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Controversias sobre la legitimidad de la asunción al poder de Cristina de Kirchner

Zanola y Cristina

Hay numerosas polémicas y controversias sobre la legitimidad de la asunción al poder de Cristina de Kirchner por los viciados comicios del 28 de octubre del 2007. Hay decretos de su consorte que posibilitan esa candidatura en abierta contradicción con la Ley Orgánica de los Partidos Políticos, del Código Electoral Nacional y de la Constitución Nacional.

Cristina triunfó en esos comicios  y se consagra ganadora en primera vuelta con el 45,29% de los votos positivos en una elección, pero la abstención fue la mayor desde 1922 y el voto en blanco el mayor desde las elecciones de 1963, sucediendo a su esposo Néstor Kirchner, quien desempeñaba el cargo hasta esa fecha.

Las elecciones estuvieron signadas por numerosos inconvenientes, desde denuncias de faltantes de boletas de los candidatos opositores, la insuficiente o directamente no reposición de boletas, entre otros inconvenientes y las excesivas demoras de la jornada electoral.

Pero ello ya pertenece a un pasado. No obstante llegará el momento, en el cual esta cuestionada legitimidad deberá volver a ser analizada para que la pareja presidencial rinda cuentas sobre las dudas existentes.

A los pocos días se asumir Cristina de Kirchner la primera magistratura, estalló el “valjjagate” protagonizado por el ciudadano venezolano Giudo Antonini Wison.

Como se recordará en esa oportunidad el nombrado intentó introducir una valija con alrededor de 800.000 dólares que “presumiblemente” estaban destinados a la campaña presidencial de la Sra. de Kirchner.

No creo necesario relatar los pormenores de este grosero escándalo ya que son seguramente del dominio público porque fue extensamente tratado por los medios.

Pero recientemente el tema volvió a cobrar actualidad porque el empresario venezolano dialogó con Canal  de TV nacional e insistió en que ese dinero estaba destinado a la campaña presidencial de Cristina de Kirchner. También relató que otras maletas con más de 4 millones de dólares habrían “pasado” el control de la policía de Seguridad Aeroportuaria. Concretamente explicó exactamente lo mismo que había declarado ante el tribunal en EE.UU.

Asimismo volvió a confirmar su presencia en la Casa Rosada invitado por el Ministro De Vido, un par de días después del escandaloso hecho.

Este hecho fue enfática y reiteradamente negado por el gobierno a través de su piloso Jefe de Gabinete. Aníbal Fernández quien negaba y mentía una y otra vez, con su estilo “compadrito, sobrador y dueño de la verdad revelada”.

Era harto evidente que el gobierno buscaba a toda costa despegarse de tan espinoso tema y el “excesivamente” fiel servidor sacrificaba su dignidad y honor para cumplir la directiva presidencial. Mentir y mentir negando el hecho. Pero apareció una filmación que puso a descubierto la mentira y obligó a Fernandez a reconocer el hecho.

Para cualquier persona con un mínimo de sentido común, simplemente atando cabos, se despeja definitivamente las dudas que pudiesen existir sobre el vergonzoso delito de la cúpula presidencial.

Pero si ello fuera poco cada vez se evidencia más claramente otras “contribuciones” a la campaña presidencial de Cristina.

Se estima que más del 35 % de los fondos de esta, fueron canalizados a través de firmas relacionadas con la industria farmacéutica que a su vez están sospechadas de gravísimos delitos relacionados con el lavado de dinero, falsificación de medicamentos, comercialización de medicamentos vencidos y otros delitos relacionados.

Lo  expuesto tan sucintamente en el párrafo anterior constituye un delito realmente aberrante. Lleva implícito asesinatos y presuntamente otras muertes por los falsos o vencidos medicamentos.

A medida que progresa la investigación, el escándalo por el blanqueo de dinero en torno a la campaña del Frente para la Victoria se torna más comprometido para el gobierno y va destapando la trama oculta de las contribuciones privadas y el vínculo de los aportantes con este.

Ya están cayendo ante la Justicia amigos muy cercanos al poder reinante. Tras la detención de Juan José Zanola, pedirían la indagatoria del recaudador de la campaña oficialista, Héctor Capaccioli y se supone que la investigación no se detendrá allí.

La campaña de Cristina acumula ya demasiadas gravísimas irregularidades y denuncias.

Simplemente para recordar, ¿que significa legitimidad? Se entiende como el fundamento del poder político, cuando el gobernante lo ejerce con conciencia de su derecho a gobernar y los gobernados reconocen y aceptan ese derecho.

En el análisis político se contemplan tres legitimidades para un gobierno: legitimidad de origen, de ejercicio y de objetivos o de fines.

En base a lo expresado ¿a alguien le pueden quedar dudas sobre la ilegitimidad de origen de la presidente?

¿Alguien puede tener la más mínima duda sobre la ilegitimidad de ejercicio de Cristina? Este punto ni siquiera es necesario tratarlo en vista en como el país se esta destruyendo día a día en sus instituciones fundamentales, en la degradación de la moral y la ética política y en  el escandaloso aumento de pobres e indigentes producto de este fallido experimento político que la pareja reinante?

También la legitimidad de objetivos es evidente, ya que todo el accionar político está llevado a conservar y mantener el poder a toda costa y utilizando cualquier medio.

Síntesis de esta nota: el poder del kirchnerismo representado por la pareja reinante es absoluta y probadamente ilegítimo.  Es un gobierno ilegítimo

Se impone en consecuencia arbitrar los medios y las herramientas que prevé nuestra Carta Magna para someter a juicio político a estos usurpadores ante que sigan causando aún más daño al país del que han hecho hasta ahora.

02-12-09

Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL

alfredo@weinstabl.com.ar

La gente, la tele y la muerte


La escena es más o menos así: Los vecinos de un barrio cualquiera de la ciudad de Buenos Aires o el conurbano están reunidos en la esquina porque alguien llamó a los medios y anduvo avisando que tipo 18.00, 18.30 vendrán algunos móviles. Se van juntando de a poco y distribuyendo en grupitos donde, naturalmente, se habla de la inseguridad y se comentan detalles del hecho sangriento acontecido en la otra cuadra.
Llega el primer móvil y causa ese “no se que”, ese cambio de rictus que sufre la gente cuando llega un móvil de un medio. (Porque en los tiempos que corren la combi con el logo de un canal es lo más cercano que hay a la fama, a la justicia y a la gloria. El móvil en mi cuadra la engalana. Mi cuadra ya no será la misma después de que un puñado de móviles estuvo acá y yo tampoco seré el mismo, máxime luego de haberle comprado ese agüita al periodista que me guiñó el ojo y me hizo una seña como diciendo “Quedate acá cerca que arranco con vos”)

Llegó el primer móvil pero todo sigue más o menos tranqui. Es de un canal de cable. Pero cuando llegan las combis de Telefé o de Canal 13/TN te quiero ver…
Los rostros comienzan a transformarse y cuando minutos después los técnicos le dan la orden al movilero para que empuñe el micrófono y se ponga en posición de disparo, cuando la potentísima luz blanca ilumina al enviado especial, en ese mismo instante ya no queda nada de aquellos vecinos que una hora antes compartían amablemente su preocupación por el actual estado de cosas. Ahora están todos brotados, crispados, con esos ojos desorbitados que exige la tele para apiadarse de uno. Si los ojos están normales y denotan cierta paz, no sirven, no son ojos de TV. Lo mismo que con las comisuras de la boca: si no están levemente torcidas para abajo, esa cara no es televisable.

No reúne los requisitos básicos, no califica…

Ahí están los vecinos, arremolinándose y pisoteándose para salir en la tele y disfrutar de sus 12, a lo sumo 15 segundos de fama (porque los 30 sólo los da Marcelo) ¿Al fin y al cabo no estamos para eso? ¿Qué logro supera el haber estado en la tele para la buena gente?
Qué vale más que esos segundos en la tele?
Qué vale más que ese llamado del cuñado de Neuquén que llegará después de la cena, o esa señora que mañana me mirará con cara de “¿Este tipo no es que salió ayer con Biasatti?”

Los medios nos hacen creer que suministran justicia, además de fama, entonces los vecinos pugnan por salir en la tele porque cándidamente creen que ahí conseguirán lo que les niega el Estado. En esa misma tele donde uno entre millones gana cinco lucas con Susana una vez por semana, otros sienten que han hecho algo por la sociedad cuando tan sólo han sido extras de un show reaccionario y pueril que vive cual vampiro moderno de ellos.
La misma tele que los hace gastar fortunas en mensajitos, la misma tele que los hace endeudarse con la tarjeta para comprar plasmas de setecientas pulgadas, la misma tele que les hace comer chatarra en 12 cuotas y luego les ordena clavarse un actimel para cagar mejor; la misma tele que administra sus magros salarios ahora les vende un humo de justicia que dura menos que un paco.

Los pastores electrónicos le han acercado a Dios a sus fieles, por eso su potencia creciente, porque le hacen creer al desesperado que en esos shows del sábado a la nochecita Dios está más a mano que en la Iglesia ceremoniosa y aburrida de los curas católicos.

La tele hace lo mismo con la justicia. La tele acerca la justicia a las almas desesperadas por eso los vecinos se arremolinan en torno al movilero, porque creen honestamente que ese acto provee justicia…

¿Al fin y al cabo no se trata de meras abstracciones?

La pobre gente cree que llamando a los medios le acota el margen de acción al delito y está bien que crea eso. Bah, no está bien. Quiero decir que a la postre cada uno se agarra de lo que tiene a mano para sobrellevar el sacudón que genera la muerte cuando pasa cerca.

Lo dice alguien que vive muy cerca de un paso a nivel y huele a menudo el aroma de la muerte, lo dice alguien que experimenta la sensación horrenda de pasar a metros de esos manchones de cal y arena con que los empleados de TBA y los bomberos tapan las manchas de sangre que han quedado sobre las vías, lo dice alguien que ha escuchado el tronar de la bocina desesperada y ha sentido el chirriar frenético de la mole tratando de frenar lo infrenable…
Lo dice alguien que ha escuchado el ruido sordo, apagado, del impacto del convoy contra un cuerpo humano…

Si eso me pasa a mí, que convivo con una muerte si se quiere más honesta, no tan delictual, no quiero imaginarme lo que genera la muerte armada, la muerte desatada por pendejos que matan sin ton ni son, total, esta noche o mañana serán ellos los que mueran. Lo saben, bien que lo saben y por eso, entre pacos y otras yerbas, no le hacen asco al gatillo, total…total mañana es nunca, mañana es quien sabe. Total que no tienen mañana, loco.

Por eso la gente cree que en ese móvil de un canal viene Dios, Ceferino Namuncurá, Evita y el Llanero Solitario con Toro y Plata

¿Y qué querés que hagan?

La gente no puede hacer otra cosa, pero sí los medios. Sí los dirigentes políticos. Y lo que habría que hacer sería, antes que nada, un pacto, un gran acuerdo de que con la muerte no se jode ni se juega ni se hace campaña. Mientras ese pacto no se concrete y mientras los que saben cómo viene la mano se hagan los giles y los que informan lucren con el pánico popular, no hacemos más que arrimarnos al pantano.

Es muy fulero saber que todo es una gran mentira. Es horrible saber que lo único que espanta al delito es el trabajo y la dignidad. Y es peor aún tener que morderse en la panadería porque si decís esto te miran como a un boludo.

Es horrible sentir que esos pibitos de 8 años que usan la escalera mecánica del subte como tobogán, dentro de cuatro o cinco años, si sobreviven a su entorno y a la policía, cuando puedan sostener un arma, saldrán a cagar a tiros a esa misma sociedad que vieron pasar indiferente delante de sus narices desde el mismo día en que tuvieron uso de razón.

No hay Estado de Sitio que valga ni patrullas vecinales que puedan lograr un solo triunfo ante la muerte porque una sola víctima en un conglomerado urbano de 15 millones de habitantes, una sola muerte, injusta, al pedo y al voleo que encima sea amplificada con un machaqueo mediático irresponsable y perverso bastará para poner todo patas para arriba.

Mientras tanto, mientras el trabajo no llegue y la dignidad no pase cerca, solo resta esperar el nuevo cadáver y que los vecinos se arremolinen cada vez más cerca de las comisarías y que vuelvan a llegar los móviles de la tele y que de Narváez aparezca con esa cara actuada, preparada, moldeada por expertos en imagen a decir que se está llegando al límite…

Y puede que su victoria llegue un día y mágicamente la seguridad “se haga” en un lapso de tiempo en el que todos estaremos felices imaginando ilusoriamente al delito en retirada…

Hasta que las pujas intestinas de la bonaerense arrojen un par de cadáveres inocentes y suburbanos y algún canal vuelva a mandar un móvil a las 18.00/18.30 y los vecinos vuelvan a aferrarse a ese movilero como si fuera el Papa y la tele reincida en traficar justicia en formato de 22 a 29 pulgadas.

Y la muerte, socarrona, turra y lasciva se dé el lujo hasta de plagiar al gordo susurrando:

“Alguien dijo que yo me fui de mi barrio
Pero cuando, si siempre estoy llegando”

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¿Maldita policía?

Sor Juana Inés, decía que quienes acusaban eran la razón de aquello que culpaban, y con la policía ocurre lo mismo. La policía está tan lejos de ser maldita como bendita, es lo que han hecho con ella, y terminamos culpando al monstruo que creamos.
La policía, en nuestro país, se formo como un cuerpo militar, y no como un cuerpo que tenía por objetivo garantizar la seguridad de los ciudadanos, sino garantizar un orden político o determinados intereses. El Martín Fierro, nos presenta policías al servicio de un juez de paz corrupto, que se quedaba con las propiedades de quieres eran enviados a la frontera, o a la guerra. Si leemos la historia de Rosas, vemos que al ser nombrado a cargo de la gobernación se dedicó a visitar pueblos del interior de la provincia y removió funcionarios policíacos y jueces de paz (Saldías, Historia de la Confederación Argentina), de donde puede verse que José María Hernández, no estaba muy herrado al describir la conducta de jueces y policías.
Cuando las ciudades crecieron, la policía fue un cuerpo auxiliar del poder político en la represión social, como ocurrió a principios de siglo con la represión de las protestas de los habitantes de los conventillos de Buenos Aires y las protestas obreras anarquistas y socialistas, donde se llegó a disparar contra la población civil desarmada. Ese uso de la policía como fuerza represora continuó bajo todos los signos políticos que ejercieron el poder y se intensificó durante los gobiernos surgidos de golpes militares, donde incluso se puso a la policía bajo el mando militar. La estructura organizativa actual de la policía responde a esta historia, sus cuerpos tienen una estructura militar, y gran parte de sus cuadros son entrenados y asignados a tareas de represión de las protestas sociales.
El otro fenómeno asociado a la estructura policial, son las relaciones entre sus mandos y el poder político, que ha obligado a los mandos a ignorar delitos de referentes políticos, a ser instrumento de presión a políticos opositores, a realizar tareas de inteligencia a favor de gobernantes y tantas otras cosas. Ese uso de la policía, se pagaba con ascensos que nada tenían que ver con la capacidad policíaca, con impunidad para que funcionarios policíacos incursionasen en áreas marginales (juego clandestino, prostitución, contravenciones, manejo discrecional en la instrucción de sumarios, etc.) obteniendo rédito por ello. Esta “marginalidad” consentida generó una connivencia de policías con delincuentes, que permitió que sugieran “delitos amparados” como el juego clandestino, trata de personas, venta de artículos robados, lo que en la jerga se llama “delito de guante blanco” o “delito fino”. El avance de la ilegalidad y el progreso en leyes que evitaban el castigo de ciertas conductas y la participación de dirigentes políticos en el amparo de formas de delincuencia fueron desplazando la participación de policías hacia los “delitos duros”, encontrándonos con vinculaciones entre funcionarios policiales y el tráfico de drogas, secuestros, robos, asaltos, atentados terroristas y homicidios.
En el otro extremo de la fuerza policial, los cuadros subalternos, se encuentran mal pagos, mal equipados, mal entrenados y mal considerados por la mayoría de la población, que los asocia con las prácticas antes descriptas y de las que la mayoría no participa. Estos policías son victimas fáciles de una delincuencia que los enfrenta bajo los efectos de la droga y con armas de gran porte, sabiendo que si son heridos y deben ser retirados de la policía, sus pensiones no podrán garantizar la supervivencia digna de sus familias, lo mismo que si son muertos. Si hieren o matan al delincuente enfrentarán sumarios y juicios, que afectarán sus ingresos (ya que mientras dura este proceso, no podrán realizar horas extras o tareas auxiliares que le permiten completar un ingreso digno) y pueden llevarlos a la expulsión de la fuerza o a la cárcel.
Este nuevo Leviatán, aparece entonces como: un cuerpo estructurado militarmente, que destina gran parte de su capacidad a la represión social, a la custodia de intereses privados o particulares; vinculado a sectores del poder oficial que los utilizan para sus propios fines políticos o económicos; con un régimen de promoción que no depende de sus meritos como custodio de la seguridad pública; con cuadros mal pagos, mal equipados, mal preparados y peor dispuestos; con vinculaciones entre algunos funcionarios y criminales; y en un escenario de aumento de la delincuencia por causas socio-económicas.
Si queremos que esta policía cambie, debemos pensar en una nueva policía, en una nueva estructura de la policía, en un nuevo régimen para el personal policial, en una nueva definición del rol de la policía en la sociedad y en un presupuesto acorde a esa nueva fuerza. Una fuerza que no debe dejar de lado a la mayoría de los actuales policías, debe dejar de lado la concepción de la institución como una organización vinculada al poder político, organizada militarmente, cumpliendo roles que no le son propios (custodios de particulares, carceleros, represores de protestas sociales, etc.) y con una acumulación discrecional de poder en distintas áreas de su estructura.
Este problema, en síntesis, requiere de definiciones y acuerdos políticos para refundar la institución policial, pero no a partir de impulsos individuales o espasmódicos, sino en consensos que permitan definir a la seguridad pública como una política de estado, y dentro de ella a la institución policial. Una institución policial que se ha desvirtuado por acción u omisión de una clase política que ha usufructuado de ella hasta convertirla en la “maldita policía”, denominación que gran cantidad de sus cuadros no merecen o al menos no son ni culpables ni partícipes.

El camino del infierno ….

Que artista se perdió el cine, lástima que se dedicó a la política y en lugar de hacernos llorar en la pantalla nos hace llorar de bronca en los noticieros, me refiero al gobernador de la provincia de Buenos Aires el Sr. Scioli, al que vimos mostrarse apenado en el funeral de un policía que había sido asesinado, lo vimos prometer que pondría mano dura contra el delito después de robos y asesinatos, que pondría presos a los menores que delincan después de hechos de agresiones y asesinatos cometidos por menores, etc. etc. etc.
El gobernador prefiere la actuación ante los medios, antes que dar respuesta a los problemas que aquejan a la sociedad, marcada por una exclusión sin precedentes y origen de todos los males; y por la incompetencia de gobernantes que solo pueden ofrecer gestos mediáticos en lugar de soluciones.
Como no hay mejor verdad que la realidad, basta mirar algunas cosas de ella. Según un informe parlamentario, que detalla cómo el gobierno bonaerense subejecutó partidas presupuestarias de programas destinados a los menores en conflicto con la ley penal y a la compra de equipos de seguridad. Según este informe del diputado provincial Ramiro Tagliaferro, el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense gastó sólo el 3% del presupuesto destinado a los 18 centros ambulatorios, que reciben a menores en conflicto con la ley penal y el 9% de lo asignado a 25 centros que alojan chicos, además, sólo destina el 2% de su presupuesto de 47 millones de pesos, para financiar el funcionamiento del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil que controla a esos centros.Del 8% del presupuesto total de la provincia ($2.246 millones), que se asigna el Ministerio de Desarrollo Social Para programas específicos de Niñez y Adolescencia se destina sólo el 12% al presupuesto de esta cartera (275 millones de pesos). La Dirección Provincial de Coordinación del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil recibe el 2% del presupuesto ministerial. Al 31 de agosto, el ítem “Centros de Referencia” muestra una inversión de sólo el 3%, mientras que los centros de Recepción y Derivación evidencian un ejecutado menor al 10 por ciento. En los programas de los Centros de Contención se destina el 19% de los recursos correspondientes a la Dirección Provincial. Tal es la situación de precariedad, que Carlos Lami, presidente del Colegio de Magistrados de la Provincia de Buenos Aires dijo: “En la provincia se habla irónicamente del plan canje, porque se libera a un chico para que ingrese otro que cometió un delito más grave”.
En otra área, el ministerio encabezado por Carlos Stornelli ejecutó, al 31 de agosto sólo el 13,72% del ítem “equipos de seguridad”, que incluye los chalecos y el armamento de los uniformados. La cartera de seguridad cuenta con una asignación presupuestaria equivalentes al 6% del presupuesto total de la provincia. De esta cifra, el 81% se destina a sueldos del personal y el 8% a la compra de bienes de uso. Se afectó, a la fecha del informe, el 70% del presupuesto, del cual, sólo el 5% correspondió a Obras. En Planificación y Operación de la Seguridad Provincial, se gastaron 19 mil pesos, de los $27 millones presupuestados. En Investigaciones e Inteligencia Criminal no se ejecutó ni un solo peso; y en Comunicaciones, sólo el 0,29% de un total de $2,8 millones de pesos.
En resumen solo el 14% del presupuesto de Seguridad se ha ejecutado, un presupuesto, que a valores comparativos con presupuestos anteriores es un 2% menor que en el año 2005 (donde alcanzó un 10% del presupuesto total). En ese contexto hay dos hechos que son representativos de la incapacidad de la gestión gubernamental: para 112 menores institucionalizados hay una sola psicóloga y desde distintas ONG que alojan a los chicos, se denuncia la falta pago por parte del ministerio.
En este contexto el gobernador habla con la policía diciéndoles que son héroes, pero esos policías suelen trabajar mas de 14 horas por día, para alcanzar un salario justo (las que le impone su función mas las horas extraordinarias en distintas formas y modalidades), carece de equipamiento (y no porque no haya presupuesto, sino por que no se lo ejecuta), carece de entrenamiento (si se le agrega mas carga horaria la mayoría del personal caerá victima de agotamiento) y debe cumplir funciones que no son las que debe cumplir un policía (carcelero de detenidos en comisarías, custodia de funcionarios, represor de protestas sociales, entre otras).
Ese mismo gobernador que se muestra compungido ante los deudos de un policía caído en cumplimiento del deber, no arbitró los medios para que ese policía estuviera en las condiciones físicas adecuadas (descansado y entrenado), anímicas (con buena retribución y con la satisfacción de cumplir el rol que aspiró al ingresar a la policía) y con los medios adecuados (equipamiento y logística). Ese gobernador que propone cárcel para los menores y no atiende las necesidades de quienes ya están institucionalizados, negándoles toda posibilidad de recuperación y reinserción social; y cuyo destino final será una cárcel, en donde se convertirán en consumados delincuentes.
Un viejo profesor mío, sacerdote salesiano, decía: “el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones”, el gobernador habla de buenas intenciones, pero nos arrastra al infierno a todos los bonaerenses.

Otra de Michael Moore

Miedo a los Blancos. por Michael Moore
No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.
La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.
Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro “Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día”!
No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.
¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de ‘NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. “El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro…EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO…”. No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?
Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como “carne” en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo “horripilante” que había sido ver a ese “pobre conejito” golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de “Para mayores de 18 años” en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: “No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas”. Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.
Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como “crimen”. Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a “todos los cerdos” de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.
Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con “Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo.”? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash (“Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks (“Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen (“Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? “Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas” (Wu-Tang Clan), “Gente, usad vuestros cerebros para ganar” (Ice Cube), “Una madre soltera viviendo de la beneficiencia…dime cómo lo hiciste” (Tupac Shakur), “Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador” (Master P).
Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.
Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.
Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.
¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: – Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. – Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto – Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas – Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.
Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir “Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos”. Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la “antigüedad”.
Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a “mi amigo -que es negro-…”. Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir “Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color”.
Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.
No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es “hace mucho tiempo”. En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.