Archivos etiquetados como: ‘Mercados’

Los malos consejos de Cristina a Europa


Por Domingo Cavallo, para Perfil.
Cristina Kirchner ha aprovechado su viaje a España como Presidente pro-tempore de UNASUR para sugerir a los países de la Unión Europea que han acumulado fuertes endeudamientos, que no lleven a cabo ajustes fiscales y tomen el ejemplo de la Argentina post-convertibilidad para reconquistar el crecimiento económico. Es, en general, lo que trasuntan las declaraciones públicas de los economistas y dirigentes políticos que en 2002 apoyaron el abandono del régimen de convertibilidad.

¡Pobre Europa si Grecia, España y Portugal siguieran este consejo! Por supuesto, no lo harán. En Europa, como en casi todo el resto del Mundo, quienes conocen la historia de Argentina en el último cuarto de siglo, saben que nuestro país salió del infierno hiperinflacionario, se modernizó y se integró al Mundo durante los años de la convertibilidad y, desde 2002 en adelante, volvió a introducir la inflación como problema crónico, se ha estado descapitalizando y está cada vez más auto-aislada del mundo, tanto en materia económica como política.

El crecimiento económico que se dio en Argentina desde 2003 en adelante, fue, como en casi todo el mundo emergente, fruto de la fuerte expansión de China y del alto precio que alcanzaron y están manteniendo las mercancías agropecuarias y mineras. Pero la inflación, la ausencia de crédito público, la escasa inversión, el autoritarismo político y la corrupción son manifestaciones claras del retroceso económico y político que ha experimentado Argentina desde que abandonó el régimen monetario que le había devuelto la estabilidad y la había insertado en el Mundo.

El proceso de integración Europea y, en particular, su sistema monetario que comenzó con bandas de flotación estrechas alrededor de paridades fijas entre las economías europeas (la denominada serpiente europea) y concluyó en la creación, primero del EMU y finalmente del EURO, permitió un proceso de convergencia de los países menos desarrollados hacia el nivel de vida de Alemania que no se observó en ninguna otra región del mundo. No solo consiguieron baja inflación sino un ritmo apreciable de crecimiento y, sobre todo, una reducción significativa de la dispersión en la calidad de la infraestructura, los niveles de productividad y el nivel de vida de sus pueblos.

Como ocurrió en casi todos los países y regiones del mundo durante los últimos siglos, el progreso no fue libre de errores, excesos, sobresaltos y crisis. Pero sería necio argumentar que por evitar la crisis que hoy están sufriendo Grecia, España y Portugal, estas naciones deberían haberse abstenido de entrar en el EURO. Y más necio aún argumentar que hoy deberían abandonar el EURO para evitar tener que incurrir en los costos del ajuste fiscal que han anunciado sus autoridades y que constituyen la condición para el apoyo financiero que han prometido la Unión Europea y el FMI.

Argumentar que abandonando el EURO Grecia, España y Portugal podrían evitar el ajuste fiscal es una burda mentira. Si esas tres naciones convirtieran todos sus contratos designados en EUROS a sus viejas monedas nacionales, para poder dejar que las mismas se devalúen frente al EURO y de esa forma reconstruyan inmediatamente la competitividad de sus economías, les pasaría lo mismo que aconteció en Argentina en el año 2002, cuando el gobierno dispuso la pesificación de todos los depósitos en dólares y generó una devaluación extrema de la moneda nacional.

La consecuencia fue un ajuste fiscal draconiano, que provocó la reducción del orden del 30 % de todos los salarios reales y de las jubilaciones y que llevó el gasto público social, como porcentaje del ingreso nacional, a los niveles reales más bajos de la historia. En el primer semestre de 2002 se acentuó el proceso recesivo y la inflación superó el 40 % anual. La economía quedó completamente desorganizada y aislada financieramente del Mundo.

En materia económica y política el aislamiento no fue total, pero Argentina perdió relevancia frente a sus socios comerciales y políticos y prácticamente desapareció del mapa de la inversión directa de las empresas que tienen estrategias globales. Lo mismo le pasaría a cualquier país europeo que saliera del EURO en los próximos meses como Argentina salió de la convertibilidad en 2002.

Hay sí, tres lecciones de Argentina del período 1999-2001 que Grecia, España y Portugal tienen que tener muy en cuenta:

Cuanto más temprano y rápido hagan los ajustes fiscales necesarios para disminuir el déficit fiscal, tanto mejor. Argentina se demoró mucho en hacerlo. La recesión por excesivo endeudamiento y sobrevaluación de la moneda a la que estábamos atados (el Dólar) comenzó en el segundo semestre de 1998 y se acentuó desde la devaluación del Real en febrero de 1999. Sin embargo, durante todo el año 1999 el Gobierno Nacional y la mayor parte de los gobiernos provinciales continuaron expandiendo su gasto y endeudándose con el sistema bancario argentino a corto plazo y a tasas flotantes de interés. Desde el año 2000 comenzó el ajuste fiscal nacional, pero hasta bien entrado el año 2001 ese ajuste no fue acompañado por las provincias, que siguieron endeudándose y emitiendo cuasi-monedas. Recién en el segundo semestre de 2001 las provincias se vieron obligadas a reducir sus gastos, pero sus respectivos gobiernos, en particular el de la Provincia de Buenos Aires, en lugar de hacerlo en forma explícita y dentro del sistema institucional, prefirieron adherir a la idea del abandono de la convertibilidad y la licuación de sus deudas por devaluación e inflación.

El ajuste fiscal debe incluir una reforma tributaria que reduzca a un mínimo los impuestos al trabajo. De esta forma se reduce el costo laboral en la economía formal sin que medie una devaluación de la moneda. Argentina intentó utilizar este mecanismo, pero demasiado tarde y en forma muy parcial. A partir de abril de 2001 se pusieron en marcha los planes de competitividad sectoriales, que permitieron que los impuestos al trabajo se tomaran como pago a cuenta del Impuesto al Valor Agregado, pero por tardío y limitado el esquema no llegó a producir una recuperación significativa de la competitividad externa de la economía.

El apoyo externo debe ser utilizado no para permitirle a los acreedores cobrar sus acreencias y retirarse de los países con problemas, sino para garantizar que los países cumplirán con sus obligaciones, pero en plazos más largos y pagando tasas de interés cercanas a las que paga Alemania. En Argentina utilizamos el apoyo del FMI, cuando lo conseguimos, para tratar de seguir atendiendo normalmente los servicios de la deuda, a pesar de que los mercados nos exigían tasas de interés muy elevadas. Y, cuando nos convencimos que era imprescindible reestructurar toda la deuda pública, canjeando los bonos y acreencias demasiado cortas y onerosas por deuda a más largo plazo y menores tasas de interés, el FMI nos retiró el apoyo y nos empujó al default desordenado de fines de diciembre de 2001. Sería terrible para Grecia, para España y para Portugal, que la Unión Europea y el FMI asumieran la actitud que asumió el FMI en noviembre de 2001 respecto de la Argentina. Los países europeos que hoy enfrentan una crisis de sus deudas, para evitar que les ocurra lo que aconteció en Argentina, deben aprovechar el apoyo externo para alargar los plazos y bajar la tasa de interés de toda la deuda que vence en el período en el que estarán llevando a cabo el ajuste fiscal. De esta forma evitarán que un repentino retiro de ese apoyo pueda poner a alguna de esas economías en la situación en la que se encontró Argentina en noviembre y diciembre de 2001.

Es muy probable que tanto los Gobiernos de la Unión Europea como el propio FMI tengan hoy en claro que provocar en Grecia, en España o en Portugal, una situación como la que vivió Argentina a fines del 2001, tendría consecuencias nefastas no sólo para esos países sino para toda Europa y, muy probablemente, para la economía global.

Pero vale la pena hacer la advertencia, porque no sólo en nuestro país se escuchan voces como las de Cristina Kirchner, que recomiendan como solución la salida de los países del EURO, sino que hay una corriente de opinión política y profesional en los EEUU, que hace la misma sugerencia. Se trata de los mismos economistas y políticos que piensan que la solución de la crisis norteamericana pasa por una fuerte depreciación del Dólar, inducida por una política monetaria muy laxa en ese país, mientras sigue expandiendo su gasto público y su endeudamiento.

A diferencia de la posición de Cristina, que es puramente ideológica y persigue seguir engañando a la opinión pública argentina, la posición de estos políticos y economistas norteamericanos responde a la pretensión de evitar que la moneda europea pueda llegar a jugar un papel equivalente al que ha venido jugando el Dólar en el Mundo. Sólo así se entiende que a la depreciación del EURO desde los niveles exorbitantes a los que lo había llevado la política monetaria norteamericana, mientras los Europeos seguían enfatizando la ortodoxia anti-inflacionaria alemana, se la presente como la “destrucción” del EURO.

Destruir al EURO sería precisamente forzar su reemplazo por las viejas monedas nacionales en los países que hoy enfrentan problemas. Que el EURO vuelva al valor que tuvo en su comienzo (1,17 dólares) o incluso el valor mínimo que alcanzó en 2001 (0,82 dólares) no significa que esa moneda se esté destruyendo, sino simplemente, que Europa está aplicando la misma metodología que utilizó EEUU para sacar a su economía de la crisis de las hipotecas.

A nadie le deberían caber dudas que un EURO más depreciado será el principio de la solución para Grecia, para España y para Portugal, tal como la depreciación del Dólar a partir de mediados del 2002 hubiera aportado buena parte de la solución a la crisis argentina, sin necesidad de que Argentina abandonara el régimen monetario que tantos beneficios le había aportado durante la década del 90.

El intervencionismo resultó ser un mal negocio

Roberto Cachanosky
Tal vez el valor de las empresas en Argentina nunca haya sido tan endeble como en la actualidad. La incertidumbre en las reglas de juego, las disposiciones arbitrarias del gobierno al momento de permitir exportar, la imposición de precios de venta y demás medidas intervencionistas han terminado por generar una profunda saturación en el mundo empresarial. No son pocos los empresarios o directivos de empresas que temen hablar en público marcando sus diferencias con el gobierno, y los pocos que lo hacen sienten el rigor del Estado. Hoy el valor de cualquier empresa en Argentina depende de los caprichos del gobierno.

Pero al mismo tiempo que los accionistas de las empresas son víctimas reales o potenciales de las arbitrariedades del gobierno, al mismo tiempo una parte nada despreciable del mundo empresarial cree en las bondades del intervencionismo estatal, como ocurre en muchos otros países del mundo. En rigor, a casi nadie le gusta competir. Todos preferimos tener un mercado cautivo gracias a las restricciones que puede establecer el gobierno, un dólar caro que nos proteja de los competidores extranjeros, créditos subsidiados y demás medidas del estilo. Esta preferencia tiene el problema de pensar solo en el corto plazo y no ver el largo plazo.

Podríamos decir que hay dos grandes modelos de organización económica. Una basada en ganarse el favor del consumidor fundado en el riesgo empresarial y el otro intentar obtener utilidades mediante la intervención de los burócratas. En principio luce más cómodo y un buen negocio depender de las decisiones de los burócratas para ganar dinero que del incierto resultado que puede ofrecer una inversión basada en la competencia. Y cuando digo competencia lo digo en el más amplio sentido de la palabra, esto es, incluye la apertura de la economía.

El problema que se presenta cuando uno delega a los gobiernos el poder para intervenir en el mercado genera, a mi juicio, un riesgo mucho más grande que el tener que competir. ¿Por qué? Porque todos suponen que puede haber burócratas buenos que no serán arbitrarios al momento de tomar alguna medida intervencionista. Y aquí está el error, siempre que se le otorgue a los burócratas ese poder de intervenir, por definición su comportamiento va a ser arbitrario porque estará modificando artificialmente la estructura de precios relativos a favor de unos y en perjuicio de otros. Y modificar arbitrariamente los precios relativos implica crear rentas artificiales en unos sectores y producir pérdidas en otros. Si uno tiene en cuenta que los precios del mercado no son otra cosa que las valoraciones que expresa la gente respecto a los bienes y servicios que se ofrecen en el mercado, es obvio que las medidas intervencionistas no responden a las valoraciones de la gente si no a los deseos del burócrata.

Por otro lado, basta con leer un poco de historia económica para advertir que una intervención lleva a otra intervención hasta paralizar la economía. Los controles de precios que comienzan con 3 o 4 productos, es considerada inofensiva, pero luego ese control va extendiéndose a otros sectores hasta descontrolarse. ¿La razón? Los controles de precios se establecen cuando hay inflación y la inflación es generada por el Banco Central mediante la emisión monetaria. Al actuar sobre los efectos y no sobre las causas, el control de algunos productos finales no sirve de nada. El burócrata tiene que terminar interviniendo en toda la cadena productiva, desde el precio de los bienes finales hasta los insumos para producir esos bienes finales y también los precios de los insumos para producir insumos y así sucesivamente.

Hasta aquí las razones de por qué los controles de precios no funcionan, así como tampoco lo hacen infinidad de otros mecanismos de intervención en el mercado.

Ahora bien, el problema adicional es que el burócrata va adquiriendo cada vez más poder en detrimento de las libertades. Un burócrata con poder de fijar precios puede mandar a la quiebra a una empresa mediante el simple trámite de no autorizarle, a determinada empresa, incrementos de precios. Puede mandar a la quiebra a una empresa o sector prohibiéndole exportar sus productos. Puede mandar a la quiebra a una empresa impidiéndole importar insumos vitales. En definitiva, bajo un sistema dirigista, el burócrata tiene en su poder la supervivencia de cada una de las empresas. De esta manera, ni siquiera hace falta mandar las fuerzas de choques que los gobiernos populistas suelen usar para liquidar a una empresa o tener al ente recaudador inspeccionándolo permanentemente. Solo con resoluciones de un secretario el empresario está muerto si se opone a los caprichos del gobierno de turno.

Viendo las andanzas de Moreno, que no son otra cosa que los deseos de Kirchner, debería preguntarse el mundo empresarial si esto de apoyar el intervencionismo estatal no se transformó, finalmente, en un arma mortal. Porque siempre partieron del supuesto que el intervencionismo no es malo ni corrupto, solo basta con poner en la función pública a un intervencionista bueno y honesto para tener el negocio asegurado. El drama es que una vez que se abrió la puerta para la arbitrariedad del intervencionismo, no solo se sufren sus efectos negativos, sino que, además, las empresas dejan de ser propiedad de los accionistas ya que estos se limitan a ser simples mandatarios de los burócratas. La propiedad privada desaparece de hecho. Solo figura la propiedad privada en los papeles.

En síntesis, creo que el mundo empresarial debería realizar un profundo debate estrictamente económico para determinar si apoyar el intervencionismo para tener mercados cautivos es mejor negocio que trabajar en un contexto de libre competencia. ¿Cuál de los dos mecanismos es más peligroso para su supervivencia? ¿La existencia de competidores o el poder omnímodo de los burócratas?

Viendo al extremo que ha llegado el kirchnerismo mediante el uso del intervencionismo, todo parece indicar que la experiencia debería ser lo suficientemente aleccionadora como para nunca más apoyar, consentir y menos aplaudir medidas intervencionistas, por más que en el corto plazo parezcan un buen negocio.

Me imagino que más de un empresario argentino debe ahora estar maldiciendo el momento en que aplaudió el famoso dólar competitivo, las restricciones a las importaciones y demás medidas que parecían males menores. Porque hoy son víctimas del poder destructivo que puede llegar a tener un estado intervencionista.

Una última reflexión. Me causa gracia cuando, por defender las ideas de libertad económica, me acusan de trabajar para los intereses de los empresarios. Y me causa gracia porque la mayoría de los empresarios grandes, medianos y pequeños prefieren a los consultores que dicen no hacer pronósticos basados en la ideología y no les gustan los economistas que basamos nuestros análisis en el funcionamiento de la libertad económica. Puesto en otros términos, los economistas que defendemos la libre competencia no somos del agrado de esos empresarios porque nuestro pensamiento no es afín al negocio que persiguen. No obstante, como quienes defendemos la libertad económica lo hacemos porque sabemos las distorsiones y problemas que trae aparejado el intervencionismo, damos menos números inventados y más fundamentos a los análisis. Al entender el proceso económico en su profundidad podemos formular tendencias con más precisión. Pero claro, muchas veces a buena parte de los empresarios no les gusta escuchar la cruda realidad y prefieren vivir en el mundo de ficción de los supuestos analistas que no se dejan influenciar por las ideologías, porque al igual que muchos empresarios, políticos y sindicalistas, basan su negocio de consultoría en decir lo “políticamente correcto” y esto es no decir nada inconveniente contra el gobierno de turno mientras mantenga popularidad. Luego pueden cambiar fácilmente de orientación si el viento modifica su rumbo. Y si no basta con ver la cantidad de colegas que recién luego de 7 años descubrieron la inconsistencia del modelo económico y ahora salen a proclamarlo a los cuatro vientos.

Digo todo esto porque así como hay empresarios, políticos y sindicalistas veletas, también en nuestra profesión hay de todo. No vaya a ser cosa que además me acusen de corporativo.

Fuente: economia para todos

Se viene un diciembre conspirado?



En los mentideros políticos se sospecha –y se teme- que en cualquier momento alguna figura de la farándula sea víctima de un hecho de inseguridad. Sería una forma de lesionar fuertemente al gobierno nacional.

El robo sufrido por Georgina Barbarrosa, una semana atrás, encendió la alarma. Ya es conocida la locuacidad de esta actriz y el tipo de mensaje que puede emitir ¿Justo a Georgina vinieron a robar?

Esto podría estar revelando la necesidad de ciertos grupos de utilizar a figuras populares para usarlas de ariete contra el oficialismo dado que desde la política no encuentran cuadros apropiados para tal fin. Obsérvese que ya en la semana en curso han mermado las apariciones de Carrió por motivos obvios: Por momentos parece un robot K de última generación, creado para hacer política oficialista por el absurdo…

¿Será que la disputa habrá que darla desde afuera de la política porque adentro no hay espadas con la capacidad necesaria y porque, además, nada indica que las patrullas opositoras puedan acordar un plan de acción básico para, por caso, hacer valer la ajustada mayoría parlamentaria con la que contarán a partir del 10 de diciembre?

El fin de año se presenta borrascoso para el gobierno pues no logra perdurabilidad mediática de sus grandes acciones, como por ejemplo la asignación de 180 pesos a la niñez y queda atrapado en las redes que mañana a mañana le va tendiendo el dispositivo mediático.

Si hoy, por ejemplo, la renuncia a la banca de Nacha Guevara y el crimen de la arquitecta en el conurbano dominan los titulares y la asignación a los pibes ya parece estar en el olvido, las señales son preocupantes porque si bien el gobierno conserva la iniciativa política en el parlamento, tiene muy serios problemas para contrarrestar la acción política de aquellos medios que decididamente están dando una batalla encarnizada en su contra.

El oficialismo a veces cae en el error de pensar que con una medida espectacular la taba se da vuelta y la práctica demuestra que el accionar permanente del dispositivo termina si no marcándole la cancha, al menor condicionando la agenda.

El gobierno es conciente de esta situación e intenta corregir errores para no descuidar algunas desprolijidades cuando realiza grandes anuncios pues sucede que al día siguiente la prensa trabaja ciertos detalles descuidados en el apuro por generar el hecho político y muchas veces logra reducir notablemente el impacto favorable. El domingo pasado La Nación tituló que “un millón y medio de niños” no recibirán el subsidio… toda una jugada sumamente audaz desde lo periodístico para esmerilar la medida más potente que un gobierno haya tomado en las últimas décadas.

El accionar del dispositivo es tan sutil que basta leer esta columna de Joaquín Morales Solá para descubrir con qué talento una pluma de la derecha más concentrada transforma un comentario obligado por las circunstancias sobre el desbarajuste macrista en una precisa y letal pieza anti K.

Con la misma habilidad se montan en las declaraciones infantiles del presidente de la UCR para terminar poniendo las sospechas en Néstor Kirchner por la pirueta del gobernador electo de Corrientes.

La verdad es que cuesta explicar que un gobernador recién elegido abandone aún antes de asumir el partido por el que ganó las elecciones un par de meses atrás. La prensa debería preguntarle a los altos mandos del radicalismo cómo puede ser que esta conducta siga tan vigente en el centenario partido. El periodismo que se pretende serio debería preguntarse porqué los radicales se rasgan las vestiduras por las andanzas de Ricardo Colombi mientras que tienen un candidato a presidente como Julio Cobos que hizo cosas peores aún y lo han indultado.

Pero en la base de todas las preocupaciones sin dudas yace la certeza de que un par de hechos de inseguridad rimbombantes y alguna embestida de un grupo de desesperados sobre algunos supermercados del conurbano podrían colocar al gobierno nacional en aprietos.

Algo se está haciendo mal para que haya tanta fragilidad.

El gobierno ha demostrado sobrada capacidad para moverse en el terreno de la política y hasta para reinventarse luego de la derrota del 28 de junio. Ahora deberá ser capaz de enfrentar nuevos desafíos en un diciembre que, se presume, viene muy conspirado.

——————————————-

Para Fukuyama que lo mira por TV

Fukuyama perdió de local, el Partido Demócrata de Japón (PDJ, centro) triunfó en las elecciones legislativas obteniendo unos 300 escaños sobre los 480 de la Cámara de Diputados, lo que significa un duro golpe para el Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha) en el poder, que tendrá que conformarse con un centenar de escaños.

Parece que el mito liberal se cae en la segunda economía del planeta, en los EEUU, los líderes de las empresas emblemáticas para el neo liberalismo, tuvieron que pedirle auxilio a ese mismo estado al que le reclamaban que no interviniera en la economía. Pareciera que la “muerte de las ideologías”, no fue tanta y que el poco contenido ideológico que sobrevivió al Tsunami liberal de los 90, goza de buena salud.

Lanzo mi idea: fue una utopía soñar con un mundo más justo, con países soberanos, con la soberanía de la democracia real, con gobiernos que representen y ejecuten la voluntad de los pueblos o es una utopía pensar que los mercados son la respuesta a todos los problemas económicos, que el trabajo es solo un componente de la producción de bienes sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda, que los estados eran la fuente de todas las distorsiones que impedían que todos alcanzaran el bienestar y que el capital no acumulaba mas allá de tasas de retorno gobernadas por la racionalidad.

Creo que por más que busquemos explicaciones económicas, sociológicas o políticas, las crisis cíclicas del capitalismo nos demuestran las mentiras de los ideólogos fundamentalistas (o cipayos) de las teorías liberales dominantes, que más que explicar como funciona y puede funcionar la economía, sirven de soporte a las hegemonías mundiales que utilizan la economía como instrumento de poder. Por eso, las crisis muestran despiadadamente la verdad, que no existe una regulación natural en la economía que tienda al equilibrio, sino ciclos en los cuales determinados intereses acumulan poder y riqueza más allá de cualquier límite razonable (suponiendo que la razonabilidad es la tendencia al equilibrio), eso hasta que las tasas de acumulación distorsionan la posibilidad de su propia sustentabilidad.

Estos intereses hegemónicos, han variado en la historia universal, desde la hegemonía personal a la hegemonía anónima del capital trasnacional, el los setenta el demonio era Roquefeler, hoy el CEO de una empresa multinacional no sabe quién es su jefe, solo sabe que tiene que respondes a una junta de accionista que le demandan tasas de ganancias crecientes y a eso se consagra sin importar que tenga que hacer para conseguirlo. Anteriormente los límites a los que se sujetaba una empresa multinacional eran fijados por la política de la empresa, que era fijada y arbitrada por su dueño, o el accionista mayoritario, hoy las políticas empresariales son instrumentos de cohesión empresarial, para aumentar la productividad o mejorar la competitividad de la empresa, y se fija y arbitra en función de sus objetivos de rentabilidad.

Estos intereses limitados por la búsqueda de rentabilidad ejercen una notable influencia en la historia de los pueblos, condicionan su desarrollo, sus economías, el acceso a sus propios recursos, causan guerras, divisiones políticas, entronizan o derrocan líderes y generan corrientes de opinión que les son funcionales. Estos intereses temen más a las limitaciones externas que surgen de la aplicación de las regulaciones de los estados soberanos, que a su propia competencia, por ello generan y apoyan teorías que favorezcan sus intereses.

Estas teorías se oponen a todo tipo de ideología que limite la capacidad de acumulación de los grandes intereses, así los nacionalismos, las izquierdas nacionales o hasta fundamentalismos religiosos representan a quienes coartan las libertades que permiten a estos intereses mantener o aumentar sus niveles de ganancias. De todas las ideologías que estos intereses temen, se destacan aquellas que proponen a los estados como reguladores de la actividad económica, pues si los gobiernos de estos estados surgen de la legítima representación popular su capacidad de control no solo es legítima sino eficaz.

Este proceso o lucha entre las ideologías liberales y regulatorias, se enmarcaba en el concepto de desarrollo histórico que proponía Hegel, el dominio de una ideología se basaba en una tesis, la posición generaba una antítesis y entre las tendencias se establecía un equilibrio histórico de síntesis. Cuando Fukuyama supuso que la caída del comunismo ruso, devendría en una hegemonía mundial única, estable y duradera, planteó que la sucesión de procesos históricos se detendría pues se había llegado al “fin de la historia”. Pero solo ocurrió un nuevo ciclo hegemónico, donde los intereses económicos dominantes acumularon a tasas enormes y en ese proceso se llegó a la crisis económica que puso en evidencia a las desmedidas ambiciones de los grupos económicos concentrados a nivel global. La utopía liberal llegó a su fin, el mundo real no puede existir plenamente sin la intervención regulatoria de los estados conducidos por gobiernos legitimados democráticamente, tengan la ideología que tengan.

Que el gobierno se equivoque no le da la razón al campo

El gobierno se equivocó con su política hacia el campo, se equivocó al desatar un conflicto innecesario y se volvió a equivocar al no terminar el conflicto. Las razones de su equivocación radican en una mala lectura de la realidad, una incapacidad crónica de generar acciones de gobierno coherente con un su discurso ideológico y su clásico autismo político. El campo no es un sector homogéneo, pero se lo trató como un solo sector y se lo estigmatizó a partir de la imagen de la vieja oligarquía agro-ganadera que acompañó a los intereses británicos que colonizaron nuestro país. Quedan entre los sectores agrarios grupos que pertenecieron a esa vieja oligarquía, pero la fragmentación de los sectores agrarios en conjunto con la aparición del capital trasnacional que recreó una nueva concentración a partir de las terminales de carga, acopios y pooles de siembra, ha cambiado a los actores y sus relaciones de poder. En este escenario, la mesa de enlace reúne a grupos de la vieja oligarquía agro-ganadera, la burguesía agraria promovida a partir del Grito de Alcorta y sectores regionales agrario-dependientes. Este rejunte no posee una identidad ideológica, ni fuertes intereses comunes, son grupos acorralados por la concentración de capitales trasnacionales del sector, que buscan recuperar los anteriores niveles de rentabilidad que les fueron arrebatados por parte de grupos concentrados.
En síntesis, los grupos nucleados en la mesa de enlace solo representan intereses económicos sectoriales y su discurso varía según sea el grupo que se convierta en vocero. Ante la variedad de ideologías que se expresan, surge de ellas que se pretende recuperar rentabilidad, que para ciertos sectores agrarios representa la supervivencia del emprendimiento, sin alterar la estructura económica de concentración, y en esto radica el principal error de la propuesta del campo. No se puede recuperar los niveles de rentabilidad que se perdieron por los niveles de concentración del sector, sin alterar la acumulación de estos grupos concentrados.
Ciertos historiadores plantean que las contradicciones del sistema terminan generando conflictos, por ello podemos plantear que las contradicciones generadas desde el gobierno y desde los sectores de la mesa de enlace, terminaron en un conflicto aún no resuelto y que lamentablemente nos perjudica a todos.
El primer error del gobierno es percibir el reclamo como una amenaza y el error de la mesa de enlace es creer que los errores del gobierno (incluyendo algunas medidas y forma de tratar el conflicto), les otorga la razón a ellos. También el apoyo que recibieron los sectores agropecuarios no refleja el reconocimiento a sus reclamos (salvo los originados en sectores donde la economía regional se vio muy perjudicada por el esquema de concentración y la baja de la rentabilidad de distintos sectores agrarios), sino una reacción ante los malos resultados que exhibe la actual gestión de gobierno.
La primer medida que debería encara el gobierno, es analizar como se distribuye la renta agropecuaria y que participación tiene los grupos internacionales en la concentración económica del sector. Ese análisis no puede dejar de incorporar elementos que hacen a la idiosincrasia del trabajo agropecuario, en particular que la valorización de la tierra se considere como ganancia, y que sí debe tenerse en cuenta la relación capital invertido-ganancia en comparación con los valores de arriendo. Si se hiciera eso aparecerían los diferenciales de acumulación de los grupos concentrados, que al operar a economías de escala, pueden arrendar tierras a valores similares a la ganancia que le produciría al agricultor explotar su tierra. Los antecedentes de de esta situación no son muy distintos a los que planteara Scalabrini Ortiz en su análisis de la influencia británica en Argentina, solo que los actores son ahora los grupos económicos concentrados en lugar de las empresas británicas, y los medios que utilizan se relacionan con la tecnología, la información y la ausencia de políticas de fomento.
La segunda medida debería ser el establecimiento de políticas de fomento de las economías regionales para que los emprendimientos productivos generen valor agregado a la producción primaria de modo de generar cadenas regionales insumo-producto que independice las regiones de la colocación de la mayoría de su producción a través de mercados distantes y concentrados. Estas medidas se debería dar en conjunto con promoción de tarifas de transporte par alo cual es esencial la recuperación de los ferrocarriles.
En ese contexto también se podría volver a crear una Junta Nacional de Granos que regule el mercado interno y externo, una nueva flota mercante que coloque la producción nacional en el exterior permitiendo el desarrollo de la industria naval, la creación de un Seguro Nacional Agrario, que permita la cobertura integral de los riesgos de la actividad, un Centro Nacional de Información Agropecuaria, que provea al sector una información sobre mercados, tendencias, tecnología, climatología, etc., estas entre otras mas, como la promoción de cooperativas agrarias bajo regimenes de promoción que permitan a asociaciones de productores alcanzar economías de escala mediante asociaciones de productores (ya que se permiten pooles de inversionistas con beneficios impositivos).
Esto debe sobre todo estar enmarcado en una definición de un sistema impositivo general en donde los impuestos y retenciones tengan un tratamiento universal y que no presente las asimetrías que tiene actualmente el sector agropecuario, el minero, el petrolero y el industrial, ya que la necesidad de políticas universales no se da solo en el ámbito social, sino en el económico, y deben tener una fuerte sinergia entre ellas.