costo laboral en la economía formal sin que medie una devaluación de la moneda. Argentina intentó utilizar este mecanismo, pero demasiado tarde y en forma muy parcial. A partir de abril de 2001 se pusieron en marcha los planes de competitividad sectoriales, que permitieron que los impuestos al trabajo se tomaran como pago a cuenta del Impuesto al Valor Agregado, pero por tardío y limitado el esquema no llegó a producir una recuperación significativa de la competitividad externa de la economía.

El apoyo externo debe ser utilizado no para permitirle a los acreedores cobrar sus acreencias y retirarse de los países con problemas, sino para garantizar que los países cumplirán con sus obligaciones, pero en plazos más largos y pagando tasas de interés cercanas a las que paga Alemania. En Argentina utilizamos el apoyo del FMI, cuando lo conseguimos, para tratar de seguir atendiendo normalmente los servicios de la deuda, a pesar de que los mercados nos exigían tasas de interés muy elevadas. Y, cuando nos convencimos que era imprescindible reestructurar toda la deuda pública, canjeando los bonos y acreencias demasiado cortas y onerosas por deuda a más largo plazo y menores tasas de interés, el FMI nos retiró el apoyo y nos empujó al default desordenado de fines de diciembre de 2001. Sería terrible para Grecia, para España y para Portugal, que la Unión Europea y el FMI asumieran la actitud que asumió el FMI en noviembre de 2001 respecto de la Argentina. Los países europeos que hoy enfrentan una crisis de sus deudas, para evitar que les ocurra lo que aconteció en Argentina, deben aprovechar el apoyo externo para alargar los plazos y bajar la tasa de interés de toda la deuda que vence en el período en el que estarán llevando a cabo el ajuste fiscal. De esta forma evitarán que un repentino retiro de ese apoyo pueda poner a alguna de esas economías en la situación en la que se encontró Argentina en noviembre y diciembre de 2001.

Es muy probable que tanto los Gobiernos de la Unión Europea como el propio FMI tengan hoy en claro que provocar en Grecia, en España o en Portugal, una situación como la que vivió Argentina a fines del 2001, tendría consecuencias nefastas no sólo para esos países sino para toda Europa y, muy probablemente, para la economía global.

Pero vale la pena hacer la advertencia, porque no sólo en nuestro país se escuchan voces como las de Cristina Kirchner, que recomiendan como solución la salida de los países del EURO, sino que hay una corriente de opinión política y profesional en los EEUU, que hace la misma sugerencia. Se trata de los mismos economistas y políticos que piensan que la solución de la crisis norteamericana pasa por una fuerte depreciación del Dólar, inducida por una política monetaria muy laxa en ese país, mientras sigue expandiendo su gasto público y su endeudamiento.

A diferencia de la posición de Cristina, que es puramente ideológica y persigue seguir engañando a la opinión pública argentina, la posición de estos políticos y economistas norteamericanos responde a la pretensión de evitar que la moneda europea pueda llegar a jugar un papel equivalente al que ha venido jugando el Dólar en el Mundo. Sólo así se entiende que a la depreciación del EURO desde los niveles exorbitantes a los que lo había llevado la política monetaria norteamericana, mientras los Europeos seguían enfatizando la ortodoxia anti-inflacionaria alemana, se la presente como la “destrucción” del EURO.

Destruir al EURO sería precisamente forzar su reemplazo por las viejas monedas nacionales en los países que hoy enfrentan problemas. Que el EURO vuelva al valor que tuvo en su comienzo (1,17 dólares) o incluso el valor mínimo que alcanzó en 2001 (0,82 dólares) no significa que esa moneda se esté destruyendo, sino simplemente, que Europa está aplicando la misma metodología que utilizó EEUU para sacar a su economía de la crisis de las hipotecas.

A nadie le deberían caber dudas que un EURO más depreciado será el principio de la solución para Grecia, para España y para Portugal, tal como la depreciación del Dólar a partir de mediados del 2002 hubiera aportado buena parte de la solución a la crisis argentina, sin necesidad de que Argentina abandonara el régimen monetario que tantos beneficios le había aportado durante la década del 90.

Juicio Político a los Kirchner?

Por Malú Kikuchi

Según declaraciones de Francisco de Narváez, diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, “Todos los días se denuncia un hecho de corrupción y siempre están llegando muy cerca del matrimonio presidencial, desde enriquecimiento ilícito hasta el escándalo de los medicamentos, a cómo se recaudó la plata de la campaña”.

“No descarto para nada que se tenga por vía de la justicia la prueba o una sentencia y esto puede abrir el juicio político a la Presidenta”. 5/12/09.

¿En qué consiste el juicio político a un presidente?

La Constitución Nacional contempla el juicio político aplicable al presidente, vicepresidente, al jefe de gabinete, a los ministros, o a los miembros de la Corte Suprema en tres de sus artículos, por mal desempeño de la función, o por comisión de delito.

El artículo 53 establece que la Cámara de Diputados, contando con las dos terceras partes de sus miembros, puede convertirse en cámara acusadora ante el Senado y pedir juicio político.

El artículo 59 establece que, al recibir el Senado la acusación de Diputados, los senadores deben volver a jurar. En el caso de un juicio al presidente de la nación, debe asumir la presidencia del Senado el presidente de la Corte Suprema. Para expedirse deben contar con las dos terceras partes del Senado.

Si el Senado condena, “su fallo no tendrá más efecto que el de destituir al acusado. Y aún declararle incapaz de ocupar ningún empleo de honor, de confianza o a sueldo en la Nación. Pero la parte condenada quedará no obstante, sujeta a la acusación, juicio y castigo conforme a las leyes ante los tribunales ordinarios”. Artículo 60.

El juicio político es una institución que aparece por primera vez en la constitución de los EEUU. Hasta entonces, el derecho anglosajón usaba el “impeachment” para casos de alta traición en tiempos monárquicos.

El juicio político existe porque el sistema democrático y republicano necesita equilibrio entre sus poderes y anticuerpos efectivos para que funcione ese equilibrio. El juicio político sólo puede destituir al imputado, de probarse aquello de lo que se le acusa.

El juicio político no es un juicio penal, es previo al mismo. Si se prueba la comisión de un delito en un juicio político, recién entonces el imputado es derivado a la justicia penal.

Argentina no le ha hecho juicio político a ningún miembro del poder ejecutivo a lo largo de su historia. Sin embargo, existieron los juicios de residencia durante la colonia. Y ya el 25 de mayo de 1810 el Cabildo se reservaba el derecho a juzgar a cualquier miembro de la Junta.

En la Asamblea del año XIII se estableció la responsabilidad del ejecutivo ante el legislativo. En el Estatuto Provisorio de 1815 y en el Reglamento Provisional de 1819, se otorgaba a la Cámara de Representantes la atribución de juzgar a los miembros de los 3 poderes por traición, concusión o malversación. Lo mismo en la constitución de 1826.

En el continente americano los juicios políticos no son excepcionales. En EEUU Andrew Johnson, durante 1867 soportó 2 juicios políticos de los que salió absuelto. Ya en 1974 el recordado juicio político a Richard Nixon por abuso de autoridad (escuchas telefónicas de Watergate). Renunció antes de finalizar el juicio. En 1998, juicio político a Clinton por mentir bajo juramento. Absuelto por contar con mayoría demócrata y finalmente por decir la verdad.

En 1992, en Brasil, juicio político a Fernando Collor de Melo, destituido. En 1993, en Venezuela, a Carlos Andrés Pérez, destituido, luego juzgado penalmente y encontrado culpable. En 1997, en Ecuador, a Abdalá Bucaram, destituido. En 1999, en Paraguay, a Raúl Cubas Grau que renunció antes de finalizar el juicio.

De ser necesario, Argentina, respetuosa de la Constitución Nacional y bajo el imperio de la ley, dispone de una única solución institucional, efectiva, legal y legítima frente a cualquier problema que pudiera rozar la investidura presidencial (artículos 53, 59 y 60).

El juicio político es un instrumento constitucional para salvar institucionalmente la República.

El camino del infierno ….

Que artista se perdió el cine, lástima que se dedicó a la política y en lugar de hacernos llorar en la pantalla nos hace llorar de bronca en los noticieros, me refiero al gobernador de la provincia de Buenos Aires el Sr. Scioli, al que vimos mostrarse apenado en el funeral de un policía que había sido asesinado, lo vimos prometer que pondría mano dura contra el delito después de robos y asesinatos, que pondría presos a los menores que delincan después de hechos de agresiones y asesinatos cometidos por menores, etc. etc. etc.
El gobernador prefiere la actuación ante los medios, antes que dar respuesta a los problemas que aquejan a la sociedad, marcada por una exclusión sin precedentes y origen de todos los males; y por la incompetencia de gobernantes que solo pueden ofrecer gestos mediáticos en lugar de soluciones.
Como no hay mejor verdad que la realidad, basta mirar algunas cosas de ella. Según un informe parlamentario, que detalla cómo el gobierno bonaerense subejecutó partidas presupuestarias de programas destinados a los menores en conflicto con la ley penal y a la compra de equipos de seguridad. Según este informe del diputado provincial Ramiro Tagliaferro, el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense gastó sólo el 3% del presupuesto destinado a los 18 centros ambulatorios, que reciben a menores en conflicto con la ley penal y el 9% de lo asignado a 25 centros que alojan chicos, además, sólo destina el 2% de su presupuesto de 47 millones de pesos, para financiar el funcionamiento del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil que controla a esos centros.Del 8% del presupuesto total de la provincia ($2.246 millones), que se asigna el Ministerio de Desarrollo Social Para programas específicos de Niñez y Adolescencia se destina sólo el 12% al presupuesto de esta cartera (275 millones de pesos). La Dirección Provincial de Coordinación del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil recibe el 2% del presupuesto ministerial. Al 31 de agosto, el ítem “Centros de Referencia” muestra una inversión de sólo el 3%, mientras que los centros de Recepción y Derivación evidencian un ejecutado menor al 10 por ciento. En los programas de los Centros de Contención se destina el 19% de los recursos correspondientes a la Dirección Provincial. Tal es la situación de precariedad, que Carlos Lami, presidente del Colegio de Magistrados de la Provincia de Buenos Aires dijo: “En la provincia se habla irónicamente del plan canje, porque se libera a un chico para que ingrese otro que cometió un delito más grave”.
En otra área, el ministerio encabezado por Carlos Stornelli ejecutó, al 31 de agosto sólo el 13,72% del ítem “equipos de seguridad”, que incluye los chalecos y el armamento de los uniformados. La cartera de seguridad cuenta con una asignación presupuestaria equivalentes al 6% del presupuesto total de la provincia. De esta cifra, el 81% se destina a sueldos del personal y el 8% a la compra de bienes de uso. Se afectó, a la fecha del informe, el 70% del presupuesto, del cual, sólo el 5% correspondió a Obras. En Planificación y Operación de la Seguridad Provincial, se gastaron 19 mil pesos, de los $27 millones presupuestados. En Investigaciones e Inteligencia Criminal no se ejecutó ni un solo peso; y en Comunicaciones, sólo el 0,29% de un total de $2,8 millones de pesos.
En resumen solo el 14% del presupuesto de Seguridad se ha ejecutado, un presupuesto, que a valores comparativos con presupuestos anteriores es un 2% menor que en el año 2005 (donde alcanzó un 10% del presupuesto total). En ese contexto hay dos hechos que son representativos de la incapacidad de la gestión gubernamental: para 112 menores institucionalizados hay una sola psicóloga y desde distintas ONG que alojan a los chicos, se denuncia la falta pago por parte del ministerio.
En este contexto el gobernador habla con la policía diciéndoles que son héroes, pero esos policías suelen trabajar mas de 14 horas por día, para alcanzar un salario justo (las que le impone su función mas las horas extraordinarias en distintas formas y modalidades), carece de equipamiento (y no porque no haya presupuesto, sino por que no se lo ejecuta), carece de entrenamiento (si se le agrega mas carga horaria la mayoría del personal caerá victima de agotamiento) y debe cumplir funciones que no son las que debe cumplir un policía (carcelero de detenidos en comisarías, custodia de funcionarios, represor de protestas sociales, entre otras).
Ese mismo gobernador que se muestra compungido ante los deudos de un policía caído en cumplimiento del deber, no arbitró los medios para que ese policía estuviera en las condiciones físicas adecuadas (descansado y entrenado), anímicas (con buena retribución y con la satisfacción de cumplir el rol que aspiró al ingresar a la policía) y con los medios adecuados (equipamiento y logística). Ese gobernador que propone cárcel para los menores y no atiende las necesidades de quienes ya están institucionalizados, negándoles toda posibilidad de recuperación y reinserción social; y cuyo destino final será una cárcel, en donde se convertirán en consumados delincuentes.
Un viejo profesor mío, sacerdote salesiano, decía: “el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones”, el gobernador habla de buenas intenciones, pero nos arrastra al infierno a todos los bonaerenses.

Los países en vías de desarrollo son el patio trasero de los países desarrollados

Si alguien creyó que el actual grado de desarrollo tecnológico, el crecimiento económico mundial sostenido hasta la última crisis, y la emergencia de un supuesto progresismo en EEUU de la mano de Obama, cambarían las cosas, se equivoca. Tanto en lo económico, como en lo político y como en lo cultural, el mundo está cada ves mas dividido entre los que mas tienen y los que menos tienen, y esas diferencias, mas que reducirse, se aumentan. Tomemos tres ejemplos de ellos en los campos antes mencionados: economía, política y cultura.

En lo económico, desde mediados de los noventa, los mismos economistas neoclásicos que propiciaban el Consenso de Washington descubrían la “paradoja de Lucas”, por la cual el flujo de capitales no iba desde los países ricos hacia los países pobres como predecía la “mano invisible” de Adam Smith, sino desde los países pobres hacia los países ricos, dándole la rezón a Marx, quién 150 años antes decía que el capital tendía a acumularse y concentrarse y no a distribuirse. Lo curioso, más que el hecho en sí del flujo de capitales, es la terminología que emplean estos economistas, a ningún habitante consiente del mundo “en vías de desarrollo” nos sorprende el hecho de ver como el capital se fuga de nuestros países, ya que solo los ciegos (a veces pienso que son la gran mayoría, porque no pueden o porque no los dejan ver) no vieron que en los últimos años la fuga de capitales superó el nivel de reservas acumulado por el país después de la crisis del 2001. Pero los apologistas del mercado y del liberalismo económico llaman a esto “paradoja”, como si fuera algo: “más allá de lo creíble, nombre que se da a situaciones o circunstancias que resultan contradictorias pero con una serie de factores que se consideran válidos o reales” (Wikipedia dixit). La evidencia de que los países ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres más pobres, resulta una contradicción de los postulados válidos de la teoría liberal del mercado y no una consecuencia natural de la falta de regulaciones para el desarrollo del capitalismo. Así, el hecho económico: “la paradoja de Lucas”; el hecho político: la falta de regulaciones sobre el desarrollo del capital y el hecho cultural: la no aceptación de las consecuencias del liberalismo de mercado; se entroncan en una sola concepción de “cultura dominante”, donde se niega hasta la evidencia de sus errores, sin duda esta es la visión de Fukuyama.

En lo político, el golpe de estado en Honduras puso de manifiesto, como la burocracia política mundial, puede impedir la voluntad de los países democráticos de que se respete el orden constitucional. Formalmente la OEA, el gobierno de EEUU y distintos gobiernos Americanos, no solo condenaron el golpe de estado en Honduras, sino que realizaron distintas acciones tendientes a restablecer el orden institucional y constitucional, pero efectivamente, no se logró nada. Esa misma burocracia consintió la invasión de Afganistán e Irak, la justificó y apoyó militarmente la ocupación de ambos países, pero nada se hizo frente a un pequeño país con un gobierno dictatorial que rechazó toda presión política. Esa misma burocracia firmó un tratado para la asistencia en la lucha contra el narcotráfico en Colombia, donde se consiente que los soldados de EEUU que participan, estén fuera del alcance de las leyes del país, en renuncia plena a la soberanía jurídica de un estado soberano (al menos en teoría). Nuevamente, lo político: la imposición de la voluntad política de los países sobre cualquier orden establecido; lo económico: la intervención a cualquier precio donde se juegan intereses económicos y lo cultural: la justificación usada, mediante argumentos de defensa de la democracia en Irak, no es la misma que en Honduras; en Afganistán el terrorismo talibán requiere la ocupación militar y en Colombia el narcoterrorismo subordina la soberanía jurídica a la intervención militar extranjera, lo cual todos ven como algo natural, aunque el respecto por la autodeterminación de los pueblos quede en letra muerta.

En lo cultural, tenemos un ejemplo sobre nuestro río Uruguay, justo enfrente de Gualeguaychú. Porque cultura no es la expresión artística, es el pensamiento, la actitud y la conducta de las personas en lo cotidiano, y la cultura de los países del primer mundo es usar a nuestros países como patio trasero, ahí donde se tira la basura. Por eso, un equipo de especialistas argentinos de la Universidad Nacional de La Plata y de la UBA, que estudiaron durante un año y medio las variantes producidas en las aguas del río Uruguay, aseguran que quedo acreditado, en base a análisis del sedimento y de las algas del río: “restos de nonilfenoles y lindano” (un veneno parecido al Gammexane). Posteriormente, durante una grave falla ocurrida en Botnia en enero de 2008, cuando se averió una de las tuberías de la fábrica y provocó un enorme derrame de la pulpa de celulosa, el especialista Juan Carlos Colombo, que dirige el Laboratorio de Química Ambiental de la Universidad Nacional de La Plata, obtuvo contundentes pruebas de que la planta de Botnia emite nonilfenol, una sustancia prohibida en la Unión Europea desde 2005. Este químico provoca graves consecuencias: en los hombres podría ocasionar cáncer de testículo, de próstata, disminución del nivel de testosterona y en la calidad del esperma; y en las mujeres, cáncer de mama, endometriosis y hasta muerte embrionaria o fetal. Estas enfermedades, además, podrían transmitirse a los hijos que engendren. En definitiva, en lo político: la casi nula independencia de países débiles provoca la aceptación de inversiones que expolian y contaminan nuestros suelos y ríos; en lo económico: la necesidad de crear fuentes de trabajo subordina a cualquier otro interés como lo es la preservación del medio ambiente: en lo cultural: se acepta como un hecho positivo inversiones que utilizan tecnologías que no son aceptadas en los países desarrollados.

La interdependencia de los hechos políticos, económicos y culturales en la dirección de subordinar a los países en “vías de desarrollo” a los intereses de los países desarrollados, nos convierte en receptores de inversiones económicas apoyadas políticamente y que lejos de traer algún beneficio, extraen nuestros recursos naturales, no dejan ningún beneficio económico (aunque resulte “paradojal”), destruyen nuestro medio ambiente y hasta nos dejan contentos.

Otra de Michael Moore

Miedo a los Blancos. por Michael Moore
No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.
La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.
Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro “Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día”!
No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.
¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de ‘NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. “El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO…”. No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?
Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como “carne” en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo “horripilante” que había sido ver a ese “pobre conejito” golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de “Para mayores de 18 años” en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: “No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas”. Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.
Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como “crimen”. Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a “todos los cerdos” de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.
Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con “Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo.”? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash (“Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks (“Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen (“Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? “Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas” (Wu-Tang Clan), “Gente, usad vuestros cerebros para ganar” (Ice Cube), “Una madre soltera viviendo de la beneficiencia…dime cómo lo hiciste” (Tupac Shakur), “Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador” (Master P).
Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.
Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.
Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.
¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: – Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. – Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto – Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas – Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.
Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir “Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos”. Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la “antigüedad”.
Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a “mi amigo -que es negro-…”. Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir “Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color”.
Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.
No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es “hace mucho tiempo”. En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.